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Caramelos hoy, adicción mañana

* ¿Quién los hizo? ¿Quién permitió su entrada a Nicaragua? ¿Por qué los venden a los niños? * Psiquiatra señala a tabacaleras, que estarían reclutando desde ya a su futura clientela

La sonrisa traviesa y la luz que brilla en sus ojos mientras juega rayuela lo hacen ver como lo que es: un niño. Cuando el cansancio lo vence, se sienta y saca sus dulces, unos palillos blancos insípidos del mismo tamaño que los cigarrillos, cuya envoltura es bastante similar a la de una cajetilla con una marca específica, también de cigarros.
Tranquilo, ya con el dulce en los labios, como cualquier muchacho adicto a la nicotina que alardea de fumar, el pequeño me ofrece uno. “Tome, que no son cigarros”, advierte contrariando sus ocho años, y luego cuenta el conjunto de “cigarros ficticios” para no estar desprevenido ante los demás niños.
Como él, todos lo pequeños ignoran las consecuencias de lo que a las “mentes brillantes” que, bajo argumentos aún sin aclarar, se les ha ocurrido inventar. Estos dulces, con forma, caja y figuras parecidas, sino iguales, a una marca de cigarrillos, tienen ya su público y función muy bien definida: inducir a que la niñez fume.
La psiquiatra Gioconda Cajina explica que cuando los pequeños experimentan estas nuevas sensaciones, el deseo de fumar en su vida adulta o adolescente se despierta inmediatamente. “Los niños sienten emoción de tener una cajetilla como la que tienen sus padres.
En su vida adulta, aunque sepan que es dañino para la salud, su sistema emocional no les permitirá evitar fumar”
El momento mientras fuman, dice Cajina, va asociado a su vida social, íntimamente ligada al juego, a la comida y a la sensación de pertenencia: “Todos fuman, entonces yo tengo que ser como todos”.
Cuando estos niños lleguen a la edad adulta, aun sabiendo los perjuicios que fumar causa a la salud, “sus emociones los empujarán, porque así se parecen a su papá, a su artista favorito o a algún personaje”. Las asociaciones con los cigarrillos serán positivas.
La legislación nicaragüense no establece nada referido a este tópico. Sólo el artículo 67 del Código de la Niñez y Adolescencia toca ligeramente este asunto, pues prohíbe a las agencias de publicidad y propietarios de medios y a sus trabajadores difundir mensajes publicitarios de tipo comercial, político o de otra índole que utilicen a las niñas, niños y adolescentes, a través de cualquier medio de comunicación social, que incite al uso de drogas, tabaco, etc.

Industrias tabacaleras en el centro
Según Cajina, “los monstruos de la industria tabacalera” están metidos en la producción de estos dulces con el propósito de asegurar a un potencial cliente.
Para los niños es una fantasía fumar, sostiene la psiquiatra. Una fantasía que muy probablemente llevarán a la realidad.
En Estados Unidos, la industria tabacalera ha perdido juicios importantes por, entre otras cosas, agregar nicotina extra al tabaco natural.
Las empresas publicitarias han sido criticadas por dirigir su publicidad a la niñez y adolescencia, algo que con el Convenio Marco para la prevención de Tabaco impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) quedaría prohibido.
Según este convenio, firmado por el gobierno de Nicaragua y que aún no ha sido ratificado por la Asamblea Nacional, se debe prohibir la publicidad, la promoción y el patrocinio del consumo de tabaco.
Los niños deberán ser informados exhaustivamente de los daños ocasionados por fumar, además de impulsar campañas de promoción antitabaco en la televisión, sobre todo en programas infantiles.
Medio mundo de fumadores
Cada año el tabaco mata a casi 5 millones de personas, un porcentaje ínfimo si se toma en cuenta que existen en el mundo más de 1,100 millones de fumadores, según la OMS, y la mayoría de la población fumadora tiene edades entre 30 y 49 años.
Estos cinco millones de personas que mueren, en su mayoría sufren de cáncer, una enfermedad dolorosa y progresiva que consiste en la “desordenada y descontrolada proliferación de las células de un tejido que invaden, desplazan y destruyen, localmente y a distancia, otros tejidos sanos del organismo”, según explica Wikipedia, una enciclopedia en internet.
Los dulces insípidos que los niños degustan ahora son la antesala de la nicotina que inhalarán mañana.
Al parecer, Camel, la marca de cigarrillos que más explota la inocencia de los pequeños, es la que pelea por ganar esta batalla entre la salud y la inducción al vicio.