Nacional

Cardenal debe explicar

**Opiniones desde la ley y desde la religión demandan que Obando aclare por qué es bueno lo que satanizó en los 80 **Un cargo para la paz cuando ya no hay guerra, y una jerarquía eclesiástica que parece no existir ** ¿Y el laicismo constitucional? Esa pregunta debe responderla el presidente Ortega, dicen entrevistados por END

La propuesta del presidente de la República, Daniel Ortega Saavedra, al cardenal Miguel Obando y Bravo para presidir el recién creado Consejo Nacional de Reconciliación y Paz y la posibilidad de que el alto prelado acepte, ameritan una explicación al pueblo de parte de ambas personalidades, opinaron especialistas en derecho y en teología.
La creación del Consejo Nacional de Reconciliación y Paz se enmarca dentro de los Consejos creados por Ortega, los cuales coordina se esposa, la primera dama Rosario Murillo, desde el Consejo de Comunicación y Ciudadanía.
Obando y Bravo confirmó a ACAN –EFE que estudia la posibilidad de aceptar el cargo de coordinador del Consejo de la Reconciliación Nacional que le ha ofrecido el presidente Ortega.
Según informó el propio Obando, la propuesta se la hizo el mandatario nicaragüense durante una visita en la Universidad Católica (Unica), donde el prelado es rector. Sólo falta conocer algunos detalles sobre las funciones del Consejo, que supondrían labores de mediación en casos de conflictos, para tomar una decisión, dijo el prelado.
“Es justo”, dice Alemán
El ex presidente Arnoldo Alemán, quien pese a una condena de 20 años de prisión goza de libertad, considera correcta la decisión de Ortega de pedirle a Obando y Bravo que coordine el Consejo. “Yo creo que es justo que una persona como él participe en este proceso hermosísimo”, expresó Alemán, luego de salir de un programa radial.
El Consejo Nacional de Reconciliación y Paz creado mediante el decreto número 8-2007, publicado en La Gaceta del 30 de enero de este año, tendría entre sus principales funciones velar por las víctimas de la violencia y los conflictos armados.
El presidente de la República nombrará a todos los miembros del Consejo, el que será presidido por un designado del gobernante y que contará con un representante del Movimiento Resistencia Democrática Nicaragüense, otro del Partido Resistencia Nicaragüense, de la Asociación de Militares en Retiro y del Consejo Nacional de Oficiales en Retiro.
Además de las organizaciones antes mencionadas, el Consejo estará integrado por un representante de la Organización Madres Unidas y Huérfanos de la Resistencia Nicaragüense; la Organización de Madres Lidia y Camilo Ortega Saavedra, y de las “asociaciones y movimientos de paz y reconciliación”.
Este consejo deberá formular políticas, planes y programas “que coadyuven a la paz, reconciliación y unidad nacional”, los cuales deberán ser aprobados por la Asamblea Nacional, pues fue creado con el objetivo de “lograr una paz firme y duradera, y la plena reconciliación y unidad de toda la familia nicaragüense”.
El cardenal recordó que durante la década de los años 80 ya fue presidente de la Comisión de Reconciliación, cuando el gobierno sandinista libraba una guerra civil con los campesinos que integraban la “Contra” antisandinista, apoyada por Estados Unidos.
Las antiguas satanizaciones de Obando
La teóloga Michelle Najlis considera que la participación de un sacerdote en asuntos de Estado no puede verse en términos absolutos, y recordó que durante la década de los 80 hubo tres sacerdotes ministros satanizados por Obando, quien pidió que los excluyeran, aunque él estaba en una situación politizada que lo llevó a Estados Unidos.
Para Najlis, desde el punto de vista religioso, hay que ver las intenciones; si es un servicio al pueblo o resultado de intereses turbios que se conjugan. Recordó que en los 80 la jerarquía católica, presidida por Obando, pudo hacer un aporte a la revolución desde el Evangelio y no desde los intereses de los gringos.
“Eso no es deseo de servir al pueblo, el Cardenal no abogó por justicia en el caso Alemán. No se ve una acción de servicio al pueblo, sino un pacto corrupto. Una traición al pueblo, al Evangelio, porque es poner el Evangelio al servicio de la política, con los intereses políticos”, reflexionó la teóloga.
Aquí lo que hay es un contubernio entre la Iglesia y el Estado. Por un lado, el Presidente y la Primera Dama hablan de austeridad, y le llevan una alfombra persa. La comunidad cristiana debería pegar el grito al cielo y no dejar en manos de la jerarquía los asuntos eclesiales, opinó.
Deben explicar, dice jurista
El jurista Sergio García Quintero dijo que por su formación liberal, no le sorprende ni le molesta que un sacerdote, un monje o un pastor, forme parte del gobierno, siempre que exista el compromiso de no mezclar su credo religioso con la cuestión oficial.
En este caso, considera que para proceder a un nombramiento de esa categoría debería haber un gobernante que explique a la ciudadanía que sin importarle credo religioso y dentro del laicismo, piedra angular de la Constitución Política, se hace el nombramiento del ciudadano Miguel Obando en determinado cargo.
El Cardenal también estaría en la obligación de explicar a la ciudadanía cómo concilia su posición al asumir un cargo como éste, en contravención a una norma dictada por el Vaticano, hace más de dos décadas, prohibiendo que los sacerdotes ocuparan cargos públicos, dijo García.
“Nicaragua está pasando una situación confusa y la ciudadanía merece una explicación, no sólo del Presidente de la República, sino también de Obando, desde el día de la toma de posesión, cuando un reo condenado a 20 años de prisión, por robo al pueblo, aparece alternando con personas ilustres que se vieron obligadas a darle la mano”, afirmó.
“La corrupción no es sólo con objetos contables, y la Iglesia tampoco dio explicación, y en este momento da la impresión que no hay Conferencia Episcopal ni arzobispo de Nicaragua, y que el hombre fuerte de la Iglesia sigue siendo el cardenal Obando, ahora al servicio y subordinado al Presidente de la Republica”, agregó.
¿Y el Estado laico?
El abogado constitucionalista Gabriel Álvarez opinó que la creación de un consejo de esa naturaleza debe respetar el principio constitucional que establece que el Estado es laico.
Álvarez cree que, aunque el Cardenal ha demostrado capacidad para reconciliarse con viejos adversarios, su férrea parcialización partidaria le impide ser un verdadero eje de aglutinamiento.
Además, Álvarez no ve la necesidad de crear un Consejo de Reconciliación y Paz, porque la guerra desapareció hace mucho tiempo, y en todo caso, si hay personas que desean reconciliación, porque aún se sienten en lucha, el Cardenal puede ser de mucha ayuda espiritual, pero eso está muy lejos de una prioridad del Estado.
Tratamos de conocer la opinión de alguno de los miembros de la Conferencia Episcopal, pero no fue posible.