Nacional

Un viaje hacia atrás en las ramas del árbol genealógico

* Novedoso proyecto apoyado por los mormones se realiza en archivos municipales y parroquiales de varios pueblos * Academia Nicaragüense de Genealogía pone a disposición su membresía e invita a sus reuniones mensuales en la UCA

María Haydée Brenes

Angelina García, a quien jamás conocí, era el nombre de mi abuela paterna. Mi padre, quien es el penúltimo de sus hijos, ahora tiene 85 años. Mi abuela murió hace cincuenta años, y aparte de las anécdotas familiares, la única referencia con la que cuento es un supuesto parecido físico que mis tías siempre dijeron que tengo a ella.
No poseo fotos de mi abuela, tal vez porque eran demasiado caras en ese tiempo. Tampoco conocí a su esposo, mi abuelo Felipe Brenes, quien la precedió en el viaje a la eternidad. No sé cuándo nacieron, cómo fueron sus vidas, ni quiénes eran sus parientes coetáneos ni antepasados.
Mi situación con respecto a mis abuelos no es algo extraño en Nicaragua, ya que en este país existe un enorme vacío en cuanto a la genealogía de cada familia. Siempre que se hace referencia al pasado es para traer a colación guerras, historias y pactos, pero no la propia familia, aun cuando algunos de sus miembros hubiesen ingresado con amor patriótico a los batallones que expulsaron al filibustero William Walker.
A lo mejor algunos otros asistieron a la primera universidad o fueron los primeros ebanistas y carpinteros que confeccionaron los asientos “pata de gallina” para los pobres, ya que los muebles de los ricos, por lo general, eran importados de Europa o Sudamérica.
Elaboran base de datos
Pero al parecer, esta situación cambiará en al menos diez años, cuando usted, yo y todo aquel nicaragüense que desee conocer quiénes fueron sus antepasados, pueda acceder a una base de datos en la que arduamente trabaja la Academia Nicaragüense de Ciencias Genealógicas desde el año pasado, tras suscribir un convenio con la Sociedad Genealógica de Utah (SGU), por medio del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica de la Universidad Centroamericana, con el apoyo de las municipalidades del país.
De acuerdo con una de las fundadoras de la Academia, la señora María del Socorro Leiva Urcuyo, la inquietud de muchos estudiosos de la genealogía del país era la carencia de una buena base de datos que permitiera ir más allá de los años mil ochocientos, así como las condiciones inapropiadas de los archivos existentes en ciudades coloniales como León y Granada, pues estaban casi destruidos y hasta entonces sin esperanzas de conservación o resguardo.
“Observar las condiciones en que estaban los archivos nos llevó a la conclusión de que todos esos documentos debían ser digitalizados si pretendíamos que las futuras generaciones y nosotros mismos conociéramos sobre nuestros antepasados. Fue gracias a ese interés que contactamos a personas de otros países de Centroamérica, donde desde hace casi veinte años existen estos archivos digitalizados, y ellos nos ayudaron para acercarnos a la SGU, que es la iglesia conocida como Mormona, la cual posee el archivo genealógico más grande del mundo”, dijo la señora Leiva Urcuyo.
Más de treinta años
Al ponerse en contacto con la SGU, los miembros de la Academia se enteraron de que esta sociedad desde hace treinta años había mostrado interés en la conservación y digitalización de los archivos, pero nadie les había abierto las puertas en Nicaragua.
Por ahora, la prioridad de la Academia Nicaragüense de Ciencias Genealógicas son los registros civiles que se encuentran en las municipalidades, por lo cual se trabaja con diez de ellas, y paralelo a este esfuerzo, se trabaja en los registros eclesiásticos de Granada, donde se han encontrado documentos que datan de 1740.
También, manifestó la señora Betty Castro Torres, se han encontrado registros parroquiales que datan de 1811 en la Isla de Ometepe, y otros de 1740 en Nandaime. En la Alcaldía de Managua hasta la fecha se ha digitalizado todo el material de archivo desde 1779 hasta 1987; en Somotillo ya concluyó la digitalización, y ahora se está trabajando en el registro eclesiástico, que permitirá conocer los parentescos a partir de las bodas y bautizos.
“Este proyecto de digitalización sin duda inició en un momento oportuno, y esto es algo hermoso, porque se estaba perdiendo la historia de nuestros tatarabuelos. Continuaremos trabajando en la municipalidad de Cinco Pinos y otras municipalidades del norte de Chinandega, así como en Managua, León, Granada y las demás municipalidades del país. Después de esa digitalización comenzaremos el trabajo de establecer las genealogías de las primeras familias”, destacó Castro Torres.
Encuentro personal
También la señora Castro Torres señala que conocer la historia de nuestros antepasados llena de placer, y en el proceso surgen curiosas coincidencias como la que descubrió cuando encontró la partida de nacimiento de una tía, hermana de su tatarabuela, que nació el 26 de septiembre de 1868, cien años antes que su hijo mayor.
“En mi caso fue emocionante, es un encuentro personal, yo me encontré con las partidas de nacimiento de mis bisabuelos, que datan de 1868. Esto me ayudó a conocer a mis propios ancestros, y me siento más cerca de mis antepasados. Sé quiénes son, conozco sus nombres, fueron alguien, existieron, y nosotros somos su descendencia”, declara la señora Castro Torres.
Pero la genealogía no sólo permite que conozcamos más de la vida de nuestros antepasados, sino que en la actualidad, gracias a los estudios de genética, podrían definirse algunos padecimientos hereditarios y tratar de minimizar el daño, así como también buscar compatibilidades de órganos para salvar vidas.
Digitalizando
Por su parte, el señor Noel Vargas explicó que el proceso de digitalización es sencillo. Se toma una imagen del documento con una cámara de calidad, y posterior a eso se utiliza el software de una computadora que captura lo que está manuscrito y lo convierte en un archivo por medio del cual es muy fácil la consulta.
“La intención es que toda la información contenida en los registros de las personas forme parte del archivo de discos duros. Una vez que tengamos toda esa información será muy fácil rastrear a nuestros antepasados y a sus parientes, que al final son los nuestros”, destacó el señor Vargas.
Para concluir, la señora Leiva Urcuyo señaló que posterior a la digitalización, podrán definirse las primeras familias hispanas que habitaron Nicaragua, de las cuales casi todos los nicaragüenses descendemos.
“El hecho de encontrar raíces comunes con los amigos, vecinos y los que andan en la calle, ayuda a enriquecer y a hermanar a la sociedad, porque al final, todos somos y pertenecemos a una gran familia”, concluyó.

Las puertas están abiertas
Este proyecto en el cual se encuentra enfrascada la Academia Nicaragüense de Ciencias Genealógicas es muy grande, y por ello, las puertas están abiertas para quienes deseen colaborar.
Si usted desea ser miembro, debe llenar una solicitud, en la cual, además de su nombre y apellidos, debe incluir estudios de historia si los tiene. Las reuniones se realizan en el auditorio “Augusto C. Sandino”, del IHNCA, ubicado en la Universidad Centroamericana (UCA), los últimos jueves de cada mes, a las cinco y treinta de la tarde.
Los miembros de la Academia dan una cuota de cuarenta dólares anuales. Próximamente se formará el grupo de Amigos de la Academia, donde también puede participar si está interesado.