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Occidente contaminado “pega” a todo el país

* Estudios del CIRA-UNAN son anonadantes, y el daño de los agroquímicos del algodón y el banano lo vamos a pagar por siglos * El intercambio de productos alimenticios de Occidente con el resto del país riega en mayor o menor grado la contaminación * Las deformaciones y esterilizaciones del Nemagón, las muertes masivas por fallas renales, no son más que la punta del iceberg, dicen los científicos

María Haydée Brenes

Si a los habitantes de Nicaragua nos salieran manchas de colores de acuerdo con la cantidad de residuos de plaguicidas que tenemos en el cuerpo, todos formaríamos un enorme arco iris. Algunos poseeríamos colores más intensos que otros, pero todos tendríamos algún color, dependiendo de qué tan lejos o cerca de Occidente crecimos, y cuántos alimentos de la zona hemos consumido en nuestras vidas.
Esto gracias a la gran cantidad de plaguicidas utilizados en el cultivo extensivo de algodón y banano en la zona de Occidente del país, que provocó que las aguas subterráneas, los pozos, los animales, los estuarios o esteros, junto a todos los moluscos que los habitan, estén contaminados.
De acuerdo con el director del Centro de Investigaciones de los Recursos Acuáticos (CIRA- UNAN), todos en Nicaragua, aunque hayamos crecido en zonas alejadas de Occidente y su manto de plaguicidas, tenemos residuos en nuestro cuerpo, los cuales en dependencia de la cantidad, ocasionan daños al organismo.
“El problema de los agroquímicos, sobre todo de los utilizados en el cultivo del algodón --que es un cultivo que en Nicaragua ya no es importante económicamente, pero cuya deuda ambiental y social está aún latente--, es que logró una transformación tan seria que sigue siendo un peligro, ya no bajo el nombre de DDT, por ejemplo, sino que se descompuso en sustancias aún más tóxicas que permanecen y permanecerán por al menos cinco siglos en compuestos conocidos como DDP y DDE, que son altamente afines a los tejidos biológicos”, señaló Montenegro.
El especialista señaló que en diversos estudios realizados por el CIRA se han encontrado residuos de organismos monoclorados (DDT, Toxafeno) en la leche materna, sangre, grasa, placentas e incluso en cordones umbilicales humanos.

Menor profundidad, más daño
El que se estén dando casos que dan visos de intoxicaciones crónicas en las comunidades de El Tololar y La Peineta, que pertenecen al departamento de León, se debe, según el doctor Montenegro, a la proximidad de los pozos con la superficie de la tierra, que está impregnada de plaguicidas degradados.
“La gente excava pozos someros de quince a veinte metros con picos y palas, por regla general éstos son los que están más contaminados, porque el suelo es como una esponja donde los plaguicidas se infiltran poco a poco a las plantas, animales, agua, y vía ingesta a los seres humanos”, dijo Montenegro.
Occidente, continuó Montenegro, tiene el problema de agua más serio del país por la contaminación, pero también hay otras sorpresas como la presencia de organismos patógenos presentes en el agua, como chigela y salmonela, los cuales deben ser diferenciados.
“En el caso de intoxicación crónica, se presume con más de mil personas que han muerto victimas del Nemagón --no puede ser categórico--, de que el vehículo ha sido la ingesta, no sólo el contacto directo”, comentó.

Sin control
Los alimentos y productos que se consumen a lo interno del país no tienen ningún control, por tanto todos, en determinado momento, hemos consumido carnes, huevos y granos intoxicados con plaguicidas.
Hace 15 años, expresó Montenegro, comparamos el contenido de residuos órgano-clorados en la sangre para un grupo de hombres de Chinandega, Managua y Chontales, el resultado fue que todos sin excepción tenían residuos, los de Occidente más que los demás, razón por la cual hay sobrados motivos de preocupación.
“En los laboratorios comerciales no se hacen estos análisis sobre permanencia de pesticidas en el cuerpo, pero debieran hacerse no sólo en los humanos sino en los alimentos que consumimos, aquí la carne que se analiza es la que se exporta, pero lo que nosotros consumimos no está bajo vigilancia, la carne que no se exporta por no cumplir los estándares internacionales tiene residuos de plaguicidas presentes, y esa es la de consumo nacional, y nadie vigila esa situación. No quiero pecar de dramático, esto es algo que debe verse con mucha responsabilidad y de manera integral, porque está causando daño y degradación”, enfatizó Montenegro.

Estudio a conciencia
El doctor Montenegro recomendó que en el Occidente del país se realicen estudios concienzudos para determinar la utilización de los suelos, si se piensa en una reactivación económica que tenga como base la agricultura.
“No podemos ir tras una quimera económica, no podemos basarnos en lo que dice el mercado internacional, pues los cultivos deben estudiarse. No vaya a ser que decidamos cultivar melones orgánicos porque van a tener buen mercado con el TLC, y al irlos a entregar nos los devuelvan porque tienen presencia de DDE, y para que no se pierdan nos los vendan a los nicaragüenses; hay que estudiar bien el fin que se les dará a estos suelos, porque algo seguro hay, y es que estamos sentados en un manto de plaguicidas”, concluyó Montenegro.

Efectos en el largo plazo
La intoxicación crónica es paulatina y sus efectos sólo son evidentes en el largo plazo, los efectos más conocidos son tres:
* El efecto carcinogénico, mayor incidencia de cáncer. En Nicaragua, investigadores del Hospital Monte Sinaí, por medio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), encontraron que una de las causas de mayor mortalidad femenina en el Occidente del país es el cáncer de cuello uterino, relacionado con la presencia de residuos de DDT en la grasa humana, sangre, etc.
* El efecto teratogénico, que tiene que ver con malformaciones congénitas. Hay muchos casos como los del Nemagón, donde los niños presentan retrasos mentales agudos, así como casos de anancefalia (niños que nacen sin cerebro).
* El efecto mutagénico, que son transformaciones que llegan a afectar el ADN, ocasionando mutaciones.
* Otro efecto que aún está siendo estudiado es el de la necrosis de tejido, que se manifiesta en la muerte de células en los órganos, dando como efecto enfermedades como la Insuficiencia Renal Crónica, cuyas tasas más altas de pacientes están en el Occidente del país.