Nacional

Enfoque


Danilo Aguirre

Combate a corrupción solamente mediática

No hay duda que las acciones del gobierno del ingeniero Enrique Bolaños contra la corrupción se vieron debilitadas y en algunos casos hasta desprestigiadas por causas generadas en el propio desempeño presidencial.
La protección a algunos funcionarios del Ejecutivo frente a graves señalamientos que se le hacían, la tendencia hacia el nepotismo y el pésimo manejo sobre la participación del propio Bolaños, algunos de sus ministros y miembros de su Comité Electoral en los sobresueldos y desvíos para la campaña del PLC que Alemán confiesa y se da el lujo de pregonar como parte de lo que salía fraudulentamente del Presupuesto, han llevado las cosas al extremo que hasta se habla sin ningún rubor por parte de los implicados en el mayor saqueo al erario nicaragüense, de sentar en el banquillo al ex presidente de Nicaragua.
Sin embargo, las razones fundamentales para que los procesos contra la corrupción se tornaran en una soberana burla para el pueblo nicaragüense, han sido en realidad otras distintas a las ya expuestas.
La Contraloría, por ejemplo, además de ser desnaturalizada con una dirección colegiada repartida entre los dos partidos mayoritarios de entonces, fue neutralizada con un candado más por la reforma en el gobierno Alemán que concede un mes de plazo para que cualquier funcionario encontrado con responsabilidades civiles, administrativas o presunciones penales, pudiera ampararse ante los Tribunales de Apelación.
Para exaltar más la apología del delito, una Sala de la Corte Suprema aceptó uno de esos amparos contra un funcionario del gobierno de Alemán, y ratificó de esa manera la paralización de la acción penal con un recurso administrativo, aberración que nos hizo retroceder a los tiempos de Juan Sin Tierra.
Por su parte, la Fiscalía se pronunció por no iniciar ninguna acción sobre delitos peculiares a los funcionarios públicos si no mediaba una resolución en contra de estos últimos, de la Contraloría General de la República.
Todo quedó, pues, en un círculo viciado, y por si algo faltara para cerrar completamente la posibilidad de procesar a alguien por corrupción, un Tribunal de Apelaciones mandó a parar la acción de un juez ante quien había interpuesto la Procuraduría acusaciones por graves delitos de los conocidos como la “Guaca Dos”.
La resolución de ese Tribunal destruyó todos los cimientos de la legislación penal en Nicaragua, pues ahora, cualquiera que es acusado directamente ante un juez, en lugar de exponer sus alegatos ante el judicial y esperar su resolución para apelar si le fueran adversos, escogerá más fácilmente mandar a detener el juicio con un amparo ante el Tribunal de marras.
Escribimos esto a propósito de que mientras ya prescriben y se olvidan los más añejos y sonados escándalos de corrupción del pasado mediato, comienzan a aflorar los del presente inmediato y mucho tememos que se limitarán a continuar dando vueltas en el viejo carrusel mediático.