Nacional

Ahmadinejad aclamado en barrios pobres

* Una multitud que no se aprendió el nombre del líder del país islámico prefirió decirle “Mahmud” * Restricciones a periodistas en el Rezo del Mediodía impidió conocer un momento trascendental para el visitante

Carlos Salinas

Las calles de los barrios del sur de Managua fueron ayer “tomadas” por centenares de simpatizantes que salieron para saludar la caravana de lujosos carros que transportaba al presidente iraní Mahmud Ahmadinejad. Gente humilde, curiosa, que dejó su rutina de pobreza para saludar al mandatario con vivas, portando fotografías de él o pancartas con mensajes de “bienvenido”.
Ayer estos barrios se convirtieron en la sede de la diplomacia nicaragüense. Una sede polvosa, desordenada, de casas de tablas con niños descalzos, jóvenes en pantalones cortos, y amas de casa que interrumpieron sus quehaceres para echar un vistazo al desorden creado por esta caravana, encabezada por el Mercedes Benz conducido por el presidente Daniel Ortega y en el que también viajaba Ahmadinejad.
La caravana avanzó por toda la capital, zigzagueante, sin detenerse siquiera por el accidente registrado minutos antes en el sector de Metrocentro, donde una joven de las que vende agua en bolsas fue atropellada y quedó tirada, sangrando, a un lado de la avenida.

Banderas y símbolos
Managua volvía a convertirse en una ciudad resguardada, como en estado de sitio, con policías desplegados a lo largo de las principales avenidas capitalinas, que detenían el tráfico y hacían enfurecer a los conductores. Mientras el río de vehículos se acercaba a los barrios del sur, comenzaban a sobresalir en las avenidas las banderas rojinegras y rosadas, símbolos viejos y nuevos del FSLN.
“Viva Irán, viva Irán”, gritaba una mujer que cargaba una de estas banderas, mientras bailaba al son de la música de protesta que salía de los parlantes puestos en las afueras de las casas: “La tumba del guerrillero dónde, dónde, dónde está…”, tronaba la música.
La caravana se detuvo en el barrio “Enrique Lorente”, donde los vecinos se trasladaron hasta las cercanías de la tarima en la que estarían Ortega y Ahmadinejad. El mandatario iraní aguantó olímpicamente las dos horas del acto, enfundado en su saco gris, mientras que su homólogo iba en mangas de camisa, blanca, como ya es tradicional en él. Rosario Murillo, la primera dama, también vestida de blanco, hacía la señal del dos de tanto en tanto a la gente que presenciaba el acto.
“Estamos de acuerdo conque vengan a los barrios, que vengan a ayudarnos”, dijo Reina Chévez, una menuda mujer de 60 años, quien se presentó como una militante sandinista “hasta la muerte”. Con una gorra del FSLN calada hasta la frente y sosteniendo una fotografía de Ahmadinejad, Chévez coreaba los vivas que salían de la multitud.
“Está muy bien que vengan, creo que ahora sí vamos a progresar, siento que Daniel ahora nos va a gobernar mejor”, dijo por su parte Martha Estrada, otra participante en la actividad.

El impronunciable apellido
El acto inició con las palabras de Ortega, quien se aprovechó de lo impronunciable del nombre del mandatario iraní, para incitar a la multitud. “Aquí todos ustedes son el Presidente. Aquí estamos Mahmud, Daniel y el pueblo.” “Así le vamos a decir, ‘Mahmud’, porque su apellido es más difícil”, dijo Ortega, quien gritó el nombre del mandatario iraní e hizo que la gente lo repitiera varias veces. “¿Cómo le vamos a decir?” “¡Mahmud! ¡Mahmud!”, respondían en coro.
A las palabras de Ortega le siguió un breve discurso hecho por la profesora Eveling Aguirre, quien dio la bienvenida al presidente iraní y lanzó una frase que bien puede definir el sentir de los que le dieron el triunfo a Ortega en las elecciones del 5 de noviembre pasado: “Soy parte del pueblo, al igual que millones de nicaragüenses que están atentos a los pasos del Gobierno encabezado por Daniel Ortega”, dijo.
Y como era costumbre de repartir condecoraciones en las administraciones que antecedieron a la de Ortega estos últimos 16 años, el mandatario otorgó a su homólogo iraní la Orden Augusto C. Sandino en el máximo grado de “Batalla San Jacinto”. Una vez impuesto el honor, los gritos volvieron, esta vez con el tradicional: “El pueblo, unido, jamás será vencido”, acompañado con el “vivan los asentamientos”, coreado por varios participantes.
Un acto folclórico antecedió al discurso de Ahmadinejad. Isabel Maltez, de tres años, bailó vestida de india el “Solar de Monimbó”, despertando el interés del mandatario iraní, que pidió la llevaran hasta él. Besos, abrazos, saludos a las cámaras y un regalo depositado en la mano de la niña por parte de Ahmadinejad fue la escena que arrancó más gritos y aplausos del público.
“Día inolvidable”
Y una vez cautivado el público, entregado totalmente a este gesto, Ahmadinejad supo mantener su recién ganada popularidad. “Éste es un día inolvidable en mi vida, de eso estén seguros”, afirmó para rematar llamado a Ortega “símbolo de la independencia”.
“Que el mundo entero sepa que ambos pueblos estarán juntos y llegarán al progreso que se merecen”, dijo. “Ésta es la esperanza de muerte a todos los opresores y del imperialismo mundial”, agregó. “Irán, Nicaragua y Venezuela y otros países revolucionarios estamos juntos, y vamos a resistir juntos. Estén seguros de que el triunfo es nuestro”, afirmó el mandatario islámico, seguido por un tronar de aplausos.
“¿Cómo se llama?”, preguntó de nuevo Ortega. “¡Mahmud! ¡Mahmud!”, gritó, excitada, la multitud.
Después de este acto “popular”, el mandatario iraní se trasladó hasta la sede de la Asociación Cultural Nicaragüense Islámica, donde se reuniría con representantes de la comunidad islámica en el país para realizar junto a ellos los rezos del mediodía. Una reunión a la que los medios de comunicación no tuvieron acceso.
El último punto de la apretada agenda del mandatario, que comenzó a eso de las ocho de la mañana, según el programa oficial presentado por la Presidencia, concluyó con una conferencia de prensa a eso de las 5 de la tarde en Casa Presidencial “Olof Palme”, donde firmó una serie de acuerdos de cooperación con el presidente Ortega.
“Estoy muy satisfecho y alegre, y doy gracias a Dios por haber tenido esta oportunidad de visitar Nicaragua”, se despidió Ahmadinejad, quien invitó al mandatario y a su esposa a visitar Irán, para “continuar fortaleciendo los lazos de amistad” entre ambas naciones.
Ahmadinejad fue despedido con honores de Estado en la Plaza de los No Alineados “Omar Torrijos”, ante el gabinete, cuerpo diplomático y diputados. Las notas de los himnos nacionales de Irán y Nicaragua marcaron el final de la visita del mandatario, quien viajó ayer por la noche rumbo a Ecuador para asistir a la investidura del presidente electo Rafael Correa.