Nacional

Resurgimiento de Daniel Ortega

Entre los cambios operados por Daniel Ortega quizá el más simbólico es su reconciliación con la cabeza visible de la poderosa Iglesia católica.

En los 17 años que permaneció en la oposición, Daniel Ortega nunca cejó en su empeño de volver a dirigir los destinos de país, cual hijo pródigo. Este miércoles, con un mensaje de paz, amor y reconciliación, el ex guerrillero sandinista recupera la silla presidencial, de la que lo echaron las urnas en 1990.
En los dos meses transcurridos desde su victoria en las urnas, el nuevo presidente se ha esforzado por tranquilizar a Estados Unidos, a inversores y empresarios nacionales y extranjeros, y a la población que no lo votó, para que crean en el cambio pregonado en su campaña electoral y en su mensaje bíblico de reconciliación.
Ortega prometió que no realizará "cambios radicales" en la política económica de corte neoliberal de gobiernos anteriores. Aunque sí la dotará de rostro humano, el del 70% de los 5,4 millones de nicaragüenses que viven en la pobreza.
Entre los cambios operados por este ex guerrillero marxista, de 61 años, que dejó el uniforme verde olivo por unas impolutas camisas blancas de cuello chino, quizá el más simbólico es su reconciliación con la cabeza visible de la poderosa Iglesia católica nicaragüense: el cardenal Miguel Obando, que en otros intentos de llegar al poder se convirtió en su verdugo.
Monseñor Obando, que en septiembre de 2005 sacralizó la unión libre de 27 años con la madre de seis de sus ocho hijos, la 'compañera' Rosario Murillo, empieza a ser conocido en Managua como "Richelieu", el cardenal que obró en la Francia del Siglo XVII para instaurar el absolutismo regio.
Y es que el sandinismo revolucionario que llegó al poder en 1979 ha ido desvirtuándose bajo la férula de Ortega para convertirse en el 'danielismo' actual, más cercano a la izquierda populista.
De los nueve comandantes de la otrora todopoderosa dirección nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) sólo quedan tres: el rico hombre de negocios Bayardo Arce, Tomás Borge, próximo embajador en Perú, y el propio Daniel.
La versión "paz y amor" de Ortega en 2007 mantiene un discreto mutismo, ocasionalmente roto para reiterar la veracidad de sus buenas intenciones. El presidente estadounidense, George W. Bush, lo llamó finalmente el lunes para recordarle que espera que respete la democracia. Washington, que hizo todo lo que pudo para impedir su victoria en las urnas, ha enviado una delegación a la investidura de Ortega de perfil más bien bajo.
Mientras, el nuevo presidente sigue forjando relaciones con el 'eje del mal' -visto desde Washington- latinoamericano: el venezolano Hugo Chávez, el boliviano Evo Morales, y el gobierno cubano. Reconfortado por su reciente victoria electoral, Chávez aspira a convertirse en el principal banquero de la Nicaragua de Ortega y los médicos y educadores cubanos pueden contribuir a poner en marcha su programa político, destinado a mejorar la salud y la educación de los más pobres.
La "Nicaragua Libre" de Ortega, como reza en el programa de actividades de la jornada, se sumará a la Alternativa Bolivariana para América (ALBA) que promueve Chávez.