Nacional

“Guardan pólvora en narices de la Policía”

** Perdieron todo y tienen familiares quemados a pesar de haber denunciado hace meses el peligro embodegado ** Dueña del polvorín dice que “también una gasolinera es un peligro”

Valeria Imhof

Rolando José Maltez todavía no puede creer que parte de su vivienda y su negocio hayan terminado consumido por las llamas en el incendio sucedido en el Mercado Oriental. Don Rolando vive desde hace 22 años frente a la bodega donde se originó el siniestro, y es el esposo de Adilia Téllez Navarrete, de 55 años, y padre de Marco Antonio Maltez Téllez, de 34, las dos personas que fueron remitidas al Hospital “Lenín Fonseca” luego de haber sufrido graves quemaduras durante el incidente.
Rolando relató que observó que estaban metiendo pólvora en la bodega hasta que sintió una explosión. A los minutos vio cómo el fuego se aproximaba a su vivienda, y lo primero que hizo fue sacar a su esposa que padece de diabetes y es hipertensa.
“Miraba las lenguas de fuego cuando venían para acá”, narró don Rolando, quien indicó que su cónyuge fue sacada a rastras por sus hijos, con tan mala suerte que uno de ellos fue alcanzando por el fuego.
“Mi esposa está amputada y se moviliza en silla de ruedas, y a mi hijo que la llevaba le llegaron las lenguas de fuego a la espalda”, dijo don Ronaldo, principal víctima de esta tragedia.
Se le quemó todo
Además del drama familiar, perdió parte de su casa y de la venta. “Se me quemó todo: el exhibidor, la refrigeradora, una mantenedora y los productos del negocio”, señaló.
En la casa de don Rolando sólo se respira el olor dejado por el incendio, y se puede observar los teléfonos, televisores y todos los productos de su venta completamente calcinados. Según él, las pérdidas alcanzan unos 800 mil córdobas, incluyendo el daño que sufrieron el techo y las paredes de su casa.
Don Rolando aseguró que no es de ahora que se almacena pólvora en esa bodega, y agregó que ya había advertido de que podía haber un accidente. “Todo el tiempo dije que nos estaban poniendo una bomba de tiempo, pero como aquí la que manda es la Policía, ellos son los que dan los permisos, y total ahí están las consecuencias”, se quejó.
La víctima denunció que la propietaria del local, Martha Ortiz, tiene influencia en el Distrito 4, y por eso le dan permiso para almacenar pólvora.
“Mi hija quiso poner una venta de cerveza y nos hicieron andar de arriba para abajo para darnos el permiso, sin embargo, ella los consigue enseguida con la Policía y Commema. Desde hace tres años están almacenando pólvora en esa bodega en las narices de la Policía porque ahí hay comas”, indicó don Rolando, al señalar que nadie le ha ido a preguntar si necesita algo.
“Estamos comiendo porque la gente nos regala. Yo pido que me reembolsen lo que perdí y me ayuden con el medicamento para mi esposa y mi hijo porque ellos están graves”, añadió.
Dueña minimiza tragedia
Martha Ortiz, propietaria de la bodega siniestrada, minimizó la tragedia, indicando que cualquier lugar donde se almacenen productos inflamables puede representar una amenaza para la población.
“Una gasolinera también es un peligro, para mí todo es peligro”, contestó Ortiz, cuando se le consultó sobre si no creía que era un peligro almacenar pólvora en un mercado tan populoso como el Oriental.
Ortiz dijo que todavía no habían considerado las pérdidas, para luego indicar que sólo Dios era el que “la iba levantar y le iba a dar diez veces más de lo que había perdido”.
Veraney Alvarado, quien habita con su madre contiguo a la bodega, aseguró que hace dos años enviaron cartas a la Alcaldía y a la Policía para que le cancelaran los permisos, pero no les hicieron caso. “Estuve levantando firmas y las llevamos a la Alcaldía y al Distrito Cuatro, pero pusieron oídos sordos, y ahora mire lo que pasó”, narró Alvarado, al indicar que los mismos vecinos se cansaron de dar sus firmas y de que nadie los escuche.
Alvarado expresó que viven rodeados de negocios de pólvora, y que la única casa donde no hay es la que habita ella con su madre. “Todo lo que está aquí alrededor es pólvora, y ellos saben, lo que pasa que la Policía y los bomberos se hacen los tontos”, manifestó.
La madre de Veraney, Leonila Solís, de 73 años, perdió la venta que tenía en el porche de su casa, y el techo de su vivienda quedó destruido. “Las llamas parecía que ya venían sobre nosotros”, narró doña Leonila, quien dijo que el día del incendio ella con su hija y su nieto tierno alcanzaron a salir de su casa para ir a refugiarse en otro sector del Mercado Oriental.