Nacional

“No quiero que otras sufran como ni hija”

*Madre niña rechaza al niño producto de la violación de un vecino. *”Soy una mujer muy católica, pero creo que lo mejor era que ella abortara”. *Fue al hospital donde la estuvieron boleando hasta que el embarazo estuvo demasiado adelantado

Tania Sirias

La historia de “Marta” no es diferente de las de otras madres que han pasado por el mismo dolor. Su niña de doce años recién cumplidos fue abusada sexualmente, a causa de ello la pequeña quedó embarazada, y desde entonces no tienen paz ni sosiego.
Martha vivía en una comarca de Matiguás, donde al igual que en muchos pueblos del norte, contar con el servicio de agua potable es un lujo. “Tenemos que ir sacar agua a los pozos, y fue lo que aprovechó el desgraciado para violar a mi hija. Ella siempre iba a traer el agua, pero un día llegó a la casa llorando, me dijo: ‘Mamita, Roberto me violó’”, relató la madre entre lágrimas.
Roberto no fue denunciado, las razones fueron: pena, miedo, y no tener dinero para llevar la denuncia hasta justicia. “En este país, al que no tiene dinero no se le hace justicia, además, no tenía ni plata para ir a la Policía y menos para andar en los juzgados”, dijo Marta.
Ella no deseaba ser mamá
A pesar de que ese hombre la violó, siempre se cruzaba al patio de ellas en forma de burla. No bastando el daño y el trauma a la menor, ella quedó embarazada. Su madre recordó que antes de saber del estado de su hija, ella había cambiado en su carácter. “Se puso triste, lloraba, se mantenía enojaba, sufría, y lo mismo me pasaba a mí al verla en ese estado”, dijo la madre.
La niña comenzó a sufrir de vómitos, mareo, y de todos los síntomas que conlleva el embarazo. A pesar de las dificultades económicas que padecía esta familia, Marta consiguió dinero para traerla al Hospital “Berta Calderón” y que fuera valorada por los médicos. “Ya en el hospital sólo la chequeaban, me le daban citas tras citas y el tiempo iba pasando. Nos quedamos en la casa de una amiga lavando y planchado para poder mantenernos.”
“Estuvimos así dos meses. Cuando vimos, ya era demasiado tarde para abortar, mi hija tenía cuatro meses. Los médicos me decían que los huesos de la pelvis eran débiles, tenía anemia, estaba desnutrida, sólo pesaba 70 libras, pero lo peor, no quería ese niño, ella no deseaba ser mamá”, relató Marta.
“Nuestras vidas han cambiado”
Madre e hija regresaron a la comarca, y desde entonces sus vidas cambiaron. Lo que han vivido son momentos que ellas quisieran olvidar. El hombre pasaba a cada momento cerca de la casa, y la niña no quería salir por que la gente del pueblo le decía: “Allá va la violada”. La menor dio a luz a un niño, y desde que salió de su vientre no quiso saber nada de él. Su abuela lo alimentaba y lo cuidaba.
“Nunca le hizo el menor caso, por eso digo que su madre soy yo. Tampoco la maltraté. Ella no quiso ser madre por su gusto, fue una violación. Eran tantas las burlas que tuve que vender mi tierra, y con lo poco que tenía me vine con mis otros hijos a Managua. Vivo en la casa de una amiga, nos mantenemos de lo que lavo y plancho, ya no es como antes que vivía de mi siembro y de mis animales, nuestras vidas han cambiado”, expresó con tristeza Martha.
Soy católica, pero…
Mi hija estaba estudiando tercer grado, ahora ya no estudia, hasta ahí llegó. Soy una mujer muy católica, pero creo que lo mejor era que ella abortara, creo no hubiera sufrido tanto. No quería que ella tuviera ese hijo, él ahora ya nació y tengo que aceptarlo.
¿Ella quiere al niño?
No, no lo quiere. Busco la forma como metérselo, pero él entra por un lugar y ella sale por otro. Lo rechaza, lo malquiere. Creo que el niño tampoco la quiere porque no se le acerca. Yo le digo que ella es su madre, pero él siempre me busca. En el fondo la entiendo, porque para ella fue triste, por eso vengo, para que no se den más este tipo de situaciones. Soy católica pero no quiero que quiten el aborto, para que otras niñas no sufran lo que sufrió mi pequeña.
Si pudiera decirles algo a las personas que quieren quitarlo --el aborto terapéutico-- si hubieran pasado por lo que sufrí, y sigo sufriendo por lo que pasa con mi nieto, por la desgracia que le pasó a ella, que no cambien las leyes. Verla embarazada fue duro para mí, sufrí, pero sé que mi hija sufrió más.
¿Hubiese preferido que ella abortara?
Hubiera sido mejor, ella no quiere y nunca va a querer a ese niño. Mi familia tampoco lo quiere, le hacen desprecio, por eso me vine. A mí me duele porque lo tengo que aceptar, ¿y para dónde agarro? Además, ella nunca va a aceptar al niño. Al verlo se acuerda del padre, un hombre feo, horrible y odioso.
El problema fue que en el hospital nos ponían cita tras cita, cuando vimos era demasiado tarde. Ella era una niña, su cuerpo ni siquiera estaba bien formado, todo el embarazo lo pasó mal de salud, tenía un dolor de cabeza que nunca se le quitó. Si no existiera ese niño ella viviría mejor, no estuviera recordando a cada momento que fue violada.
¿Usted quiere a su nieto?
Tengo que aceptarlo, pero al verlo sólo me acuerdo del malvado de su padre. Quererlo verdaderamente, como a mis otros nietos…, tal vez llegue a quererlo. Por el momento lo acepto. Me siento mal porque él vino a sufrir, no tiene papá ni mamá; mi hija no lo ve, no lo besa, no le hace un solo cariño. Por eso pido que no quieten el aborto, yo no entiendo nada de lo que es terapéutico, lo que sé, es que esta situación que sufrió mi hija ocurre con mucha frecuencia en el campo.