Nacional

Oligarquía mandó en los años 80

* Dirigencia sandinista cedió puestos a connotados personajes porque el mundo no aceptaba una revolución de desarrapados y sin apellidos ilustres

Edwin Sánchez

Podría ser un libro prohibido, de esos que suscitará en más de alguno las ganas de llevar todos sus ejemplares a la hoguera aunque sea importando gasolina venezolana, pero Orlando Núñez decidió escribir sobre un tema tabú:
“La Oligarquía en Nicaragua” nos lleva en sus páginas hasta el punto de afirmar que si estos opulentos de “sangre azul” perdieron su poder político con Somoza, conformándose con el zancudismo, recuperaron su hegemonía política con el FSLN.
Núñez gesticula con la vehemencia del convencido que debió dar el paso que otros no se atrevían, y hasta cuestiona a los historiadores con la simple pregunta: “¿No sé por qué no lo hicieron? Está tan fácil de escribirlo”.
Aprender a mandar
Sobre su escritorio, el título del volumen parecería abstracto, por cuanto es un tema evadido hasta donde se puede: “La oligarquía”. Pero pronto se encarna, materializa y hasta da misa: habla de curas, de iglesia, de nombres, de cómo las familias de linaje y los jesuitas se entendieron para dotarlas de la educación de clase a través de El Centroamérica y el Pedagógico para los varones y La Asunción y El Teresiano para las mujeres. Incluso, que organizaban fiestas para que ahí, las futuras familias se conocieran y reprodujeran los valores propios de los “encastados”, para no revolverse con la plebe, a la cual designaban los curas de parroquia y el catecismo, mientras “las familias respetables” acudían a la Iglesia Académica para aprender a mandar.
Habla, por ejemplo, de que la oligarquía tenía dos nombres, y los da, de quiénes debieron sustituir al cardenal Miguel Obando, de quien dicho sea de paso, señala el autor “heréticamente”: sufrió el “desprecio que la oligarquía conservadora en el poder siente por el origen humilde e ilegítimo adjudicado al principal exponente de la Iglesia Católica, el cardenal Miguel Obando y Bravo, tanto por su fenotipo y ascendencia, como por el propio acercamiento a liberales y sandinistas, lo que no se le perdona y más bien retroalimenta la tendencia señalada”
El autor asegura que la oligarquía trató de influir en el mejor relevo del Cardenal como Arzobispo, y da los apellidos de estos ungidos por la rancia aristocracia criolla: Mántica y Montealegre.
Pero resultó elegido monseñor Leopoldo Brenes. ¿Entonces no tiene suficiente influencia la oligarquía?.
Es otro punto. La oligarquía en Nicaragua está en una crisis profunda. En 200 años, si se hace un recorrido de los apellidos --el libro es una síntesis--, encontrás una influencia total en las masas, en el Ejército, Policía, en la agricultura, industria y el comercio, en los partidos políticos, en el poder político. En todos los poderes encontrás a la oligarquía.
Con Zelaya perdió fuerza, pero ahí nomás lo recuperó con el apoyo de los gringos. Una de las características de la oligarquía es que es el vínculo umbilical con la metrópolis: ayer con España y ahora con los Estados Unidos. En última instancia, cuando tiene crisis política, interviene la metrópolis.
Son rentistas, dice
Con Somoza vuelve a perder su hegemonía política, pero recupera la renta, que otros ven como “el zancudismo”. Yo como economista lo estudio como una renta política: “Yo te apoyo a vos Somoza, pero me das el 40 por ciento de las rentas políticas, magistrados, senadores, diputados”. Una característica de la oligarquía es que son rentistas como hacendados y banqueros.
Después recupera su hegemonía política con el FSLN porque se articula con el Frente Sandinista y llega prácticamente a hegemonizar el poder del sandinismo. Después entra en ruptura, pero hay un segmento fortísimo de linaje que usufructúa el poder político en los 80.
Ahora ya se han salido casi todos los que usufructuaron el poder político, militar y económico. Hoy en día se puede decir que la oligarquía conservadora ya no tiene influencia en el Ejército, en la Policía, en el Parlamento, en las alcaldías, ni en la Iglesia Católica ni en las masas. La última apuesta fue el APRE, y sacó el nueve por ciento.
Está en plena crisis: ¿qué le queda? El poder financiero y la embajada (de Estados Unidos) y el partido político de la oligarquía, que es el diario La Prensa, el púlpito laico.
Un ejemplo claro es don Jaime Chamorro, Director del diario y directivo del Banpro. Tenés encarnado a un personero que es un Chamorro que lo encontrás hace 200 años a cargo del partido político de la derecha en Nicaragua, en el conservadurismo, que viene de la palabra conservador, que significa conservar la tradición. Ahí tenés el pensamiento conservador.
La oligarquía guarda el más importante de los poderes, porque lo ha venido perdiendo todo, pero no la hegemonía del alma, las cabezas de las masas, porque quieren mantener los valores, la jerarquía y la discriminación, el desprecio al marginado, que es siempre el negro, el mestizo, el mulato. La oligarquía es una casta dominante poscolonial, que arranca con el racismo de la colonia.

¿La revolución fue hecha por los sandinistas o la oligarquía?
La oligarquía dice: la revolución fue gracias a Pedro Joaquín Chamorro, y los dirigentes de la revolución que todavía reconocen son los Cuadra, Lacayo, los Chamorro. Va más allá. A la pregunta, efectivamente, ni el Frente podía hacer solo la revolución ni la oligarquía sola tampoco. Sin un giro socialista del FSLN hubiera sido una revolución más de las tantas que hubo. Sólo hubiera sido una revolución conservadora contra los liberales.
Una extraña visión de las confiscaciones
Aquí la revolución se hizo con apellidos: se confiscaba al que era liberal, pero no al conservador. Esto no se ha estudiado con el rigor que se necesita. La oligarquía es la que hizo la revolución, dicen ellos, y ven al Frente como recién llegado, con desconocidos sin apellidos que se robaron el partido, los sellos: “Esos son monos, simios”, son nombres que usa la oligarquía para referirse a los dirigentes. Para la oligarquía no hay líderes populares, sólo caudillos.
Para la oligarquía, ellos hicieron la revolución y sus hijos fueron los dirigentes de ella.
Cuando se quería legitimar a un ministro se buscaba un ministro de apellido. Cuando el Frente empezó a ser cuestionado de comunista, ateo, a quien se buscó para ministro de Educación fue a un Cardenal.
Cuando hicimos un periódico, ¿a quién pusimos de director? A un Chamorro, Carlos Fernando, porque eso legitimaba, independientemente que son compañeros luchadores, amigos míos que no necesitaban sus apellidos para lucirse. Debemos quedar claro en eso, pero para la revolución misma --y ellos sabían-- eran un escudo para un mundo que desconocía una revolución de desarrapados y de gente sin apellidos, sin clase ni linaje.
Alianza con arnoldismo o la cuadratura del círculo
Núñez, columnista de la Página de Opinión de END, se ha constituido en una especie de ideólogo de los últimos años del FSLN, y bajo la convicción de que es necesaria la política de alianzas, encontró que el pacto entre el comandante Daniel Ortega y el doctor Arnoldo Alemán --cuya procedencia liberal la considera “alejada de la oligarquía conservadora y de los dictámenes de la embajada norteamericana”-- no es más que “la metamorfosis de los liberales frente a la ofensiva neoliberal (...) en busca de refugio y alianza en el nacionalismo de izquierda”.
El sociólogo subraya que la oligarquía, léase el pequeño grupo que se une y reúne por parentescos y capital, y se reproduce entre ella misma, para conservar la pureza de la sangre, el blasón, “la alcurnia”, además de dominar económicamente a la nación, también lo hace a nivel cultural.
¿Qué motivaciones te llevaron a hacer una disección histórica de la oligarquía?.
Para ser sincero, la frase del comandante Franklin --Israel Galeano-- me dejó estupefacto: “La oligarquía botó a Somoza con ayuda de ustedes, los sandinistas, y los botó a ustedes con ayuda nuestra; no ganamos, ni ustedes ni nosotros los Contras, ganó la oligarquía”.
Aquí la burguesía es muy débil, poco desarrollada, los productores pequeños y medianos son más grandes que cualquier empresa. Segundo, la historia contemporánea de Nicaragua no se entiende, sobre todo la revolución sandinista, no se puede entender sin la presencia de la oligarquía conservadora.
Para empezar, para el público amplio: oligarquía es la elite conservadora que durante 200 años ha controlado el poder político, económico y cultural de la nación, y ha tenido influencia en los principales poderes existentes. Es la clase dirigente por excelencia en Nicaragua.
El libro se encuentra a la venta para los estudiantes en el Ciprés, a 40 córdobas. En las librerías a 100 córdobas.