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Razones y sin razones para caída del limbo


El pasado viernes, miembros de la comisión teológica internacional, reunidos en el Vaticano, cerraron las puertas del Limbo. Del latín limbus, esta palabra se traduce como frontera, ese lugar localizado entre el cielo y el infierno, según una tradición católica de la Edad Media sugerida por San Agustín.
La idea fue adoptada por los primeros teólogos para resolver el dilema del lugar al que iban los bebés si morían antes de ser bautizados. Sus almas tenían que ir a algún lado, pero como no habían recibido el sacramento eclesiástico, no podían ir al cielo. Sin embargo, no habían cometido ningún pecado, así que tampoco podían ser condenados al infierno.
Cristo murió por todos
Según el padre José Ramón Alemán, párroco de la iglesia Santa Faz, “Cristo ha muerto por todos, “y es “cuestión de lógica” pensar que los niños que mueren sin haber sido bautizados, mediante la misericordia de Dios, vayan al cielo.
“Esto es de lógica. Si Cristo murió por todos hay que pensar que si un bebé muere y no ha cometido ningún tipo de pecado no va a ir al infierno y tampoco al purgatorio. Lo más probable es que estén en el cielo ante la presencia de Dios.”
Sin embargo, según Alemán, no por esta razón hay que restarle importancia al ritual del bautismo para las personas que quieren tener una relación más cercana a Dios. “El principio del bautismo es necesario para todas aquellas personas que no han tenido la oportunidad de conocer a Dios, no podemos restarle importancia” dijo.
Además, Alemán aclaró que la idea sobre el limbo, nunca fue una doctrina de la Iglesia Católica sino una “proposición teológica”, que se “arraigó a lo largo de los siglos, y se fue mezclando con elementos folclóricos y mágicos” de la gente sencilla.
“Lo que pasa es que la gente va mezclando aspectos mágicos a las enseñanzas. Es como lo que pasa con el purgatorio o el agua bendita, la gente piensa que es magia”, agregó.
Al referirse al momento de la muerte, el religioso se refirió a que los seres humanos somos un solo ser único “con dos dimensiones”.
“Los seres humanos somos un ser unitario que tiene dos dimensiones: la corporal (el cuerpo físico) y la espiritual (el yo espiritual). Cuando morimos el Yo espiritual es el que busca el camino que le corresponde al cielo, al infierno o al purgatorio” puntualizó.
La Iglesia también se equivoca
Para la teóloga Michell Najlis esto es una prueba más de que la Iglesia también comete errores en su andar.
“¿Como es posible que se piense que un niño no puede ir al cielo? Esto (anulación del Limbo) es una muestra de que el Vaticano, el Papa, los curas y la Iglesia en general se equivocan”, dijo.
Además, Najlis se refirió a la enseñanza del Limbo como discriminatoria. “Recuerdo una ocasión en la cual asistí a un bautizo y escuché claramente al Padre cuando decía: “Ahora esta niña ha dejado de ser un animalito para ser hija de Dios”. “¿Cómo puede ser esto posible, si todos somos hijos de Dios?” dijo.
Para Najlis muchas enseñanzas de la Iglesia Católica tienen como objetivo “consolidar el poder”, e hizo alusión a la vida del célebre astrónomo y físico italiano, Galileo, al ser acusado de herejía y obligado, por las autoridades de la Iglesia, a rectificar una de sus teorías, donde afirmaba que la tierra era redonda.
“Muchas cosas, dentro de las enseñanzas de la Iglesia, tienen como objetivo imponer y consolidar el poder de la Iglesia. Así se equivocaron con Galileo cuando el decía que el mundo era redondo y lo obligaron a que se retractara”, declaró.
Masones: somos almas que reencarnamos para perfeccionarnos
Para la fraternidad de Masones, donde los integrantes creen en la reencarnación, los conceptos de cielo, purgatorio y limbo tienen un matiz distinto.
La masonería es una fraternidad donde los integrantes profesan la religión o la fe de su conveniencia. El objetivo es que sus integrantes, católicos, evangélicos, practicantes de yoga, etc., puedan trabajar en los cambios profundos de las personas para que luego puedan lograr el cambio dentro de la sociedad.
Para Roberto Calvo Lai, Gran Maestro de la Fraternidad Masona, los seres humanos “son almas que vienen este mundo a cumplir con una misión: aprender y perfeccionarse”.
“El concepto de la reencarnación supone que los seres humanos somos almas que tenemos una misión, y que en cumplimiento de ésta vamos en la búsqueda de nuestro crecimiento y aprendizaje”, dijo, y agregó que es el alma, al momento de renacer, “la que escoge a sus padres, escoge el país y el entorno adecuados que le permita aprender y desarrollarse”.
Para el maestro la vida está regida por el principio de Causa y Efecto (Ley del Karma), lo cual hace que “los premios y castigos” se hagan visibles en el transcurso de nuestras vidas.
“En la vida estamos regidos por la ley de causa y efecto (Ley del Karma), es decir, que aquello que se siembra eso mismo se cosecha. Por esta razón es que nuestros castigos y nuestros premios los vivimos en el transcurso de la vida y de nuestras reencarnaciones”, finalizó.