Nacional

Editorial


Danilo Aguirre

Nadie por encima del respeto al voto

Las encuestas con mayor credibilidad y la percepción ciudadana apuntan a un resultado muy estrecho alrededor del 35% de la votación y los cinco puntos de ventaja en las elecciones presidenciales del próximo cinco de noviembre.
Si con un prestigiado y nada sectarizado Instituto Federal Electoral de México, lo muy parejo de las cifras de votantes para Calderón y López Obrador, candidatos de las antípodas del debate latinoamericano, ha provocado incertidumbre, desestabilización y alteraciones en la gobernabilidad de ese país, no se necesita mucha imaginación para prever lo que sucederá en Nicaragua si los comicios no están revestidos de honestidad y confiabilidad.
Más allá de la partidización de los órganos del Poder Electoral y del sentimiento generalizado del pueblo nicaragüense de que de esas elecciones no saldrá ninguna respuesta a la profundidad de su drama como Nación y como Estado, drama que seguirá siendo una asignatura pendiente para la clase política nicaragüense, la transparencia con que se procese la formalidad del acto electoral a que está convocado es de fundamental importancia para que no se abran nuevamente los cauces de la violencia.
En este sentido nos llama poderosamente la atención que no se insista en que las impugnaciones a las actas de las Juntas Receptoras de Votos culminen como última instancia en la apertura de urnas y reconteo de los votos con todos los fiscales presentes y no con decisiones de anulación para los consejos electorales.
Dejar que los consejos anulen actas es poner a estos organismos por encima del derecho constitucional al respeto de su voto que tienen los ciudadanos, y peor aún, reeditar casos como el de Granada en las elecciones municipales pasadas que de repetirse a nivel nacional traerían catastróficas consecuencias.
La advertencia está dada y las responsabilidades deben asumirse desde ya para no tener que lamentar más tarde lo que pudiera suceder.