Nacional

Rumsfeld cuidado pulgada a pulgada


La populosa Carretera Norte de Managua ayer perdió su singularidad. No había buses que ensordecieran a los transeúntes ni un tráfico abrumador. Un soldado del Ejército, con su arma colgada del hombro, circunspecto, vestido de verde olivo y de pie en el punto más alto del paso a desnivel vigilaba para que ningún imprevisto irrumpiera en la seguridad que se le otorgaría al secretario de Defensa de los Estados Unidos, Ronald Rumsfeld.
Mientras, en el Aeropuerto Internacional, el griterío y algarabía de las personas que se reencontraban con sus familiares contrastaba con la seriedad y hermetismo de los soldados y policías que se movían de un lado a otro, unos de pie, rectos, y a la espera de la orden superior; otros, con el rostro fatigado y rojizo.
Hasta con perros
En el panorama no hicieron falta perros adiestrados y algún soldado corriendo. Tampoco vehículos lujosos que entraran al parqueo de protocolo del aeropuerto.
A las doce del medio día llegó una patrulla con cinco soldados y se aparcó frente a la puerta por donde salen las personas que arriban al país. La pregunta, entonces, era: ¿Y Rumsfeld?
El controvertido secretario de Defensa de los Estados Unidos venía en camino, reiterándoles a los periodistas que le acompañaban que no renunciará a su cargo.
Luego que parta de Nicaragua enfrentará las aseveraciones del periodista estadounidense que destapó el Watergate, Bob Woodward, sobre la poca importancia que le dio a la advertencia de alto riesgo de ataques terroristas que le hizo el número uno del CIA, Jorge Tenet, antes de los atentados del once de septiembre de 2001.
Detectando explosivos
Una de la tarde. Varios zapadores en las calles de Managua. “¿Habrá minas antipersonales en la mera capital?”, se preguntaba la gente. Trabajos de rutina, respondieron amablemente los soldados, quienes todavía con el detector de explosivos y con un punzón largo para escarbar tierra iniciaban la faena. Tuvieron que revisar muchos kilómetros, tal como lo hacen en las montañas, sólo que en esta ocasión sintiendo el calor que transpira el pavimento.
Finalmente, el avión donde venía Rumsfeld aterrizó. Minutos después una caravana de diez vehículos, donde iban diplomáticos estadounidenses, precedidos por dos motorizados, salió del portón 9 del aeropuerto. Y, al parecer, por ayer, esta parte de la ciudad volvió a la calma.