Nacional

“Es momento de fortalecer la institución”

* Anuncia sorpresas en nueva jefatura

Heberto Rodríguez

Si el crimen organizado tuviera entre sus planes descabezar la Policía Nacional, perdió una gran oportunidad el pasado 18 de julio, cuando el presidente de la República nombró como nueva directora de la institución a la primera comisionada Aminta Granera.
Así bromeaban ese día los miembros de la jefatura, quienes por primera vez viajaban en el mismo vehículo.
Conducía el comisionado general Horacio Rocha, a su derecha iba el comisionado general Orlando Aguilera, y atrás acompañaban al primer comisionado Edwin Cordero, las comisionadas generales Ana Julia Guido y Aminta Granera.
“No sabíamos nada. Antes de irnos a la Presidencia estuvimos aquí en la oficina diciéndonos: Llegó el momento, el que sea o la que sea cuenta con todos los demás, y de la misma forma siempre los demás van a seguir contando no sólo como un ex compañero del trabajo, sino como un amigo o una amiga”, recuerda Granera.
En una entrevista brindada a El NUEVO DIARIO, la nueva jefa de la Policía comparte interioridades de uno de los días más importantes de su vida.
“Íbamos riéndonos, pero nerviosos, haciendo bromas, diciendo: Bueno, aquí con un solo ‘cuetazo’ dejan descabezada la Policía, ésta es la oportunidad que tiene el crimen organizado para salir de todos juntos de una sola vez”, cuenta Granera entre risas.
Cuando llegaron a Casa Presidencial, el presidente Enrique Bolaños hizo una introducción que se volvió eterna para los aspirantes a la dirección de la Policía Nacional.
De todo les hablaba el mandatario, menos de lo que a ellos les interesaba en ese momento. “Por lo menos yo decía: Dios mío, vamos al momento decisivo”, admite Granera.
Pero fue después de una media hora que Bolaños les indicó que estaban ahí para ver la sucesión del primer comisionado Cordero.
“¡Ah, bueno!, dijimos todos, y de entrada nos dijo que iba a ser una mujer, entonces ahí nos dimos el primer abrazo la Ana Julia y yo. Luego nos preguntó si queríamos que nos dijera ahí o si nos queríamos enterar en la conferencia de prensa. Le dijimos que por favor nos dijera ahí, porque ya nos tenía con el alma en vilo”, afirma Granera.
En ese momento Bolaños les expuso que “había valorado, escuchado a sus asesores y las distintas opiniones de diferentes sectores”, razón por la cual surgió por fin un nombre: Aminta Granera.
“Fue también un momento emotivo porque mis hermanos de la jefatura se pusieron de pie y nos abrazamos fuerte. Fui al baño antes de ir a la conferencia de prensa. Mucha gente dijo que me vio pálida, estaba asustada, nerviosa”, asegura, ahora con tranquilidad.
Su nombramiento como jefa de la Policía Nacional tuvo tres momentos: cuando la nombra el mandatario, cuando le coloca los grados y cuando usted recibe el bastón de mando, ¿cuál fue el más emotivo?
Creo que los tres momentos tuvieron su propio misterio y encanto. El momento de la designación estuvo rodeado de un gran enigma. Yo me enteré en la Presidencia minutos antes de la conferencia de prensa. Estaba tensa, esperando cuál era la decisión del presidente, y estuvo más marcado por un asombro y por una especie de susto, que por la responsabilidad que me venía.
El segundo momento, ya de los grados, fue darte cuenta: ahora sí. El presidente me dio una palmadita cuando me los estaba poniendo y me dice: “Ahora ya estás en tu cargo”. Pero aun así, como que no te das cuenta que sí, que ya estás.
El momento de mayor emoción fue indiscutiblemente el momento del traspaso de mando, cuando el primer comisionado en retiro me dio el bastón.
Dicen que a sus generales los hacen sus tropas, y estar ahí parada con mis compañeros y mis compañeras de la Policía, y en el momento de recibir el bastón y decir cuál era mi compromiso ante ellos y ante ellas, y hasta improvisé un poco, porque en ese momento sentí la necesidad de prometer fidelidad ante la memoria de mi padre y de mi abuelo.
Sí me conmovió, y cuando pasé revista a la tropa… y ver la cara de felicidad de los compañeros y las compañeras que --manteniéndose firme-- con su mirada me dijeron tantas cosas. Fue un momento muy lindo, muy bello oír las sirenas de la Policía, que es quizás el símbolo más fuerte del trabajo de nosotros.
Cuando me acerqué a la tribuna también donde estaba toda la Red de Mujeres contra la Violencia, y se pararon y gritaban, pues sí, fue un momento muy conmovedor y quizás es el que viví con más alegría.
Las principales candidatas eran usted y la comisionada Ana Julia Guido. ¿Dividió esto a la Policía? La percepción de la gente es que se conformaron dos bandos.
Yo no diría exactamente dos bandos. Fijate que la Ana Julia y yo somos amigas, nos tenemos un cariño profundo, entre nosotras nunca hubo ninguna división, pero sí creo que había compañeros y compañeras que obviamente tenían preferencia, quizás hacían cálculos, que si ella es la directora yo voy a ascender.
Yo siempre dije que en el cuarto piso había una unidad muy grande entre nosotros. Yo podría decirte que el regalo más grande y el descubrimiento en los cuatro años que me tocó ser la inspectora general, fue conocer la calidad humana de Orlando Aguilera.
Pero sí fue difícil la transición, todas las discusiones o las contradicciones, algunas ciertas, otras no, que trascendieron a los medios. Yo perdí diez libras en los dos meses antes de la designación.
¿Es normal que esto suceda en todo proceso de transición dentro de la Policía, o este marcó alguna diferencia?
Creo que siempre es normal que uno tenga aspiraciones, es lógico. Creo que todos y todas teníamos aspiraciones a alcanzar el cargo del primer comisionado, lo difícil es cuando confundimos con ambiciones.
Sin embargo, creo que esta transición fue más difícil. Aunque todos los años ha tenido sus dificultades. La vez pasada recuerdo que se habló mucho que si el comisionado general (Eduardo) Cuadra o la comisionada general (Eva) Sacasa, y al final fue el primer comisionado en retiro (Edwin) Cordero, siempre hay sus preferencias, inclusive en los medios de comunicación. Es normal que suceda, pero esta vez fue más fuerte.
A propósito de los cálculos que pudieron haber hecho algunos compañeros, usted ha manifestado que esta semana se conformará la jefatura de la Policía Nacional. ¿Cuál es la propuesta que usted le presentará al presidente Enrique Bolaños?
Yo creo que por respeto al presidente debo hablarlo primero con él. Yo llevo una propuesta que la he pensado mucho, que la he rezado mucho, no tengo temor de decirlo, creo que es una propuesta incluyente, buscando que a través de esta jefatura se sientan incluidos los distintos sectores de la Policía.
Es un momento de unirnos, de cohesionarnos, de fortalecer la institución, y yo espero que la propuesta que yo le haga al señor presidente, él esté de acuerdo. Si no, pues igual, creo que puedo trabajar con cualquier compañero o compañera de los comisionados mayores y que estamos todos en la mejor disposición de empujar esta institución y hacerla más fuerte.
¿Qué valoró de sus compañeros al momento de elaborar esta propuesta?
La capacidad de trabajar en equipo, la calidad humana de estos compañeros. Yo les digo siempre a mis hijos que es más importante poder trabajar en equipo que tener una sumatoria de estrellas, para que no nos pase como el Real Madrid, que tiene a los mejores del mundo, pero en los últimos años no han podido ganar una copa.
Entonces, sí es importante ver su capacidad policial, su experiencia policial, su honestidad y su calidad ética y humana, y también la capacidad de trabajar en conjunto y hacer un equipo para empujar junto esta institución.
Ya se andan manejando algunos nombres. ¿En su propuesta encontraremos sorpresas?
Yo creo que sí, que va a haber sorpresas en esa jefatura.

Interioridades del nombramiento

Risas y champagne
Una gran carcajada soltó la jefa de la Policía Nacional cuando le preguntamos si su familia se había enterado de su nombramiento por la televisión.
Y no es para menos, después de que el mandatario le informó que era ella era la elegida para asumir el cargo de directora general de la institución policial.
“Entré al baño, llamé a mi casa y a mi mejor amiga, que es una religiosa teresiana, la hermana Ángela Cuadra, y le pedí el favor de que avisara al resto de mi familia y a la gente del despacho que trabaja conmigo, que estaban nerviosos”, dice.
Como en su casa sólo permanece un miembro de su familia y el personal de servicio, Granera prefirió dejar únicamente un recado a su tía.
“En mi casa, como quien vive es una tía que tiene como 90 años y le cuesta caminar, le dije a la empleada, que respondió, decile a mi Julita que soy yo. Después la hermana Ángela se encargo de avisarles a todos mis hermanos y a mis hijos”, agrega.
Granera, después de la conferencia de prensa, se regresó a la oficina, y lo primero que hizo fue entrar al despacho de Ana Julia y abrazar a sus asistentes, y decirles que contaran con todo su apoyo y cariño.
“Yo sé que la gente que trabaja más cerca de uno está deseando que sea su jefe o jefa la nombrada, y dije: voy a ir primero donde las personas que pienso que pueden estar sintiéndose mal en este momento”, expresa.
Luego se fue a su despacho donde se encontraba el resto del personal del cuarto piso, los que ya tenían una botella de champagne lista.
“Me rompieron el cielo raso al abrir la botella, estuvimos contentos, nos hicimos una foto, una cosa muy íntima, muy pequeña. Y después me fui a misa a la parroquia donde yo voy, de Monte Tabor”, concluye.

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