Nacional

“Soy un pianista clandestino


Edwin Sánchez

La música acompaña al filósofo. Pero la gente conoce más la otra versión de Alejandro Serrano Caldera: jurista, analista político y pensador. Son dos vidas, pero él dice que es una sola, “con manifestaciones de un mismo sentimiento y una misma inclinación”.
Entrenado en las artes de la filosofía, y recién venido de un congreso de pensadores en Buenos Aires, nos dice que “hay una continuidad entre la filosofía y el arte, la música y el pensamiento”.
Siempre con ese tono de balance que imprime en sus intervenciones públicas, también trata de ser comedido cuando habla de su entorno y de la preeminencia de sus inclinaciones: “La música es el arte más excelso, sin disminuir las otras artes”. Algo así como “unidad en la diversidad”, sólo que él confesará, cuando está frente al teclado de la armonía, algo que todavía no está bien ajustado en su biografía: “Soy un pianista clandestino”.
Serrano Caldera es uno de esos pocos hombres imbuidos en su propia aventura teórica, quien tiene el cuidado de seguir viviendo también en la vida real, y esto parece bifurcar su ser, como en el caso del piano y la computadora.
¿Con qué teclado se siente mejor, con el de la música o con el de la escritura?
“Me siento mejor con el teclado del piano que con el de la computadora. Con aquel casi nazco, y éste me cuesta todavía, debí adoptarlo”.
En su biblioteca hay un escritorio de otro siglo, un busto de Rubén Darío y un pequeño cartel de los días cuando decidió abandonar el ejercicio académico por la política cruda y selvática nicaragüense: “Serrano Presidente. Candidato de Unidad”. Trato de recordarlo: ¿chineando a un niño? Aristóteles, que se sepa en su libro “La política”, nunca recomendó andar chineando ni chinchineando.
El músico y el filósofo. ¿Quién predomina más?
Sin parecer arrogante, a lo largo de mi vida se han ido entremezclando, paralelamente, mi interés por la filosofía y la música. Mi actividad transcurre entre la cátedra de la universidad, la escritura en mi biblioteca y los artículos, entrevistas y conferencia fuera.
¿Y el piano?
Mi madre es Caldera Vega, no es música. Es sobrina de Alejandro Vega Matus, mi tío abuelo.
¿De ahí le viene la música?
A lo mejor, al menos un coletazo mínimo me tocó en esta repartición de virtudes, un charnel de la música. Desde que don Gabriel de la Vega y Sevilla, que llegó de España como notario real, dejó el notariado y tomó la guitarra, empieza una tradición de músico, pero no puedo afirmarlo de una manera categórica. Es lo que he oído. Se casó con la señora Raudez, de donde viene don Pablo Vega y Raudez, autor de pastorelas bellísimas; ojalá se pusiera en escena “Elisa”, una de las pastorelas más bella, una mezcla de zarzuela española, con temas nicaragüenses e influencia de los coros de Verdi.
Vega Matus es hijo de don Pablo Vega, y mi abuela Isaura es hija de él y don Gilberto, otro gran músico. No quiero decir que yo sea un heredero ni mucho menos, no soy destinatario de la sensibilidad musical de mis ancestros.
¿Se crió en un ambiente de música culta?
Cuando tenía seis o siete años, mi tía Emelina Vega, hermana de Alejandro Vega Matus --es lo que recuerdo--, llegó a la casa y muy categóricamente dijo: “El niño tiene que ser músico”. ¿Por qué?, preguntó mi madre, “porque es descendiente de nosotros”. Entonces mi papá, Encarnación Alberto Serrano, abogado, orador y escritor, me compró un piano cuando tenía siete años. Mi abuelo era salvadoreño, exiliado de las revoluciones liberales del Siglo XIX. Muere cuando mi padre tenía un año. Llegó con otros expatriados.
Mi papá compró un piano negro, grande, vertical, con candelabro. Hermosísimo, pero durísimo. Había que ejercer un esfuerzo atlético para hacer que salieran las notas. Después lo vendieron y me compraron un piano que todavía lo tiene mi hermano Beimar en Masaya.
Mi piano fue vendido. Yo pasé en una casa, y como las puertas debían estar abiertas, pues cerradas era señal de hostilidad, veo mi viejo piano. La nueva dueña me dijo: “Alejandrito, no lo abrás, que ya no es piano”. Abrió las compuertas donde estaba la caja del encordado, era tan grande que cabía perfectamente ropa colgada.
¿No tiene formación musical, de lectura?
Ahora no, porque la dejé. Mis composiciones en el disco “Meditación”, donde toco cuatro de mis temas, y la Camerata Bach toca seis, son composiciones que he hecho de oído. Ha sido Raúl Martínez quien vino un día con Ramón Rodríguez que la pasaron a una estructura musical.
Si viene de españoles, sangre de salvadoreña, ¿qué tanto hay de Masaya en Alejandro Serrano Caldera?
En Masaya está mi raíz, de ahí yo salí a los 17 años a León, a mis estudios universitarios. Luego salí a Europa a hacer mi doctorado, y vine como profesor a la Universidad Nacional. Prácticamente no volví a vivir en Masaya, pero siempre voy, cada 15 días, a ver a mi mamá. Mis primeros amigos, juegos, diversiones están relacionados con Masaya. Me sigo considerando masaya, y lo digo públicamente, no vaya a ser que me desafilien. Además, mis hermanos viven allá.
La filosofía de la marimba
Dicta una charla en Buenos Aires, otro día en México, le pregunto: ¿le gusta la marimba?
Me encanta. Además, sobre la marimba hay un misterio que quiero develar. La marimba centroamericana y mexicana, es la versión del piano o del clavicordio europeo. Son de patas y de dos pisos, que equivaldría el primer piso a las teclas blancas del piano, y el segundo piso a las teclas negras, que son los bemoles y los sostenidos. La marimba de Masaya es de un solo piso, y es de arco y no entra, al menos en su estructura y forma, dentro de la tradición de la marimba mesoamericana. La marimba de Masaya es más bien africana.
Mis preguntas, a lo mejor ingenuas, porque no he hecho una investigación antropológica cultural o musical son: ¿cómo vino a dar a Masaya?, ¿por qué llegó y se instaló y generó todo un folklore que nace de ese instrumento? El folklore sólo es entendible en tanto está vinculado a la fuente que lo produce. Si vino de África, por dónde, cuándo y cómo el indígena de Monimbó llegó al mismo principio de la marimba a igual tiempo que los africanos y sin la influencia europea.
¿Por qué demeritar que un indio no pudo llegar a la marimba?
Sí, por qué no suponer que el indígena de Monimbó creó la marimba, que es una forma de ir aproximando a inventar el piano. Pero no me atrevo a hacer conclusiones categóricas porque no he hecho ningún estudio sobre este tema.
Sería la filosofía de la marimba.
Con tal que no desmarimbemos la filosofía, ja,ja, ja.
Es un tema rico para investigarlo.
A lo mejor hay investigaciones, yo no lo sé.
El profesor Bayardo Ortiz dijo que viene del África.
Sí, pero cuándo vino y por dónde, por qué no establecemos la ruta de la marimba ¡Marimbero no hay marimba, se hace marimba al tocar!
¿Salió algún hijo filósofo?
Mi hija mayor, Joana, es economista, vive en Atlanta; María Adilia es abogada; Claudia Elena y Alejandro son informáticos, graduados en Ingeniería Electrónica. Son lectores asiduos, y escriben sin publicar, cuentos y referencias breves.
¿Su esposa?
Es Giovanna, la conozco en los años 60 en Roma, cuando hago mis estudios de postgrado. Es doctora en Economía y fue profesora en la UNAN de Estadística, Economía y Teoría de la Investigación durante 10 años. Después se retiró de la enseñanza y se dedicó a pintar. Ha hecho varias exposiciones.
Son una pareja intelectual y artística.
Es peor que eso. Ella es italiana, nació en África, en Eritrea.- Se vino conmigo de Roma a Masaya.
Sí, todos los caminos llevan a Masaya. ¿Cómo le viene un tema musical?
Cada quien debe tener la propia forma de percibir el arte, el pensamiento, la literatura. Conmigo, un tema, musical o de pensamiento, de alguna forma se apodera de mi interés. Esto no cae del vacío, es algo que vi, leí, oí, y se transforma en un tema. Uno no escoge sus temas, como diría, Pirandello con sus personajes. Si se trata de música, voy al piano, y lo comienzo a trabajar, lo dejo, vuelvo, hasta que más o menos se perfila y hay una especie de identidad entre el autor y su obra, hasta que uno se siente representado en ella.
Trabajo en una idea. Ando algunos temas, iniciativa mía, como otros que son clásicos nicaragüenses como La Mora Limpia, El Solar de Monimbó, Nicaragua nicaragüita, en una pequeña obrita que le llamaría la Rapsodia Nicaragüense.

El filósofo no regatea
Es difícil ver a un filósofo en los mercados: puede dominar la dialéctica de Hegel, pero no a una vendedora del Oriental. Él dice: “Voy a los supermercados, de acompañante de mi esposa. Ayudo a llevar el carrito. Pero en precios y eso, no, a excepción de los libros. Voy los domingos, ella se ocupa de las compras, yo me voy a la venta de libros, ahí comienzo a hojear. Después llega y nos vamos. No he tenido la experiencia de regatear”.
¿Cuánto lee?
Leo diario y escribo cuando tengo un tema. No tengo horario fijo, porque no siempre tengo la inclinación a escribir, pero a veces te atrapa la idea, y podés pasar más tiempo que el habitual en la computadora
¿Qué lee? ¿Sólo de pensamiento?
Básicamente de pensamiento. Ahora leo a Karl Popper, “Ética y Democracia”.
Lee diarios, ve la televisión, ¿no le interrumpe sus lecturas?
Sí, pero el peligro que se corre es que si dejo de leer y atender eso, uno se abstrae y se refugia en una torre de marfil, y yo perfectamente podría encerrarme aquí y no salir.
Constantemente estoy en comunicación con los periodistas, igual que leo a Platón, Aristóteles a los filósofos de la Ilustración, Rousseau, Voltaire, donde tengo todo un estante, igual que los filósofos del romanticismo alemán Hegel, Schelling, igual que Marx.
¿Con ninguno se ha casado usted?
Ninguno, pero todos me han ayudado.
Pero pasó por su etapa marxista.
Mi marxismo más que marxista, diría que es el del marxólogo. Fue una búsqueda de lo que Marx podía aportarnos, sobre todo joven, desde los manuscritos económicos y filosóficos. Pero el filósofo que más me influenció fue Hegel, por un tiempo. La lectura de Marx estuvo acompañada del contrapunto de Hegel.
Dicen que Hegel estaba patas arriba y Marx lo puso derecho.
Lo cual dice Althusser que no es cierto.
¿Qué dice usted?
Creo que no necesariamente es cuestión de patas y cabezas.
Pero con Marx muchos metieron las patas
Y poco la cabeza.
¿A usted se le recordará mejor por un disco, un libro, por analista político, el candidato que fue…?
Y a la mejor puedo volver a ser, no me cerrés las puertas, ja, ja,ja… Un poco de todo. Cada una de estas etapas son partes constitutivas de la vida, pero quizás lo que se ha venido imponiendo ha sido el tema de la filosofía y el pensamiento.