Nacional

Noveno Distrito se declara “república independiente”

* Zonas más pobres de Nueva Orleáns se cansaron de esperar * Restos de devastación aún se miran por distintos lados

Nueva Orleans / EU / EFE -A falta de una respuesta eficaz por parte de las autoridades, los vecinos del Noveno Distrito de Nueva Orleans, la zona más devastada por el huracán "Katrina", han tomado el toro por los cuernos y han formado sus propias instituciones.
Resulta sencillo describir la situación en este barrio: baste con recordar las imágenes que sacudieron las televisiones de todo el mundo hace un año e imaginar esas mismas calles exactamente igual, pero sin tres metros de agua.
Coches encaramados en las copas de los árboles, toneladas de basura en las aceras, casas empotradas unas contra otras, animales muertos...
Y, en medio de la podredumbre, los supervivientes.
Una de las frases favoritas del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, al referirse al reciente conflicto entre Hizbulá e Israel, es que el grupo chií es "un Estado dentro del Estado del Líbano".
Aún sin llegar a esos extremos, los habitantes del Noveno Distrito se han organizado en redes complejas que suplen el colapso institucional para hacer llegar alojamiento, comida y necesidades básicas.
“El gobierno somos nosotros”
"Ha pasado ya un año del 'Katrina', pero aquí el Gobierno somos nosotros", indica a Efe Curtis Mohammed, uno de los cabecillas del pomposamente denominado Consejo de Supervivientes de Nueva Orleans.
Esta organización, que tiene su sede en lo que algún día fue una comisaría de Policía, ha preparado una barbacoa de pollo y hamburguesas para congregar a los vecinos y colaboradores que trabajan por reconstruir el barrio.
Kevin Flot, un carpintero de 44 años, deambula por la asamblea con la mirada perdida y la confianza de encontrar a alguien que le pueda ayudar a levantar su casa.
Flot vive desde hace meses en su coche y cuenta a todo aquel que se le acerca cómo las aguas se llevaron a su sobrino de 22 años o cómo aguantó una semana en el tejado de su casa hasta que le rescataron.
Querían llamar la atención del gobierno
"Se ha dicho que disparamos a los helicópteros para tirarlos abajo, pero lo único que queríamos era llamar su atención y que nos sacasen de allí", recuerda.
Mientras, Carmele Hardwood, una mujer de 65 años que perdió su hogar y ahora vive sola en la ciudad de Yorke (Alabama), apunta su nombre en una lista para conseguir una caravana en donde poder vivir.
"Necesito volver a Nueva Orleans, aquí se encuentra mi familia, y por mis problemas de salud tengo que venir a la ciudad cada mes, al médico", explica Hardwood señalando el marcapasos que tiene instalado.
La ironía ha querido que justo al lado de la sede del Consejo se encuentre aparcado un tráiler de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), un organismo muy criticado por su manejo de los 10,000 millones de dólares destinados a realojar a los supervivientes.
Quien viene en busca de ayuda, pasa de largo del camión, a lo más le lanza una mirada despectiva, y se dirige directamente al anciano Mohamed o bien a alguno de los jóvenes cooperantes que se han desplazado de todas partes de EU para echar una mano.
Es muy difícil calcular el descrédito que sufren las instituciones en estas calles. La otra cara de la moneda se encuentra a unos diez minutos en coche.
Superdome sí fue prioridad
El estadio Superdome, otra imagen de la infamia y la devastación, ha recuperado prácticamente su aspecto, después de que más de 25,000 personas se refugiasen en él durante semanas enteras.
El gerente general de la empresa que gestiona el estadio, Glenn Menard, estuvo varios días encerrado en el Superdome, tratando de coordinar el caos en medio de unas temperaturas infernales.
Menard se felicita por la rápida reparación de lo que considera "uno de los símbolos de la ciudad", que ha costado un total de 185 millones de dólares. El 90 por ciento de este importe ha sido financiado por el FEMA.
Muchos en el Noveno Distrito no entienden por qué el estadio donde juega el equipo de fútbol americano de los Nueva Orleans Saints ha recobrado tan pronto su normalidad con las ayudas públicas, mientras que miles de personas ni siquiera han podido regresar a sus hogares.
Menard se defiende de esas críticas y argumenta que el dinero para la reconstrucción del campo no sale de la misma partida que las subvenciones para alojamiento, y que, además, la vuelta de los Saints a la ciudad será un buen reclamo para que regresen el turismo y la normalidad.
Ha pasado un año ya en Nueva Orleans de lo que aquí llaman "la Tormenta", para evitar decir el maldito nombre, pero la reconstrucción continúa siendo de dos velocidades.