Nacional

“Héroes en abandono”, recrimina Hugo Torres


Edwin Sánchez

El general en retiro Hugo Torres denunció que los integrantes del Comando “Rigoberto López Pérez”, originarios de Monimbó, León y Chinandega, sufren grandes penalidades materiales, mientras el FSLN da la impresión de querer borrar de la memoria histórica este fundamental capítulo de la insurrección nicaragüense.
“Como la dirección del Comando, integrada por el Comandante “Cero”, Edén Pastora, y la Comandante “2”, Dora María Téllez, estamos fuera del FSLN y no acatamos los designios de su caudillo Daniel Ortega, hay un interés de esa organización en borrar de la memoria histórica esta gesta heroica”, reveló Torres a EL NUEVO DIARIO.
El ex líder guerrillero lamentó, además, que las causas que motivaron la acción siguen vivas y latentes. “La pobreza no sólo se mantiene, sino que ha crecido. El 80% de la población vive por debajo del nivel de pobreza, y de ese porcentaje, el 45% por debajo de un dólar al día. Los niveles de insalubridad son terribles. El desempleo es enorme y creció el índice de analfabetismo”.
“Todas esas causas que eran los motivadores para meternos a la lucha contra la tiranía de los Somoza, aun a riesgo de la vida, se encuentran presentes hoy en día.
“Pensamos que íbamos a enterrar ese pasado y construir una Nicaragua libre de todas esas lacras, con verdadera democracia, participativa principalmente. Por desgracia, la historia que tuvimos después no permitió llevar adelante ese proyecto, por el empeño de Reagan de derrocar al régimen sandinista, y por la guerra y los errores cometidos. Eso significó, además, la división de la familia nicaragüense, sumir al país en una terrible crisis económica”, rememoró.
Los excluidos
El General subrayó que “lo más difícil de admitir es que después de 16 años del fin de ese conflicto, no sólo se mantengan esos índice de exclusión de las mayorías, sino que se ha profundizado. Hay una deuda pendiente de los revolucionarios, en primer lugar, y de la gente sensata con cierto grado de patriotismo y de amor a Nicaragua, para poder redimir al pueblo de Nicaragua de toda esa pesadilla”.
¿No será que hay una burla de la historia, donde ese pasado que habla, más bien enterró la utopía?
Creo que la utopía está viva, porque a las utopías no es posible enterrarlas. En tanto haya cosas por hacer, aspiraciones por concluir, sociedades a perfeccionar, sistemas a ser cambiados por otros mejores, la utopía seguirá viva.
La aspiración del ser humano es mejorar cada día. Si no, no habría llegado el desarrollo en las ciencias y las tecnologías, pero sobre todo en normas morales, en ética. La humanidad ha logrado alcanzar esto hoy en día a grandes costos, luchando contra fuerzas conservadoras, contra el pasado, contra los privilegios de castas y de elite, que tratan a toda costa de mantenerse gozando de los mismos. Pero a veces da la impresión de que se retrocede, y a veces no sólo es impresión.
Esta pregunta es para el “Número 1” del Comando “Rigoberto López Pérez”: Es una fecha que el Frente Sandinista parece haberla borrado de su calendario, y por otra parte el Estado, administrado por liberales o conservadores --según su perfil actual--, tampoco ha aceptado esta efemérides. Ustedes, protagonistas y héroes, ¿se sienten huérfanos en la historia al ver que semejante acontecimiento que estremeció no sólo a la dictadura sino al mundo, no tenga reconocimiento oficial?
Lo más lamentable es que la conducción del Frente Sandinista se haya olvidado de una fecha como ésta, por una visión política que en nada se diferencia de la visión de los conservadores y liberales tradicionales, y hasta da la impresión de que quisieran borrarla de la memoria histórica, sólo porque la jefatura del Comando no está en las filas del FSLN, y en la actualidad no acompaña los designios de su caudillo.
Es muy triste, pero lo más triste es que los muchachos, pobladores humildes de Masaya, León y Chinandega, están en el más completo abandono, y en el abandono político que es lo peor. A veces los compañeros reclaman atención política, que sepan que existen. Y si bien es cierto que son miles y cientos de nicaragüense que podrían tener estos reclamos, a los cuales no es posible llegar con la misma intensidad, hay casos que por la relevancia de las acciones y por la importancia en el momento en que se dieron, la trascendencia que tuvo el resultado de la misma como el asalto del Palacio, deberían gozar de una atención simplemente decente.
Y en sentido material pasan grandes penalidades. Yo a veces ayudo a algunos, sé que Dora María ayuda a otros, y Edén también, en la medida de nuestras escasas posibilidades. Pero oficialmente no hay ninguna atención por parte de la conducción del Frente. Creo que atienden más a los aliados de la ex Resistencia, a los aliados conservadores y socialcristianos, que a estos muchachos integrantes de aquel Comando heroico y que dio lugar a que se desencadenaran las fuerzas de la insurrección. Entre el asalto al Palacio y el derrocamiento de la dictadura no hay siquiera un año. Fue una acción tan estremecedora que la dictadura no se logró recuperar de los resultados de la misma, y dio lugar a que creciera en la población la confianza en el Frente. A estos muchachos, protagonistas de esta gesta heroica, la conducción del FSLN los tiene hoy en el más completo abandono.
En el Ranchón de ALMA
Pero ahora, por un asunto de efecto político, podrían apadrinar a estos integrantes del Comando. ¿Qué puede decir de eso: sería algo sincero o un cálculo electoral?
La pregunta es tan interesante que da lugar a una reflexión muy profunda: ni siquiera por oportunismo electoral lo están haciendo. Pareciera que no está en la voluntad de la conducción del FSLN y que no le dan la mayor importancia a estos compañeros, y al mismo hecho hasta de poderlos utilizar, tal como me lo planteás, en términos oportunistas electoreros. Sé que van a tener una actividad en el Ranchón de la Alcaldía mañana (ahora), y esto se presta a manipulación porque ahí va a estar el alcalde Nicho Marenco, con seguridad, y van a tratar de relacionar la asistencia a un convivio que se ha hecho todos los años con carácter estrictamente familiar y de hermandad, para compartir un momento juntos. Podrían y tratarían de convertirlo en un evento político a favor de Daniel Ortega
Si tuviera la potestad como en el libro de H.G. Wells, de retroceder antes del 22 de agosto del 78, ¿qué le diría a estos muchachos, cuando ya sabe que las cosas se empeoraron 28 años después? “¿No se metan?”
Es un caso novelesco, volver del futuro con toda la experiencia de los 28 años, al pasado anterior a la acción, no les diría eso. Uno tiene que vivir su vida como la siente, como la percibe en un momento determinado. Si uno supiera lo que va a pasar dentro de 20, 30 años podría con seguridad hacer mejor las cosas que en el presente, y tomar las precauciones debidas para que las cosas buenas del presente no se transformen en las cosas malas del futuro.
Les diría a los muchachos: “Vivan la vida como ustedes lo sienten”. Cada quien es producto de sus propias circunstancias.
Pero digamos, si les diera un consejo a los muchachos del Comando, volviendo hoy antes del asalto, y les dijera: “Miren, Daniel Ortega va a cambiar, la cúpula del Frente va a cambiar, se van a convertir en aliados de Arnoldo Alemán; se van a olvidar los ideales de Sandino que no reclamó ni un palmo de tierra para su sepultura, se van a olvidar de los ideales de Carlos Fonseca”.
Me creerían loco si les dijera todo eso, si pudiéramos regresar en una máquina del tiempo. Con todo, nosotros no luchamos por personas determinadas, sino por ideales, por un programa para el pueblo de Nicaragua.
La calidad de los rehenes
En torno al asalto, existió una línea de presión sobre Anastasio Somoza Debayle para caerle al Palacio.
Asaltar el Palacio, a pesar de sus dimensiones, no era tarea difícil para cualquier ejército, aun para un ejército tan malo como el de Somoza, porque lo agarraban a tanquetazos, derribaban las puertas y entraban con apoyo aéreo.
Pero es que la fortaleza de acciones como la del Palacio no estaba en la capacidad militar de resistir, sino en la calidad de rehenes que teníamos. Era nuestra principal fortaleza para obligar al dictador a aceptar las exigencias del comando.
Hubiera habido una mortandad terrible, posiblemente miles de personas en ese contra asalto, y hubiera tenido por tanto Somoza y su gobierno que cargar con ese costo político de semejante matancina.
Eso a lo mejor hubiera acelerado el derrocamiento de la dictadura. Nosotros confiábamos en que si bien era loco, no iba a ser tan insensato ni sus asesores tampoco para ceder a las presiones de los sectores más duros de la Guardia Nacional y lanzarse contra el Palacio.
Cuando salió directo al Palacio, como individuo, ¿qué sentía, qué pensó el martes 22 de agosto?
En primer lugar, estaba tan preocupado porque la parte del comando que yo jefeaba cumpliera bien con su misión, que no tuve tiempo para pensar en mí mismo.
Estaba dando instrucciones, diseñando la estrategia, la parte táctica que nos tocaba llevar adelante a nosotros.
Sí pensé en el trayecto, ya cerca de Tipitapa en dirección hacia las ruinas de Managua, en las motivaciones de nuestra lucha y por qué me había metido a esto, y me di cuenta de lo grande de esta causa que nos había llevado a meternos con decisión, pero sobre todo con entusiasmo, sabiendo que podríamos morir en la lucha para derrocar a la tiranía en cualquier momento. Era como un primer paso para poder empezar a construir esa Nicaragua linda, distinta, como la habíamos soñado.
Pensé en Carlos Fonseca, en Sandino, en el Che Guevara, en los grandes héroes, en mujeres como Arlen Siu. Hice un recorrido rápido, mental, mientras seguía dando instrucciones.
La verdad es que junto a la tensión de los nervios de alguien que va a llevar adelante una acción de esta envergadura, además tiene bajo su responsabilidad a los hombres de su comando para que también cumplan a cabalidad con las instrucciones, sabiendo que todos ellos están sufriendo la misma tensión nerviosa que uno como jefe está pasando. Aun así nos quedaron algunos segundos para pensar en estos nobles ideales. Eso nos empujó a que la acción saliera bien, creo que mejor de lo que habíamos pensado.