Nacional

“Aquí Dios está más cerca”


Edwin Sánchez

Debieron pasar 800 años para que pudiéramos estar aquí, tan cerca de Chiquilistagua, pero tan lejos del siglo que hemos conocido, metidos casi en el Medioevo europeo, en una versión de lo que Santo Domingo de Guzmán entendía por compromiso cristiano: una organización completamente de mujeres apartadas de los ambientes mundanos y entregadas en cuerpo y alma a la vida contemplativa.
Cuando el portón metálico, negro, se abre, aparece una amplia escena arquitectónica y en su primer plano una iglesia que todavía huele a nueva y que sin atender al diseño gótico participa del aire medieval que sopla por estos lados para darle al Monasterio Santa María de Guadalupe un toque de acabada grandeza espiritual.
¿Por qué 800 años? Porque no existieran aquí estas damas ni END buscando sus palabras si acaso Santo Domingo hace tantas centurias no se hubiera enfrentado a los cátaros y lo que él llamó “las herejías” en el sur de Francia. No estamos al sur del país galo, pero sí de Managua, en el kilómetro 13 carretera vieja a León y las herejías no son como antes, sino más modernas, cotidianas y hasta agradables para muchos, por eso es necesaria tanta oración.
Como sea, estamos entre un mundo y otro, y nadie nos recibe, sino un melodioso cántico y éste nos va llevando poco a poco al templo y yo cuento, en una nave unida a la izquierda del altar, casi a una religiosa por cada siglo transcurrido, y todas entonan salmos, están ubicadas en un correcto orden, formando un cuadro, frente a frente, sin despegar la vista de las letras de sus cánticos ni el alma del arte. El órgano suena con el talento de quien será, con distancia de por medio, nuestra anfitriona: Sor Catalina Valle Delgado, y no hay ruido, sino un silencio que se une al arpegio de voces gregorianas.
No será sino hasta después de concluidos los salmos que Sor Catalina nos atenderá en una sala dividida por lo que a simple vista sólo es una baranda. Al lado hay unas sillas donde las visitas deben esperar. La religiosa luego aparece, y yo esperaba que abriera el cerrojo y también tomara asiento, pero ella se queda al otro lado, como lo han hecho desde el año 1206, distante, de verdad, separada de nosotros y del segundo milenio. Las monjas contemplativas son así. Ellas viven lo que llaman “clausura”.
La clausura
“Como monjas dominicas contemplativas tenemos: la oración, la vida comunitaria, el estudio, los votos. Todo esto vivido desde nuestra clausura en un clima de trabajo y silencio. Respecto a nuestra clausura, no es una ruptura con el mundo, sino una manera de traer el mundo a nuestra oración y presentarlo a Dios con sus alegrías, dolores y esperanzas”, nos expone Sor Catalina, leyendo las palabras de un documento preparado de antemano, pero yo busco respuestas más frescas, aunque la orden lleve casi un milenio tratando de remediar al género humano.
Al indagar sobre ella veo que a esta mexicana de Jalisco le resulta difícil cambiar el “nosotras” por el “yo”; lo que entraña su orden y el “¡Ay Jalisco no te rajes!”, que se me sale nomás la oigo identificarse y la baranda empieza a funcionar: resume los siglos y credos y costumbres que nos apartan. Se queda seria, pero ella hace el esfuerzo y nos confiesa los motivos de haber dejado “el mundo” hace 26 años, diez de los cuales son capítulos entregados a Nicaragua fuera de los reflectores de la publicidad:
“Mi deseo era entregarme toda al Señor por el bien de la humanidad, lo cual algunas personas no concebían la idea de que si quería ayudar a la humanidad para qué me iba a encerrar. Yo les decía: `Es grande mi anhelo de poder llegar a todas las personas, pero de misionera no voy a llegar más que a un grupito concreto`. Soy más ambiciosa, y desde la oración llegaría a todas las personas”.
¿Implica mucho sacrificio apartarse del mundo o fue algo normal tomar esta opción?
Creo que Dios llama a cada quien y nos da los dotes. En mi caso, me pregunté: ¿qué es lo que yo quiero? ¿Cómo puedo realizar mi vida?, porque pensé que todo esto lo podía lograr de otra manera: ¿quiero matrimonio? ¿quiero irme de misionera?, y claro, cuando opté por este estilo de vida, no se me hizo pesado. Me siento contenta y feliz.
“En Nicaragua Dios está más cerca”
¿Cómo ha sido la relación con los nicaragüenses?
A través de este contacto con los nicaragüenses me ha hecho descubrir la cercanía de Dios, otra manera diferente del concepto que de Él yo tenía. Nunca me imaginé tener una experiencia de Dios diferente a la cual yo tenía en México. Aquí es un Dios más cercano, tan cercano con el ser humano, que muchas veces ponemos nosotros como normas, como cuestiones morales que nos alejan de la realidad de ese Dios tan cercano en Nicaragua que me ha hecho sentir y venir y estar contenta con Él, en el cual yo creo y por el cual yo quise dar mi vida no para mí, sino para Él, en bien de la humanidad.
¿Qué hace una hermana para divertirse?
Yo pienso que la alegría sale de uno mismo, entonces, ¿cómo siente uno eso desde la experiencia de ese Dios que es vida y es alegría? Uno en las pequeñas cosas que realiza realmente nos parece bien, porque de todas hacemos una fiesta. Incluso en los momentos difíciles, cuando fue el huracán Mitch, que fue muy duro, y las personas que estaban con nosotras hacían fiesta. ¿Por qué cantan? ¿Por qué se alegran?, preguntaban. En los tiempos difíciles no debemos estar preocupadas porque Dios está ahí.
Nosotros tenemos un momento de recreación: unas veces jugamos, otras lo que podamos hacer, pero ya es cosa de nosotras. No estamos buscando quién nos puede dar la felicidad, sino que nosotros la tenemos ya por esa manera de vivir, en esa confianza plena en el Señor.
“Nuestra vida es real”
¿Ustedes viven una vida como que ya están en el cielo?
La vida de la monja es una vida humana, real, no se sale de la situación del mundo, porque no porque estamos en la contemplación estamos salidas de la realidad del mundo. En este estado estamos como más abiertas a sentir lo que el Señor siente por su humanidad. Y al estar más abierta a través del estudio y el contacto con las personas, a esa realidad de Dios hacia la humanidad, entonces nos compromete y, claro, a veces nos hace distintas, sentirnos incapaces o cuestionarnos unas con otras o incomodarnos incluso.
Dentro de los religiosos se aspira el ascenso, de sacerdote hasta Papa, pero dentro de las religiosas, ¿cuáles son sus aspiraciones?
En la orden puedo decir que no hay una jerarquía sino una igualdad, porque no fue fundada para aspirar a eso, sino dedicarnos al servicio de los demás. En nuestra comunidad hay una priora que es la encargada de toda la comunidad, pero la rotamos, no es que ella dura en el puesto. Cada tres años vamos cambiando. Yo hace menos de tres años era priora y ahora soy servidora de las demás hermanas.
Cuando una priora termina es igual que las otras: el mismo oficio, el mismo cargo.
En el mundo, digamos, hay mujeres que reclaman que por qué no puede haber una sacerdotisa que oficie la misa, ¿cuál es la percepción suya?
El querer hacer eso es como tratar de tener un prestigio, un reconocimiento. El querer aspirar a ser sacerdotisa es querer vivir lo que Jesús vivió, si fuera así yo no estaría en contra de que la mujer estuviera dando servicios.
¿El sacerdocio más alto que puede hacer una religiosa es vivir el sacrificio de Jesús?
Vivir el amor de Jesús lo podemos hacer sin necesidad de llegar a ser sacerdotisas y algún día hasta Papa, sino que lo podemos hacer en el día a día, dándole un servicio a los demás.
¿Ésa es una ambición muy humana?
Para mí sí, porque yo creo que vivir la vida de Jesucristo no es para aspirar a un cargo, sino prestar un servicio concreto a la humanidad. Eso lo podemos hacer sin ningún cargo, sin ningún prestigio, sino únicamente con el alma.
¿No busca el prestigio?
Uno a veces como humano puede hacerlo, pero de buscar el prestigio pues no, por eso nunca peleamos aparecer en medios de comunicación. Para mí es algo tan valioso nuestra vida, nuestra oración; ello tiene sentido y vale aunque no seamos conocidas.
El día de una monja
El día de una dominica está dividido en horarios antiguos. Normalmente se levantan a las cinco de la mañana, se hace el toque y se preparan. A las cinco y media todas juntas llegan a la capilla, donde empiezan las oraciones; si hay oficio, laude, sino, continúan con media hora de oración y luego la misa. Eso dura hasta las 8:15 de la mañana. De ahí salen para hacer la limpieza del monasterio.
“A las nueve vamos a desayunar. Vuelven a tocar para rezar otra hora, llamada La Tercia, de ahí nos vamos al trabajo. Unas hacemos ostias, otras, ornamentos de los sacerdotes, que es en lo que trabajamos y por eso nos pagan.
A las 12 y media tocan para empezar La Sexta, de ahí salen en 10-15 minutos y van al almuerzo. Luego practican la vida comunitaria en recreación, todas juntas, porque antes estuvieron cada una separadas en silencio, trabajando.
“A las dos tenemos una hora de descanso. A las tres volvemos a otra hora intermedia, y que son tres horas y se llama La Nona donde volvemos a rezar. De las tres a las cuatro y media tenemos estudios diferentes, sea de canto, liturgia, y algún otro tema. Luego a continuar el trabajo hasta las seis de la tarde, rezamos una parte del Rosario, y a las seis y media cantando vísperas, media hora de meditación. De ahí salimos a la cena, y a las 8:15 se lava la loza y hasta las nueve otro rato de recreación juntas”.
A las nueve de la noche se dedican a la última hora de oración que se llama Las Completas. Se cantan unos salmos y por último se canta a la virgen, a la orden, un himno al fundador Santo Domingo de Guzmán y finalmente se retira cada una a sus celdas. Estudian un poco y luego descansan.
¿No ven televisión?
Dos veces a la semana, noticias nacionales e internacionales.
¿Ni telenovelas?
No, sólo lo informativo. Si vemos la televisión es por ver las noticias.
¿En estos 26 años no tambaleó su fe?
Cómo no, tuve algunos momentos en los cuales pude aclarar, pude volver a hacer un cuestionamiento sobre mi vocación por diferentes motivos, y claro ¿qué es lo que está ocasionando que quiera dar un paso atrás de lo que ya di antes? Y lograr salir adelante. El llamado de Dios es algo muy especial y muy exigente, porque a veces cuando uno se enfrenta a una exigencia, quiere dar un paso atrás, pero si uno se posesiona del primer momento, del primer llamado, de la primera toma de decisión, uno dice: no, no tiene sentido. Uno empieza a cuestionar y valorar y te dan más ganas de seguir adelante.
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