Nacional

Cultura de la resignación


Edwin Sánchez

La sociedad nicaragüense ha entrado a una especie de cultura de la resignación, donde todo lo soporta, y, como señaló el académico Norberto Herrera, junto con “las culturas de la violencia y el yoquepierdismo, está la del desprestigio”, que se promueve desde las casas de campañas en un año electoral. “Esto nos puede llevar a un caos”.
La coordinadora de la Red de Defensa de los Consumidores, Ruth Selma Herrera, consideró que este fenómeno es muy grave: “Una cierta cantidad de personas que tienen la capacidad de identificar los problemas los denuncia, hacen críticas, pero en su comportamiento cotidiano, no son tenaces para cambiar las causas de estos problemas”, dijo.
Precisó que hace falta contar con una base educativa, de información que ayude a la sociedad en su conjunto a “poder cambiar el sistema político, judicial, los hábitos que de manera cotidiana hacen difícil la vida en este país; cambiar el sistema educativo en las universidades y formar profesionales y técnicos con una conciencia crítica y capacidad propositiva distinta”.
Advirtió que la sociedad, de seguir como está, no va a encontrar soluciones a los problemas “si sólo nos quejamos y no tenemos capacidad de actuar de manera consecuente en lo cotidiano y en los grandes temas que ocupan al país”.
El alto porcentaje de analfabetismo es una razón para preocuparse, porque al no saber leer, por tanto no conocen sus derechos, dijo Ruth Selma. Sin embargo, destacó que más preocupante es ver que bachilleres, técnicos y profesionales no conocen las leyes y sus derechos. Si a este segmento se le suma a los analfabetas, hay una gran cantidad de nicaragüenses que saben que la están pasando mal, que se está violentando sus condiciones de vida, pero no saben identificar qué hacer.
Directos al caos
El doctor Norberto Herrera, sí identificó tres situaciones: 1) Cultura de la violencia. En el mismo END aparece el caso de un apuñalado. La dueña del local dijo que “no hubo ninguna trifulca”, es decir, que lo matan calladito. El asesinato ya no es un escándalo.
2.- Luego se ve una cultura del yoquepierdismo, y una cultura de la resignación. 3) y una cultura que veo venir: la de la descalificación. No se busca el mérito de quien apoyamos, sino el desprestigio del rival. En un año electoral, estas “culturas” juntas nos pueden llevar a un caos excepcional.
Ruth Selma manifestó que “en la sociedad, de manera rápida y masiva deben darse a conocer sus derechos y que permitan ejercitarlo para empezar, a través de la experiencia, que los demás lo vayan aprendiendo”.
Indicó que el empresario sólo conoce lo que le conviene, y no lo que le conviene a sus clientes. Los diputados aprueban leyes que después olvidan y no las presupuestan para hacerlas cumplir.
“Los funcionarios públicos en general son desconocedores de los derechos de los consumidores, y pasan por un cargo sin pena ni gloria, luego viene el gobierno siguiente y no pasa nada”.
Romper la inercia
Urgió hacer algo para romper esa inercia con la cual se van dando los acontecimientos. De manera cotidiana suceden cosas que deben irse respondiendo. La sociedad debe prepararse, desde algunas instituciones y espacios que ya existen.
Señaló que a diario se ve la alta capacidad de tolerancia de la gente que aborda el transporte colectivo: permiten que el conductor los maltrate, les grite, que vaya en las calles o carreteras compitiendo con otro chofer en una carrera mortal. La gente deja que se le apiñe en el vehículo y se deja tratar como carga, sin que diga o haga algo para parar estos abusos.
“Si vas a un banco, los banqueros, por mucho dinero que ganan, no ponen más ventanillas para hacer fluidos los trámites. Pocas cajas y larguísimas filas porque no quieren contratar a más personal ni trabajar hasta las seis de la tarde. Es decir, aquí se sacrifica al ciudadano porque el chiste es generarle ganancia, rentabilidad a los banqueros y no tratar bien al cliente”.
¿Estamos ante un país de resignados?
Todavía no, creo que son desinformados, no conocen sus deberes, no logran agarrar la confianza de que como ciudadano hay leyes, normas, valores que los deben llevar a reclamar. Pero hay una actitud de pasividad que no sólo puede convertirnos en un país de resignados, sino de masoquistas: acostumbrarnos a que las cosas están mal, y que la calidad de vida debe ser así.
Aquí un pequeño sector tiene respuestas para todo y rápido; es el capital organizado, como grupos económicos que saben lo que quieren, tienen contactos con la clase política, saben moverse, y tienen información de manera privilegiada y oportunista, dijo.
¿Y los ONG?
En este país hay miles de ONG haciendo capacitación, proyectos, en contacto con la sociedad. Son miles de dólares que reciben estas instancias de la sociedad civil, pero capacitan sobre temas puntuales, y en cambio la cultura ciudadana hay que construirla, dando elementos integrales. No puede ser que alguien haga labor de transformación si el entorno en que está no le perturba, cuando hay tanta agresión a los ciudadanos.
Universidades gradúan en indiferencia
Asimismo, Ruth Selma dijo que una gran responsabilidad tienen que asumir las universidades, porque hasta ahora en vez de formar ciudadanos que piensen, propongan, critiquen, están graduando ciudadanos pasivos, tolerantes e indiferentes.
¿Y los morterazos,
no son una respuesta acaso?
Justamente, creo que no bastan los morteros para asegurarse el 6 %, sino cómo se invierte, qué se produce, en términos de los seres humanos formados con ese 6%.
Los profesionales que egresan no conocen sus derechos, y hay miles de abogados que no tienen suficiente conocimiento para ejercer el derecho administrativo, tan necesario para defender a la población, pero como nunca ha sido negocio defender a los pobres, los abogado son se forman en esta materia.
Las universidades parece que forman ciudadanos para que vayan a trabajar a otro país. Organizan sus planes académicos como dentro de una burbuja de vidrio, cuando el egresado deberá salir luego a la “selva” donde se violentan todos los derechos.
La tarima “Bravha”
Citó el caso de la tarima de la cervecería “Bravha”. Ahí, dijo, se vio negligencia, impericia, una serie de faltas, de delitos que los tipifica el Código Civil. Las personas lesionadas no acudieron en demanda por los daños que les provocó. Al final, sucediendo lo que le pasó a una joven, se ve que “no pasó nada”.
Inoperancia del Estado
Para el doctor Norberto Herrera las cosas empeoran no sólo en el Estado, sino que se ha instalado un yoquepierdismo en el sector privado. Recordó que quiso hacer gestiones en el Registro Público en un día normal, laboral, y estaba cerrado “por encajonado”. Lo mismo le pasó en el Seguro Social.
“Todo se paraliza y no decimos nada, mientras otros se dan la dolce vita, se van a la vagancia.
“Debemos buscar maneras y formas nuevas de organización, porque las formas políticas actuales están desgastadas y esa es la indiferencia que vemos en alguna gente”.
“Uno cada día está conviviendo con la cultura de la resignación y la violencia, y una más: la cultura de la irresponsabilidad, tanto del sector público como del privado”.