Nacional

Invasión politiquera de Gritería Chiquita

* Una vez más, como en los últimos 59 años, los leoneses fueron generosos y regalaron lo que pudieron en todos los altares

Marianela Flores

LEON
Centenares de ciudadanos se volcaron a las calles para participar de la “Gritería Chiquita”, celebrada en la ciudad de León desde hace 59 años. El obispo, monseñor Bosco Vivas Robelo, durante la inauguración oficial de la festividad en la iglesia Catedral, pidió a la Virgen que iluminara el corazón de los nicaragüenses en las próximas elecciones para escoger al candidato más adecuado, y recordó el éxodo vivido por la ciudadanía cuando el Cerro Negro no dejaba de arrojar cenizas sobre la ciudad colonial.
Frente a la atención de personalidades leonesas y el humilde pueblo reunido frente a la insigne Catedral, gritó: “¿Quién causa tanta Alegría?”, orientando con su grito el sonar de las campanas y la quema de pólvora en la plaza central.
Este año, el “primer grito” fue a las siete de la noche debido al cambio de hora, aunque desde las seis en los barrios y repartos, la gente abrió sus altares. La concentración de turistas fue notoria, y la llegada de grandes cantidades de ciudadanos del campo con sus mochilas también se mantuvo.
“Todos los años venimos temprano al parque San Juan a esperar que empiece el repique de las seis y empezamos el recorrido, aunque después nos vamos a pie en la noche hasta nuestra comarca”, indicó Pedro López, de Chacaraseca.
La repartición de chicha, gofios y matracas fue parte de la variada “gorra” que recogieron los que visitaron los altares, que aunque no tuvieron la vistosidad de los del siete de diciembre, demuestran el arraigo de la tradición en el corazón de esta ciudad.
Candidatos aprovechan todo
En la apertura no faltaron algunos de los candidatos a la presidencia que estuvieron en primera fila, desde la homilía hasta la quema de pólvora y el baile de La Gigantona. “Desde pequeño he venido a esta fiesta, mi madre en mitad leonesa. Debemos apoyar a León para que mantenga su cultura”, manifestó Eduardo Montealegre, candidato por el ALN.
En tanto Edmundo Jarquín, del MRS, mantuvo el discurso sobre la importancia de devolver a Occidente la vitalidad económica de la década de los sesenta. Todos aprovecharon para vender su imagen. Algunos hasta se rodearon de seguidores con camisetas proselitistas y no defraudaron a ninguna de las madres que se acercaron con sus hijos para que el posible presidente los abrazara.
El candidato del PLC, José Rizo, llegó desde temprano con un grupo de simpatizantes y se mantuvo pendiente de ocupar los puestos más visibles al lado del obispo. Los grandes ausentes fueron los candidatos del FSLN y AC.