Nacional

La otra cara de los lácteos

Las plantas nicas certificadas denuncian la competencia desleal del contrabando que les quita mercado, y el hecho de que en las fronteras salvadoreñas sea más fácil que entre producto ilegal que uno inocuo y en regla

Un camión con productos lácteos elaborados en León, Nicaragua, entra a El Amatillo, La Unión. Los agentes de aduana inspeccionan la carga y descubren que el vehículo trae seis mil libras más de lo declarado.
Aduana retiene el producto durante 15 días, multa a Luis Roberto Cruz Molina, representante salvadoreño de la empresa que fabricó los lácteos, y le da “una segunda oportunidad”.
Ese mismo día, el 15 de septiembre de 2005, la Cooperativa Pecuaria de Servicios Productores de Occidente (Copeseproc) rompió relaciones con Cruz Molina.
Para sustituirlo, nombró como su representante a Rogelio Emeldo Reyes Granados en diciembre. La elección trajo graves consecuencias, pues Reyes resultó involucrado en otro caso de contrabando en marzo pasado. Al inspeccionar su vivienda, la PNC encontró viñetas con el logo y el nombre de “Lácteos Colonial”, marca con que se comercializa el producto de Copeseproc en nuestro país.
Desde entonces, las autoridades salvadoreñas suspendieron el permiso que Copeseproc tenía para exportar a El Salvador. Mientras tanto, un juez local dio por sobreseído a Reyes y la Policía lo recapturó en junio.
Los directivos de Copeseproc afirman que este hombre hizo mal uso de su permiso de exportación. Roberto Reyes Fuentes, presidente de la cooperativa, afirma: “No estamos en contra de la actuación de las autoridades salvadoreñas, pero que no nos incriminen a nosotros”.
Reyes Fuentes explica que antes de que se les cerrara el mercado salvadoreño, la planta de Copeseproc procesaba 2 mil libras de morolique al día, y de 34 mil a 39 mil libras al mes.
Además, generaba 600 empleos indirectos y procesaba la leche de los hatos propiedad de sus 60 miembros.
Actualmente, la planta está parada, la leche se la beben los becerros y en las bodegas hay 51 mil libras de queso morolique y quesillo que no puede ser comercializado en Nicaragua, pues no son del gusto de sus habitantes.
El presidente de la cooperativa asegura que su representante se aprovechó de la confianza que en él depositaron. Pero, además, cree que el sistema por el cual llega el producto lácteo nica hasta nuestro país está viciado.
Reyes Fuentes asegura que mientras la cooperativa estuvo buscando quién los representara en El Salvador, y manejara el permiso de exportación que estaban gestionando, escuchó muchas veces decir: “Si no me das a mí la representación, esa certificación no sale”.
Respecto al caso de Copeseproc, el Ministro Agropecuario y Forestal de Nicaragua Mario Salvo, afirma: “Si ellos tienen un problema con permisos y con sus representantes en El Salvador, de que no jugaron limpio, el Ministerio no va a meter la mano nunca”.
Los que están en regla
Lavarse las botas y sumergir las suelas en un pediluvio con concentración de 400 ppm de cobre es lo primero que hace un visitante a punto de entrar a la planta de producción de El Triunfo.
Luego, tras ponerse una gabacha, gorro y tapaboca, el visitante se lavará con jabón yodado las manos y el antebrazo (hasta el codo) y acatará una lista de siete requisitos y prohibiciones.
La planta, instalada en el municipio de Nueva Guinea, en la Región Autónoma del Atlántico Sur de Nicaragua, es propiedad de un hondureño, está certificada para exportar quesillo a El Salvador, y el pasado 17 de junio, la FDA de Estados Unidos inspeccionó sus instalaciones.
Según su gerente de producción, Ermes Quintanilla Corea, en El Triunfo “todo lo que entra en contacto con el lácteo en proceso es de acero inoxidable grado alimenticio”.
De las 25 plantas autorizadas para exportar a nuestro país, El Triunfo y Lácteos Nueva Guinea fueron las únicas que El Diario de Hoy pudo visitar sin restricciones.
Otras a las que se solicitó la entrada por medio de la Cámara de la Leche de Nicaragua, argumentaron estar en período de mantenimiento o simplemente negaron el acceso. “No es tan fácil entrar a las plantas”, es la frase que más veces se escuchó de boca de diferentes fuentes.
El técnico Jaime Rosales explicó que los queseros nicas son susceptibles, y que el temor al espionaje entre pares los vuelve recelosos y desconfiados. No obstante, “quien no le deja entrar en su planta es porque algo esconde”, advirtió Rosales.
Sin embargo, no sólo el temor al espionaje industrial genera anticuerpos en los productores nicaragüenses.
Quienes respetan las reglas y exportan con permisos otorgados por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) salvadoreño y bajo la mirada vigilante del Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor) de Nicaragua, temen a la competencia desleal de quienes introducen en El Salvador queso artesanal y al mal uso que ciertos representantes hacen de los permisos de exportación.
Pero también se quejan de que por apretar el cerco a los traficantes, las autoridades salvadoreñas terminan apretándoselo a quienes respetan las reglas fitosanitarias y fiscales.
Los hermanos Mario y Miguel Benítez son propietarios de Lácteos Nueva Guinea. Oriundos de Santa Rosa de Lima, se iniciaron en la producción de queso artesanal hace 14 años, y desde hace cinco vienen invirtiendo en adquirir tecnología para que su planta cumpla con todos los estándares de calidad exigidos por las autoridades salvadoreñas.
Igual que en la planta El Triunfo, en sus instalaciones todos los implementos que tienen contacto con la leche, la cuajada y el queso son de acero inoxidable y con grado alimenticio.
Según Mario, desde que El Salvador puso por regla la pasteurización el negocio se complicó, pues el consumidor de nuestro país prefiere el sabor de los quesos elaborados con leche no pasteurizada. Sin embargo, Benítez cree que el acoso de la policía a los productores certificados ha hecho que la gente vaya aceptando el producto poco a poco. Sin embargo, advierte que “todavía hay mucha gente que prefiere el queso artesanal porque sabe mejor”.
La travesía que sigue el producto en regla es casi tan larga como la que sigue el queso artesanal. Benítez explica el trayecto: “Nosotros, por ejemplo, cargamos ahora (viernes) a mediodía. Hay que pasar certificando esa carga por el Magfor. Luego vamos hasta la aduana de Somotillo (Guasaule) y después por El Amatillo, llegamos a El Salvador. Si llegamos temprano, inmediatamente vamos donde nuestros compradores para distribuir el producto”, afirma.
Obstáculos y puntos ciegos
En El Amatillo, los camiones con mercadería son enviados a una zona habilitada para que los empleados de aduana los inspeccionen. El domingo 6 de agosto, a las 8:20 pm, a los conductores de cuatro camiones los mantienen parqueados en la zona de revisión. El personal de la aduana está lejos.
Y los conductores se sostienen la barbilla dispuestos a esperar el tiempo necesario. Uno de los motoristas aprovecha la visita de El Diario de Hoy para desahogarse: “Ellos tienen orden de no revisar ninguna carga de después de las 10 de la noche, pero a veces venimos antes y no nos revisan”.
Según este empleado de una compañía de carga, en ocasiones deben esperar entre cuatro y siete horas para que el personal de aduana le dé el visto bueno. Y, en su opinión, ese trámite podría realizarse en un tiempo que puede oscilar entre los 15 y los 45 minutos.
Cuando se le preguntó a Benítez, de Lácteos Nueva Guinea, si alguna vez le habían retenido un camión cargado de queso su respuesta fue: “Ah sí, un sinnúmero de veces. Una semana, dos semanas, tres semanas”. Eso sucede cuando los envíos de Benítez son seleccionados para tomar muestras de sus quesos y someterlos a los análisis bacteriológicos necesarios para constatar su inocuidad.
Pero además de retrasos, este sistema trae ventajas para quienes hacen las cosas bien. El quesero afirma que “si a usted le hacen una muestra esta semana y salió bien, le dan chance de que entre dos semanas consecutivas”.
Pero a veces, de repente, lo paran los policías y los empleados de aduana le dicen: “Pare, vamos a muestrear el producto”. El cargamento debe esperar. Aunque, según Benítez, “ese trámite se ha agilizado bastante últimamente”.
Lo que no se agiliza es la velocidad en la que los representantes del MAG visitan las plantas nicas para renovar el permiso y reconsiderar la cuota asignada para exportar. Actualmente, Lácteos El Triunfo está autorizado para exportar 80 mil kilos mensuales.
Para Benítez, las largas que El Salvador da a las inspecciones que ellos solicitan son, precisamente, para no reconsiderar la cuota asignada y proteger a los productores de lácteos salvadoreños.
Sin embargo, aunque se les persigue, a los contrabandistas nadie les pone cuotas, y éstos sí minan el mercado de los productores de lácteos salvadoreños.
Las autoridades aduaneras de toda Centroamérica coordinan esfuerzos para evitar el contrabando no sólo de queso, sino de todo tipo de productos. No obstante, la tentación de ceder ante los ofrecimientos de los contrabandistas está siempre presente tanto para policías como para empleados de aduanas.
Para Jaime Rosales, el asesor técnico que advirtió sobre lo peligroso que sería indagar sobre la forma en que el contrabando llega hasta nuestro país desde Nicaragua, la clave para que el queso crudo o artesanal ya no tengan mercado en El Salvador es la educación de los consumidores. En palabras de Rosales: “Si ustedes nos piden (y compran) queso crudo eso les vamos a vender. Si nos piden queso pasteurizado, eso tendrán”.
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