Nacional

Contrabando que burla aduanas

Entre enero de 2000 y junio de 2006, la Policía de Finanzas decomisó 4 millones 303 mil 333 libras de queso, quesillo y crema, que contrabandistas pretendieron introducir en territorio salvadoreño a través de puntos ciegos. Aunque atraviese territorio hondureño, la mayoría de esos lácteos proviene de Nicaragua, por cuyas fronteras pasa sin mayor problema. El Diario de Hoy investigó su origen y el trayecto que recorre.

Primera entrega

Investigaciones El Diario de Hoy

Dos hombres bajan las marquetas amarillentas del camión. Bajo el sol de las 3 pm, otros dos las reciben en el muelle, y dos más las acomodan en la lancha que las llevará desde el puerto nicaragüense de Potosí, donde están, hacia las islas salvadoreñas del Golfo de Fonseca.
Mientras ellos embarcan la carga, un pick up doble cabina, blanco, placas salvadoreñas, entra en la base militar de la Fuerza Armada de Nicaragua en Potosí. En el asiento trasero viaja el subteniente que permitió el ingreso del vehículo. Mientras que en la cama del pick up, el fotógrafo, que cedió su lugar al subteniente, ve a través del zoom de su cámara la faena en el muelle.
“¡Aquí no se pueden hacer fotos!”, grita un empleado de la delegación de la aduana en el puerto, quien ha corrido tras el vehículo al observar que uno de sus ocupantes lleva una cámara cuyo lente apunta al muelle. Cuando el fotógrafo ya está frente a las aguas del Golfo, el funcionario de aduana le increpa: “Venga, venga para acá que no me lo voy a comer”.
Luego sigue una breve conversación:
¿Usted sabe que eso va de contrabando para su país?, pregunta el burócrata.
“Sí, pero eso a mí no me interesa. Lo que quiero es hacer la foto del mar”, responde el fotoperiodista.
“No, aquí no se puede”, reitera el empleado de aduana.
Esa carga que el pasado 6 de agosto era preparada para ingresar a El Salvador de forma ilegal, pudo llegar a dos destinos: desembarcar en uno de los 10 puntos ciegos por los que ingresa esta mercadería vía marítima o caer en las manos de la Policía de Finanzas que vigila algunos de esos puntos.
Desde enero de 2000 hasta el 6 de julio pasado, agentes de esta división habían decomisado 460,000 libras de quesillo; 3,625,000 libras de queso morolique y 217,000 libras de crema. El contrabando, al otro lado de la frontera, del que fue testigo El Diario de Hoy, era sólo un eslabón en una larga cadena de distribución que inicia en las cordilleras nicaragüenses que separan el centro del país de su Costa Atlántica.
La ley del más fuerte
Hasta el viernes pasado, en el centro de San Salvador, una libra de queso morolique valía US$1.85. Durante el invierno, cuando el pasto y la leche abundan, en el municipio de El Ayote, en la Región Autónoma del Pacífico Sur, una libra de este queso se cotiza en 11 centavos de dólar, lo que en la moneda de curso nicaragüense se traduce a 2 córdobas por libra (cuando 1 dólar equivale a 17 córdobas y 50 centavos).
Aquí el precio sube de forma natural en verano, cuando el pasto escasea, y de forma artificial cuando la compra se hace a través de un intermediario.
Para llegar a El Ayote desde Managua, primero se deben recorrer los 139 kilómetros de carretera pavimentada que separan la capital nicaragüense de Juigalpa, cabecera departamental de Chontales.
Luego faltará paciencia y un vehículo de doble tracción y buenos amortiguadores para avanzar sin demasiado sobresalto por los 100 kilómetros de carretera no pavimentada que llevan de Juigalpa a El Ayote. El estado del camino es deplorable, pero eso no amilana a quienes, según una habitante del lugar, explotan a los campesinos y, a precios bajos, adquieren una mercancía mejor cotizada en tierra salvadoreña.
En El Ayote, desde el mediodía del viernes hasta las 3 pm del sábado, un intermediario puede adquirir una marqueta de morolique de 44 libras tras cancelar 88 córdobas (5 dólares). Éste es el dinero que recibe el campesino a cambio de ordeñar sus vacas, cuajar la leche, salar la cuajada, prensar el queso cuatro días, recorrer varios kilómetros a lomo de bestia (caballo, mula o burro) y bajar hasta lo que ellos llaman “la ciudad”.
El queso morolique que aquí se comercializa se elabora con leche no pasteurizada. Esto debido a la falta de electricidad en la zona y a la falta de dinero para que un campesino, o un grupo de ellos, adquiera una máquina que lo pasteurice. El queso es revendido a los propietarios de camiones que lo llevan desde ahí hasta los mercados Oriental y Mayoreo de Managua, donde los contrabandistas salvadoreños se abastecen para llevarlo a los puntos ciegos con Honduras y el Golfo de Fonseca.
El precio que un camionero paga por cada libra de morolique puede ir desde los $0.11 hasta los $0.61, dependiendo de la cantidad que compre y de lo familiarizado que esté con el lugar. Llegar por primera vez a este municipio en un automóvil doble cabina, convierte a sus tripulantes en sospechosos de narcotráfico.
Sí, El Ayote, según las autoridades, también es paso de droga hacia Bluefields, capital de la Región Autónoma del Atlántico Sur. Según María, una vecina del lugar cuya identidad no se revela por seguridad, los narcotraficantes llegan al lugar en camionetas.