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Más allá de sus razones: “Guerra fue injusta”


Después de 1982, los mensajes cifrados de la montaña presagiaban que una nueva guerra estaba en ciernes. Paradójicamente, los campesinos no parecían estar muy contentos con la Revolución y se hablaba de hombres alzados en armas en los caminos.
Los camiones llegaban a las ciudades del norte con marcas donde se podía leer “Milpas”, que después supimos, eran las llamadas Milicias Populares Antisandinistas, y en secretos se hablaba de un tal Tigrillo como el que dirigía a esos armados. A esas alturas, aquel hombrecito con rasgos felinos, bajo de estatura, blanco, de ojos vivaces y medio barbado, que meses antes estuvo peleando en Estelí, Matagalpa y las comarcas jinoteganas contra la Guardia Nacional de Somoza, no aparentaba ser el nuevo jefe de los rearmados. Una emboscada cerca de El Cua, Jinotega, donde murieron once soldados del naciente Ejército, sacaría a luz la verdad: fue “El Tigrillo”.
Veinticinco años después vamos en busca de este hombre y para llegar a su casa ubicada a unos tres kilómetros del municipio de La Concordia, en el departamento de Jinotega, hay que atravesar un campo de obstáculos naturales.
La vía es empedrada y ligeramente lodosa, pero al llegar a su propiedad hay que cruzar una puerta de hierro y luego afinar el equilibrio para surcar un fango con el auxilio de machos de zacate y piedras, hasta llegar al lugar donde vive uno de los jefes Contra más temidos y emblemáticos de la guerra: Encarnación Valdivia Chavarría, “El Tigrillo”.
Vive junto a sus hijos en la comunidad de Yupalí, camino a Estelí, donde los pequeños finqueros cercan sus propiedades con piedras estilizadas por el tiempo y la erosión en casi perfectas figuras.
Su casa, de aproximadamente treinta metros cuadrados, construida de adobe y techo de zinc, luce limpia, y un radio deja escuchar una ranchera como para advertirnos que estamos en el norte.
De un pastizal, un hombre bajito y sin gorra, camina con un leve impedimento en su pierna izquierda, acompañado de su hijo Byron, un joven que estudia Derecho en la Upoli.
Su imagen, pese a ser la de un campesino común y corriente, infundía temor, por la severidad y crueldad que caracterizó la guerra de los ocho años.
Este hombre que llegó a dirigir operaciones militares hasta con mil quinientos hombres, en lo que constituyó el ejército guerrillero campesino más grande que se conozca, fue combatiente insurreccional sandinista antes de 1979, reclutado nada menos que por Víctor Manuel Gallegos, mejor conocido como “Pedrito el hondureño”, otro antiguo guerrillero que se alzó en armas y se tomó la ciudad de Estelí en tiempos del gobierno de Violeta Chamorro, y cuando el jefe del Ejército era todavía el general Humberto Ortega.
¿Cómo se integra a la guerrilla del FSLN?
Yo macaneaba frijoles con mi hermano, llegaron los guerrilleros sandinistas y nos engloriaron, al final nos conquistaron para que fuéramos a luchar con ellos para hacer un cambio que haría brillar a Nicaragua.
Me reclutó “Pedrito el hondureño” y otro al que le decían Bruno. Mi jefe se llamaba Cecilio, todos pertenecíamos a las columnas que jefeaba Germán Pomares. Yo combatí en Estelí, Ocotal, Matagalpa, entre otros lugares.
¿Qué hizo después del triunfo de la Revolución?
Me quedé un tiempo como guardafronteras, mi jefe era Filemón, y después me trasladaron a Jinotega y también cumplí tareas de guardafronteras en el río Coco, en las zonas mískitas. Mi batallón era el 60-11.
Pero, ¿cómo se va del Ejército?
En ese tiempo enviaron a muchos compañeros a Cuba, y cuando regresaron nos decían que Dios no existía. En las montañas se hablaba de los Milpas, que eran las Milicias Populares Antisandinistas y entre ellos se mencionaba a Pedro Joaquín González, “Dimas”, el que había sido segundo al mando de Germán Pomares; se fue clandestino y dio a conocer un comunicado donde nos llamaba a unirnos para luchar de nuevo.
A mí me mandaron a una misión al cerro Canta Gallo para perseguir a Dimas, pero éste estaba al otro lado, ya había asaltado el banco de Quilalí.
¿Cómo deserta del Batallón 60-11?
Me robé dos Garand (rifles que usaba la GN) y me vine a la casa, de aquí me fui a La Pita del Carmen y las tropas me rodearon, me atacaron el campamento y mataron a un hombre. Entonces me trasladé a Jiquelite y San Bartolo, cerca de Quilalí, pero a los dos meses me descubrieron, me echaron la brigada Ezequiel y la Omar Torrijos. Pedro Joaquín González viene de Honduras y lo vende un traidor que se llama Mamerto Herrera, y al final lo matan.
Yo tuve que enterrarme porque me perseguían igual que a Pedro Joaquín González.
Luego me trasladé a Wamblán, formé un grupo de doce hombres armados y fuimos en busca del cuartel de Plan de Grama, íbamos armados de pistolas, luego me vine al Caño de la Cruz y así planificamos la operación de Pedernales de El Cua, antes me eché unos tiros con Chico García, un tío de Rubén Sobalvarro, y se me corrió. La emboscada de Pedernales de El Cua la planificamos con Jhonson y Armando Blancher. Este último era un finquero y jugador de gallos.
En ese tiempo no andaban guardias conmigo, solo campesinos como Danilo Galeano Roa, “Tiro al blanco”; “Tapada”, “Pocoyo”, “Dimas Tigrillo” y otros de mis familiares.
Intentamos atacar el cuartel de El Cua, pero no se pudo porque no pudimos distraer a todos los soldados que cuidaban. Éramos treinta hombres, entre ellos “Tiro al blanco”, que era uno de los soldados más fieles.
¿Y la emboscada?
Al no poder atacar el cuartel de El Cua, decidí montar la emboscada en Los Pedernales de El Cua, y allí esperamos a los militares que regresaban de ese poblado. Estaba aburrido y pensé, me voy a matar con éstos, de todos modos todos nos vamos a morir. En eso vino Armando Blancher a decirme que no disparara porque venían bien armados, entonces yo le respondí: Comé mierda hijueputa, ¿correrme yo? Y le puse la pistola en la cabeza, pero al final lo dejé ir. Esperé a los soldados, venían en una camioneta roja, venían once, entre ellos siete gamonales y cuatro escoltas, y les disparé. Hubo once muertos, sólo el chofer se salvó. Recuperé las armas y me fui a Turuwás, y después a Honduras.
¿Por qué usted se autollamó “Tigrillo”?
Fue una cosa así de pronto, cada quien se ponía el nombre después del combate. Yo me encargaba de poner los nombres a los que se integraban conmigo. Fue a Plan de Grama que entré con el nombre de “Tigrillo”.
¿Cuánto tiempo luchó en las montañas?
Fueron ocho años de intensos combates.
¿Por qué se hizo Contra?
Porque ya no se aguantaba la situación, todos teníamos que hacer lo que decía Daniel Ortega, hacer filas para poder comer. Ellos, los sandinistas, querían pelear con los gringos y no tenía qué hacer en ese pleito, ellos son un poder.
¿Le hicieron algo especial los sandinistas para que tomara la decisión de combatirlos?
Los compañeros que regresaron de Cuba me hostigaban todos los días para que dejara de creer en Dios. Se iban al lugar donde estaba haciendo posta y me comenzaban a hablar mal de Dios y yo les decía que me respetaran, que tan sagrada era posta como Dios. Me estaban semblanteando para ver cómo respondía yo.
¿Cuál fue su momento más difícil?
Cuando comencé a luchar contra el Frente Sandinista.
¿Y cuándo lo tiraron?
El Ejército sandinista me echó todas las fuerzas en Banco Grande, yo andaba al mando de mil trescientos hombres, me hirieron en la pierna izquierda, pero me sacaron en un helicóptero de Banco Grande a El Aguacate, y de allí a Tegucigalpa, y de allí a Nueva Orleans.
En su entorno, en el municipio de La Concordia, hay muchos sandinistas, la alcaldía la ganó un sandinista. ¿Cómo lo tratan a usted?
Excelente, con mucho respeto. El alcalde es muy noble conmigo. Él ha ayudado a mucha gente liberal.

Dónde están los Contras
Uno de los lugartenientes más fieles a Encarnación Valdivia fue Danilo Galeano, conocido como “Tiro al blanco”. Hoy este ex jefe de la Contra va como candidato a diputado por el Frente Sandinista. Es una historia de contrastes.

Después que se desmovilizó ¿ha sufrido atentados?
He tenido tres atentados. La primera vez llegaron a la casa donde estaba posando y en lugar de estar alegres porque había entregado las armas, llegaron y dispararon contra la casa.
¿Usted es casado, tiene hijos?
Soy mal casado, me divorcié y no peleé con mi mujer. Tengo cinco hijos regados, no tengo problemas con ellos, dos estudian derecho en Managua.
¿Dejó hijos en Honduras?
No, me dediqué a andar solo en las montañas, nunca caminé mujeres en las tropas, evité tocar a la mujer hondureña.
¿Cómo vive ahora?
Vivo feliz, trabajando.
¿Esa era su aspiración?
Vivo como pobre y como siempre lo he sido, no me hace falta la riqueza. Mientras no esté enfermo, vivo feliz, yo soy comando, como de todo lo que hay en este mundo.
¿Qué cosecha?
Frijoles, maíz, tengo ganado, gallinas, chanchos, todo.
¿Recibió condecoraciones?
No. Una vez me llamaron de Miami para que fuera a conocer a Enrique Quiñónez, era el que tenía el dinero.
A propósito. ¿Enrique Quiñónez combatió con la Contra?
(Risas) No. Fue jefe, pero del Frente Sandinista y peleó contra nosotros. Fue capitán cadete de la Guardia Nacional de Somoza, luego se peleó con la Guardia a favor del Frente, después se fue del Frente y quería ser el líder de la Resistencia (risas), en Miami recogía plata por cuentas.
¿Alguna vez lo vio peleando?
Sí, pero contra nosotros, era jefe de un batallón sandinista.
¿Por qué ahora es tan ardoroso defensor de la Contra?
Es que como fue guardia, siempre pelea por lo que va a agarrar... (risas)
Puede definir a los distintos grupos de la Resistencia que están con otros partidos. Por ejemplo, ¿qué opina de La Chaparra?
A “La Chaparra” yo la respeto, pero tengo mis dudas si era o no infiltrada en las filas nuestras. A mí nunca me hizo daño, la quiero mucho. Toda la familia Galeano luchó conmigo.
¿El comandante “Franklin” era infiltrado?
No me consta, pero la verdad es que desde que vino se pegó a Daniel, pero ellos han ayudado a muchos hombres de la Resistencia.
¿Alguna vez “La Chaparra” le ha dicho que se vaya con ella al Frente Sandinista?
Ella viene a verme, me ha dicho que me pase a trabajar con ella pero yo le digo: “Estás loca Chaparra”.
¿Cómo ubica al llamado consejo de comandantes donde están “Rubén”, “Jhonson”, entre otros?
Oscar Sobalvarro “Rubén” tiene un negocio en Managua, se ha olvidado de la Resistencia, solamente aparece cuando hay elecciones.
¿Y Salvador Talavera?
Es un hombre pobre, anduvo unos días al final de la guerra, como rearmado con su hermano “El Chacal”. Es un hombre que por su preparación y experiencia ha llegado hasta donde está. Ha defendido muy bien al Partido de la Resistencia.
Hay otro grupo que está con el PLC, entre ellos Enrique Quiñónez, que dice ser dirigente de la Resistencia
Quiñónez no, él fue enemigo de la Resistencia. Ahí también está Avellán, pero tampoco fue de la Resistencia, esos llegaron cuando había dinero y se vuelven Resistencia después de la entrega de las armas. Ellos nunca fueron a un campo de batalla.
¿Y “Tiro al blanco”?
Ah, ese fue mi mejor compañero de armas, ahora está con Daniel Ortega, yo respeto su decisión, sigue siendo mi amigo. Hoy Nicaragua es libre y cada quien hace con su mecate lo que mejor le parezca. “Tiro al blanco” va como diputado por el FSLN.
¿Va a votar por él?
No, qué puede significar mi voto. Hasta ahí ya no llego.
¿Cómo se divierte “El Tigrillo”?
Salgo bastante a Estelí, me gusta ir a fiestas aunque sea a ver bailar. Me gusta jugar gallos. Me echo mis cervezas a veces.
¿No le da por sacar pistola?
No, ni quiera Dios, no soy de esos. Platico con la gente, apartadito, no ofendo a nadie. Todos somos nicaragüenses, la guerra fue injusta.