Nacional

Inocentes víctimas de violencia

* Miles de niños son objeto de maltrato físico, y en no pocos casos culminan en la muerte * Desde 2003 a la fecha, Policía Nacional reporta un incremento de más del 50% de casos de delitos intrafamiliares

Yahoska Dávila

Trece días en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) fueron de una tenaz lucha para Norling Enrique González --de apenas año y medio de edad—-, pero al final fue vencido por la muerte, tras haber sido maltratado brutalmente por su tío político, quien actualmente cumple una condena por infanticidio en el Sistema Penitenciario Nacional.
Un poco más de 21 días aguantó Edwin Antonio González Valdivia, de mes y medio de edad, en una cama de Unidad de Cuidados Intensivos mientras su madre “lamentaba” lo ocurrido. Seis fracturas en la cabeza hacían suponer a los médicos que no resistiría. El trauma craneoencefálico severo, con múltiples fracturas y la presencia de una hemorragia intracraneal, no le dieron una segunda oportunidad.
Los casos de Norling y Edwin no son más que una muestra de los niños que mueren a causa del maltrato físico que les ocasionan familiares en el proceso de “la corrección”.
Desde 2003 hasta la fecha --según el reporte de la Policía Nacional-- Nicaragua presentó un incremento de más del 50% de casos al año en denuncias sobre delitos de violencia intrafamiliar, con énfasis en maltrato físico a niños, siendo los menores de cinco años los que menos resisten el maltrato.
12 mil casos al año
De acuerdo a la Federación Nicaragüense Coordinadora de ONG que trabajan con la Niñez y la Adolescencia (Codeni), la Comisaría de la Mujer de la Policía Nacional reporta más de 12 mil casos al año por denuncia intrafamiliar. Sin embargo, de éstos sólo una mínima cantidad se refiere a menores de edad.
La violencia que sufren los niños nicaragüenses se vuelve más severa cuando degenera en muerte. “Los casos no es que no ocurran, sencillamente como no les lleva a la muerte no se reportan. Nuestro país, como en todos, el subregistro es mayor a lo que se conoce”, expresó Norma Moreno, Procuradora Especial de la Niñez y Adolescencia.
Esto sucede porque los afectados son menores que no pueden denunciar porque tienen miedo o porque se concibe como “normal”, y no como un delito que establece la Ley Nº 287, Código de la Niñez y la Adolescencia.
“La violencia contra los niños es a todas luces violación de derecho de quienes no pueden defenderse y sin motivo alguno son agredidos. Es producto de una cultura de intolerancia sociocultural”, expresó Moreno.
Formas de maltrato
Las formas de maltrato o castigo físico con la que los niños se presentan a los hospitales en su mayoría son fracturas, ya sea de algunos de sus miembros o, como en estos casos, craneoencefálicos. “Es un hecho que los menores de cinco años aguantan menos una golpiza que alguien de mayor edad”, indicó el especialista Francisco Norori.
La lucha de parte de Codeni y Conapina es por la prohibición del castigo físico y humillante como medida disciplinaria, “ya que en muchos casos este método se excede de realizar una labor de corrección”.
El paso de los días por la Unidad de Cuidados Intensivos de los hospitales infantiles sólo reflejan el proceso de una agonía prolongada en los menores de edad, que por su fragilidad e impotencia de defensa son las principales víctimas.
“Los niños que entran por maltrato físico a esta sala (UCI) mueren, pero antes sufren una lenta agonía”, refirió Norori, quien ilustra el trabajo de los doctores como inútil frente a las condiciones de gravedad en que llegan los menores.
Las estadísticas acerca del maltrato físico de los niños son alarmantes. Se estima que cientos o hasta miles han recibido abuso y maltrato a manos de sus padres o parientes, dentro de los cuales una gran cantidad muere.
Según datos de Unicef, en la región de América Latina y el Caribe, no menos de 6 millones de niñas, niños y adolescentes son objeto de agresiones severas y 80 mil mueren cada año por la violencia que se desata al interior del núcleo familiar, sin embargo el año pasado sólo se registraron 37 denuncias por maltrato a menores en Nicaragua.
Marcas psicológicas
Las palizas no sólo marcan físicamente a los menores, también psicológicamente. Los que sobreviven al abuso viven marcados por el trauma emocional que perdura mucho más que los moretones físicos.
“Un niño que se recupera del maltrato físico no será nunca una persona normal. A menudo el daño emocional severo a los niños maltratados no se refleja hasta la adolescencia, o aún más tarde, cuando muchos de los maltratados se convierten en padres abusivos y comienzan a maltratar a sus propios hijos”, manifestó Moreno.
Las y los menores de edad que en gran medida continúan siendo víctimas silenciosas del maltrato en el núcleo familiar aumentan cada día, pese a que existen leyes como el Código de la Niñez y la Adolescencia y el Código Procesal Penal (Ley Nº 230), donde se estipulan penas para aquellas personas de la familia o ajena a ésta, que provoquen lesiones físicas y psicológicas a los menores e incluso, la muerte.
Mayor daño en zonas rurales
Las costumbres y creencias de las personas de las zonas rurales de nuestro país nos dejan entrever que persiste la convicción de que son dueños absolutos y posesivos de los hijos, por lo que por ende aplican las mejores correcciones para ellos.
“Las peores formas de maltrato físico las encontramos en las zonas más alejadas, donde padre y madre han provocado serias lesiones y muertes –-en muchos casos-- a sus hijos. Cuando uno llega te das cuenta que a veces no podemos luchar contra ellos. Lo primero que dicen es: Son mis hijos y yo hago lo que me dé la gana, de todos modos yo los mantengo”, son algunos de los argumentos que expresan, dice Moreno.
Leyes no sirven sin denuncias
En estas zonas y en todos los países las leyes no sirven sin las denuncias, los artículos 126 (parricidio) y 136 (infanticidio) de nuestro Código Procesal Penal (CPP), quedan sujetos a las confesiones de los tutores y responsables por el cuido del pequeño.
“A veces llegan al hospital con indicios de maltrato físico, nosotros lo reportamos en la entrega de guardia a Trabajo Social, pero como el caso no trascendió en una hospitalización, éste se va”, expresó Norori. Las penas de 10 a 25 años por parricidio y de 15 a 30 años por infanticidio, seguirán plasmadas sólo en el CPP si no hay personas que denuncien”.
Según el último informe de Unicef el maltrato no se denuncia por:
* Por pérdida de autoestima. Baja autoestima que impide dar respuesta a la agresión.
* Ambivalencia hacia el maltratador por el que se siente miedo, agresividad y amor.
* Ansiedad de la marcha que conlleva la responsabilidad del fracaso familiar y, en la mayoría de los casos, hacerse cargo de los hijos.
* Consecuencias económicas de una marcha. La dependencia económica y afectiva de la víctima con el agresor. Falta de recursos económicos. No tener a dónde ir, etc.
* Ineficiencia de los apoyos jurídicos para protegerla y el temor permanente a ser agredida de nuevo por la pareja que puede seguir persiguiéndola. Falta de apoyo de la propia familia y de las instituciones en general.
* Tristeza, vergüenza, reticencia por el intercambio de opiniones, de experiencias (en la entrevista, denuncia, etc.). Ocultar el problema por vergüenza.
* Indecisión. Tendencia a desvalorizarse y culpabilizarse. Actitud temerosa.
* La no aceptación del fracaso matrimonial o de pareja queriendo sostener la relación hasta límites insoportables.
* La falta de conciencia de estar siendo maltratado (sólo se debe denunciar cuando hay lesión). El sentimiento de culpa a la hora de denunciar al padre de sus hijos.
* El desánimo al ser concientes de que no va a servir para nada.
* La tolerancia del maltrato por parte de la víctima.