Nacional

Calvario de mujer maltratada

* Ahora la pelea es por sacarla de la casa con todo y los hijos de ambos * Hasta ha querido matarse, pero ahora busca justicia con ayuda de la Red

Yahoska Dávila

A las cinco de la mañana del domingo pasado, apenas el alba clareaba, sus angustiosos gritos de auxilio se desprendían de la casa. Los golpes en el cuerpo, la presión en el cuello y las contusiones de la cabeza, hacían pensar a Soraya Gioconda Traña Rodríguez que no saldría viva de esa riña.
Con 38 años de edad, ha vivido 20 años de maltratos físicos a manos de Gil Efraín Bermúdez Bassett, su compañero de vida. Asegura que “los últimos 10 años, en vez de ser de convivencia, han sido de sobrevivencia, pues carezco de familia y de alguien que vele por mí”.
Los hematomas en los brazos y las señales en el cuello hacen suponer a las autoridades que fue intento de homicidio. “El pleito inició cuando llegó borracho y drogado. Me golpeó fuerte exigiéndome que le abandonara la casa con nuestros hijos. El sábado me había dicho que si no le dejaba la casa por las buenas, lo haría por la malas”, dijo Traña.
Soraya Gioconda, según su propia historia, es una mujer que no tiene más que sus hijos y su esposo. No tiene padre ni hermanos. Durante toda su “unión de hecho” --por más de 20 años-- ha sufrido maltratos de su cónyuge, los cuales asegura que la han llevado incluso hasta el intento de quitarse la vida.
“Todas las instancias y los procedimientos los he seguido (por las vías legales), e inclusive he intentado quitarme la vida. Pueden ver los resúmenes clínicos del Hospital “Antonio Lenín Fonseca”, pero ya el Señor me mandó de rebote para algo, para quedarme”, expresa.
Como ella, miles de mujeres sufren
La triste historia de Traña es la de miles de mujeres nicaragüenses y del mundo entero que sufren de violencia intrafamiliar. “Esto nos confirma” --una vez más-- “el hecho de que son las personas dentro de las casas las que están violentando los derechos humanos de las mujeres, y que la casa el no es el “dulce hogar”, sino el lugar más temido y más desprotegido para muchas mujeres”, manifestó Jamileth Mejía, integrante de la Red de Mujeres contra la Violencia.
Este caso no es tan común como los otros, según la Procuradora Especial de la Mujer, Deborah Grandison, pues en éste incurre en el abuso e influencia de poder. Bermúdez Bassett fue el segundo jefe de Auditoría Judicial del Ejército de Nicaragua, y actualmente trabaja como técnico de operación de campo en Investigaciones Económicas del Banco Central de Nicaragua.
Desde febrero de este año, Traña ha impulsado este caso en la Policía Nacional y en la Fiscalía, y considera que ha sido en vano su esfuerzo de denuncia, porque las autoridades no prosiguen con el caso. “Dijo que fuera donde fuera él iba a botar el caso, porque tiene los medios económicos y los recursos humanos para que eso no pase del escritorio. Le dije que hablaría con su jefa superior, María Zavala, del Banco Central, y mencionó que tampoco haría nada porque entre ellos había “negocio de por medio. Su influencia es muy grande”, explicó Traña.
Red no permitirá impunidad
La Red de Mujeres contra la Violencia y la Procuraduría Especial de la Mujer están acompañando a esta señora en los procedimientos judiciales, y se pronunciarán ante la retardación de justicia hacia ella, ya que su compañero de vida es un peligro para ella y los hijos.
“La instancia del Distrito Dos de Policía de Managua tiene que resolver de acuerdo con las leyes de este país. La Fiscalía Pública tiene que actuar como corresponde, y nostras como organización de mujeres estamos dispuestas a denunciar. Así que cualquier situación que le pase a esta señora es responsabilidad de Bermúdez Bassett, quien no puede quedar impune.
Demandamos a las instituciones del Estado que resuelvan y actúen conforme a la ley, restituyendo los derechos de esta ciudadana; ya que no es un favor que le harán, sino es un derecho la protección a su vida”, dijo Rosa María Mendoza, integrante de la red.
Los problemas se dan más cuando su compañero llega bajo el uso de estimulantes, “razón por la que le dieron de baja del Ejército”, por lo que le pide a las autoridades que le practiquen la prueba de estupefacientes, “ya que no pasa ni un día sin consumir”.
“Nosotros lo que queremos evitar es que este caso se sume a las estadísticas de feminicidio. Cuando hay un hombre que dice que es dueño tuyo, sin mediar palabras, hace lo que quiere, y aquí hubo intento de asesinato”, dijo Grandison.
En los países del área centroamericana, según reportes de la Red, mil mujeres fueron muertas a manos de sus compañeros o ex compañeros de vida en 2005, y en Nicaragua --mediante un monitoreo de medios-- se registraron 67 feminicidios en ese mismo año. En lo que va de 2006, ya suman casi 24 mujeres asesinadas.