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Playas de Salinas Grande caminan hacia el turismo

*Ahora pobladores tienen más opciones para conseguir trabajos en un sitio que antes sólo ofrecía pesca y minas de sal *Canadiense construye condominios para venderlos en 60 y 80 mil dólares a retirados gringos y otro tipo de turistas *Nuevas construcciones han traído a personas que reclaman terrenos como suyos, lo que ha detenido más inversiones

La sal está dejando de ser el sustento económico en Salinas Grande, un poblado ubicado a 30 kilómetros de León y tan pobre que ni siquiera aparece en la guía telefónica. Hasta ahora sus pobladores viven de las minas de sal y la pesca, pero algunos extranjeros han comenzado a poner sus ojos en el principal recurso del lugar: el mar.
El poblado está ubicado a dos kilómetros de la carretera entre León y Managua. Es una región árida, caliente y desolada. Cualquier visitante diría que éste no es el lugar idóneo para invertir, pero algunos extranjeros miran en estas costas una mina de oro.
Una creciente industria inmobiliaria está cambiando el panorama en Salinas Grande. Los pescadores están dejando sus pangas y redes para convertirse en albañiles y vigilantes. Los terrenos lindantes con las costas están siendo divididos, y pequeñas construcciones se están levantando frente al mar, las cuales poseen pisos de azulejos, terrazas, cocinas equipadas y aire acondicionado, lo que contrasta con las humildes chozas de los pescadores.
Este cambio en Salinas Grande se ha experimentado en los últimos cuatro años, desde que un grupo de extranjeros comenzaron a comprar pequeñas parcelas a los lugareños, explica Dania Hernández, responsable de la Oficina de Información Turística de León, un proyecto impulsado por el Ayuntamiento de esta ciudad y la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León).
Balneario olvidado
Hernández añade que el potencial de las playas --cielo despejado, agua tibia y azul, gran oleaje-- y el bajo costo de la tierra se han convertido en un atractivo para los extranjeros. Muchos de ellos, explica, compran las parcelas hasta en mil dólares.
“Algunos lugareños, al ver que no les funciona la pesca, han comenzado a ofrecer recorridos a la isla Juan Venado”, una reserva natural cuyos afluentes desembocan en las costas de Salinas Grande, explica la funcionaria.
Hernández afirma que este balneario no ha recibido suficiente atención de las autoridades de León, que se han centrado más en Poneloya y Las Peñitas; además, que debido al creciente entusiasmo por inversionistas extranjeros están trabajando una estrategia de promoción turística de León, centrada en los recursos culturales y naturales del municipio, en la que se incluye a Salinas Grande.
La idea, dijo, es vender a nivel nacional e internacional las potencialidades de León y sus alrededores.
Promoción de boca en boca
Hasta ahora la promoción del lugar se ha hecho de boca en boca, es decir, extranjeros que han descubierto el balneario y se han comunicado con otras personas de sus países de origen interesadas en inversiones turísticas, explica Stephen Latchford, un canadiense que ha comenzado a invertir en la construcción de condominios turísticos en la zona.
Latchford dice que su idea es crear un corredor turístico en el balneario, con todas las condiciones para atraer al turismo internacional. Para ello, Latchford ha adquirido 14 propiedades, terrenos ubicados frente al mar, que según él pronto se convertirán en un proyecto de 60 condominios, los que retirados norteamericanos y otro tipo de turistas podrán adquirir para pasar sus vacaciones, a precios que oscilan entre 60 y 80 mil dólares.
Latchford calcula una inversión aproximada de cinco millones de dólares en la construcción de la infraestructura. Por el momento trabaja en la preparación de los terrenos, el alcantarillado y construcción del tendido eléctrico, para que los condominios cuenten con todas las condiciones exigidas por los turistas extranjeros.
Fuentes de trabajo
Y a pesar del cambio generado por estas nuevas inversiones, los habitantes del lugar dicen estar contentos, porque ahora han logrado trabajos fijos dentro de las construcciones.
Hace cuatro años Sergio Zapata se ganaba la vida en el mar, como pescador. Cuenta que desde la madrugada hasta poco después del mediodía pasaba metido pescando para conseguir 200 córdobas semanales, con los que tenía que alimentar a su esposa y cuatro hijos.
“Como pescador apenas sobrevivía, estaba en una situación crítica. Este nuevo trabajo ha sido un cambio para mi familia”, dice este hombre de marcados rasgos indígenas, vestido de short y chinelas, en alusión a su trabajo en las construcciones de Latchford, donde gana 3 mil 400 córdobas al mes.
Lesbia Martínez comparte la opinión de Zapata. Una pequeña y tímida mujer, que a veces parece tener miedo de hablar, dice con voz entrecortada que las nuevas construcciones le están cambiando la vida. Ella antes se encargaba únicamente de cuidar a sus cuatro hijos, mientras su esposo, Pablo Espinosa, se perdía por horas en el mar.
Ahora Martínez se encarga de la limpieza y cuidado de uno de los primeros apartamentos terminados en el balneario, que fue adquirido por un matrimonio de canadienses retirados. Por este trabajo, dice la mujer, le pagan mil córdobas mensuales y su esposo gana otros tres mil en las obras de construcción.
“Antes no nos alcanzaba ni para comer, porque con la pesca mi marido apenas lograba 300 pesos. Ahora vivimos mejor y podemos comprar más cosas”, dice esta mujer, quien anda descalza y ha interrumpido las labores de aseo dentro del apartamento de los canadienses.
Problemas de propiedad
Pero no todo es color rosa para los extranjeros que intentan adquirir propiedades en Salinas Grande. Si bien los lugareños no ponen muchos peros a la hora de vender sus propiedades, hay otras personas que están comenzando a reclamar los terrenos como propios.
“El problema de la propiedad es uno de los principales obstáculos para las inversiones”, dice Latchford, quien ha sufrido la invasión de sus propiedades por parte de personas que aducen tener escrituras que las confirman como propietarias.
Según el canadiense, debido a este problema, algunos de sus socios en Canadá que estaban dispuestos a invertir en los proyectos de condominio decidieron suspender su apoyo, hasta que se solucione el problema, el cual actualmente está en manos de la Fiscalía y la Policía de León.
“Nicaragua es un país con muchas posibilidades, pero tiene que haber más seguridad en el tema de la propiedad”, afirma Latchford, quien dice que seguirá invirtiendo a pesar de este inconveniente.
Ajenos a estos problemas, los habitantes de Salinas Grande están ansiosos por que las inversiones sigan llegando: cada vez más personas dejan la pesca para ofrecer recorridos turísticos, construyendo comedores improvisados donde ofrecen cervezas heladas y mariscos, trabajando en la construcción o como vigilantes en las propiedades, ganando salarios fijos.
Mientras tanto, las minas de sal, corazón económico del poblado, están ahora olvidadas debido a la llegada del invierno, aunque tal vez ese abandono sea el presagio de un futuro que ya se está desarrollando en el empobrecido Salinas Grande.