Nacional

Una hipócrita forma de negar a Sandino

* Quieren desmantelar el alma del nicaragüense”, replican a Bolaños * Los héroes no se pueden comparar, sino que llevan intrínseca una especie de complementación que viene configurando el espíritu nacional”, dice Rafael Casanova * La oligarquía conservadora en el poder no quiere desperdiciar su oportunidad de corear con Somoza: bandolero, ignorante, ladrón, asesino, señala Aldo Díaz

Edwin Sánchez

La oligarquía libero conservadora, que hoy está en el poder, quiere concluir la obra de Anastasio Somoza García de sepultar la figura del general Augusto C. Sandino con la lápida que el tirano escribiera: bandolero y asesino, contraponiéndola a otra personalidad de extraordinario peso como Rubén Darío, coincidieron historiadores nicaragüenses.
La reacción de los académicos es una respuesta al presidente Enrique Bolaños, que inauguró el edificio del Aeropuerto Internacional “Augusto C. Sandino” --dicho sea de paso construido sobre una megafalla--, y donde lanzó la idea que desde hace mucho tiempo, aun antes de ser gobernante, acaricia: borrar de cualquier obra, monumento, escuela o avenida, el nombre que inspirara a los premios Nobel Gabriela Mistral y Pablo Neruda. En su lugar, propone al Príncipe de las Letras Castellanas.
El historiador Rafael Casanova consideró que es un intento de confrontar a dos personalidades que forman parte del espíritu nacional de Nicaragua, que colocaron los cimientos mismos del concepto Estado Nación, que se ha configurado como tal en los tiempos contemporáneos.
“Sandino es una figura reconocida a nivel mundial, antes que el FSLN gobernara en los 80. Fue la década en que lo declararan héroe nacional, consignado en la Constitución Política. Recordemos que hasta 1979 gobernaron sus asesinos, las familias Somoza García y Somoza Debayle, que fueron una continuidad de la ocupación norteamericana”, sostuvo.
Aldo Díaz Lacayo subrayó que en la idea de Bolaños hay una intencionalidad perversa, que persigue excluir al general Sandino, sustituyéndolo con otra personalidad que tiene un peso extraordinario en Nicaragua, y, además, universal.
Por otra parte, hay otro elemento que es casi subliminal: que Rubén aparece como un literato civil, ajeno a la violencia, ajeno a la historia, aunque todo eso es mentira, como falso es presentarlo como un intelectual preocupado por una patria abstracta.
Presentan a Darío como de la alta prosapia
“Y además, como dice Rafael Casanova, ligado al establecimiento político de la más alta prosapia como eran los Sacasa y Debayle de León, en absoluta cordialidad con todos los países del mundo, lo cual también es otra gran mentira. Presentado así el poeta, el Guerrillero de las Segovias aparece exactamente como todo lo contrario: un hombre humilde, de poca preparación, guerrerista, bandolero, confrontado a una potencia extraordinaria que para esta gente siempre ha sido amiga de Nicaragua”.
Díaz dijo que “estos oligarcas quieren confrontar a ambas personalidades con una visión muy reduccionista de lo que es la patria y es la nación”.
Sandino, recordó, no obtuvo el respaldo oficial de la llamada comunidad internacional, a pesar de que lo tenía ampliamente en todos los pueblos del mundo. Gabriela Mistral, Pablo Neruda y los intelectuales más importantes de la época, independientemente de que tuviera reconocimiento, apoyaron la gesta nacionalista del General de Hombres Libres.
“Es una confrontación perversa, que sin duda, va a prender en las clases altas y en los medios de comunicación de esas clases sociales, y que será rechazada, al menos en una forma muy profundamente sentida, por las grandes masas populares que no tienen medios de expresión”, valoró.
La izquierda en la encrucijada
El historiador manifestó que lo más grave es una confrontación que coloca a las fuerzas de izquierda en una disyuntiva terrible, porque nadie desde la izquierda puede abjurar de Rubén Darío.
El académico dijo que la costumbre histórica en casi todos los países del mundo es denominar a los aeropuertos internacionales con sus héroes nacionales: Benito Juárez en México, Lempira en Honduras, De Gaulle en Francia, Kennedy en Estados Unidos, Martí en Cuba. Es la tradición que viene desde la izquierda, con independencia de la amplitud de la izquierda.
¿Por qué la obstinación de no aceptar a Sandino, aun hoy en el siglo XXI?
Por una sola razón, porque Sandino fue revalidado como héroe nacional y desmitificada su figura por el FSLN, al revés de lo que oficialmente divulgó el somocismo que lo consideró bandido, ignorante, ladrón, asesino. Entonces, toda asociación o mención a Sandino, la derecha la asocia con el Frente Sandinista y es al FSLN al que hay que destruir.
Rafael Casanova coincidió con Díaz Lacayo al subrayar que las palabras de Bolaños no sólo están dirigidas contra Sandino, sino contra el FSLN: destruir a los dos. Aun cuando estemos claros que son dimensiones diferentes, entre uno y otro.
“Recordemos a Rigoberto López Pérez: nombre que llevó el Estadio Nacional, se le confronta con un héroe deportivo vivo, Denis Martínez. Todo forma parte de una ofensiva desde el 90, de ir desmantelando el alma del nicaragüense. Tanto Darío como Sandino, José Dolores Estrada, y el mismo Zelaya, forman parte de la configuración Estado Nación. No es sabio confrontar a Darío con Sandino. Los héroes no se pueden comparar, sino que llevan intrínseca una especie de complementación que viene configurando el espíritu nacional: Rubén Darío con su poesía y en las epístolas donde se expone como el antiimperialista que pocos conocen.
El punto es presentar a Darío como héroe cívico, no confrontativo, enfrentado con el hombre que por la vía de las armas defendió la soberanía nacional. Bolaños, dijo, aprovecha una coyuntura electoral y toca la sensibilidad de todo el mundo.
¿Qué tanto del libro de Somoza, “El Calvario de Las Segovias”, se refleja en las palabras del presidente Bolaños?
Hay que tomar en cuenta de que hay un intento de continuar en la lógica de desmitificar a Sandino; recordemos que un colega fallecido, hermano del presidente --Alejandro Bolaños Gayer--, trató de explicarse la personalidad del héroe a partir de su condición de hijo natural.
Sin embargo, fue refutado por gente de la talla de Sergio Ramírez y Julio Valle Castillo, porque, argumentaron, también hubo presidentes conservadores que fueron hijos naturales y no había tal influencia en su psiquis. Ese trabajo no prosperó ni en los sectores intelectuales, mucho menos en las masas populares.
Pienso que esto no es una posición individual de Bolaños, sino una posición de la oligarquía tradicional nicaragüense, que apoyó la intervención norteamericana que combatió a Sandino. Ahora asume su misión en estos tiempos de desmantelar lo que hizo el Frente Sandinista.
Rigoberto es héroe igual que Sandino, pero para la oligarquía --conservadora y liberal-- son antihéroes: quieren aprovechar el espacio de poder que tienen para hacerlo. Esto significa una villanía: confrontar a dos héroes que son de dos dimensiones diferentes, pero complementarias en el proceso de la construcción del Estado Nacional.
Quiere acabarlo porque fue un indio mestizo, niquinohomeño, guerrerista, violento, ignorante, pero no lo era. Sus aportes son un cimiento intelectual para la construcción del Estado. Las naciones reconocen a sus héroes: Bolívar en Venezuela, Pancho Villa y Zapata en México.
Pero esta nuestra oligarquía es tan pobre y tan mezquina intelectual y políticamente, que no mide estas dimensiones. Hay que reconocer a Arnoldo Alemán que mandó erigir una estatua en Niquinohomo. Hay muchos liberales opuestos a los sandinistas, pero reconocen a Sandino. Intelectuales como José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez exaltan al patriota, tan sencillo como esto: Somos hijos de Darío y de Sandino.