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Brutales atentados contra proyectos hidroenergéticos


La falta de visión de largo plazo y planificación del uso sostenible de los recursos naturales y de ordenamiento del territorio, atenta contra el desarrollo de los proyectos, como el de Copalar, que pretenden generar energía eléctrica con base en las corrientes de los ríos, advirtió el ecólogo y master en Ciencias Ambientales David Ríos Obando.
Copalar es realmente el proyecto estrella de las autoridades gubernamentales, que pretende desarrollar la cuenca de la Cruz del Río Grande, y que se considera que en una primera fase podría --mediante la construcción de un embalse-- generar cerca de 600 megavatios en dos fases.
Ríos Obando considera que Copalar sería una buena solución a largo plazo para el problema de la crisis energética que atraviesa Nicaragua, sin embargo, para desarrollarlo es importante considerar, a su juicio, no sólo los caudales de agua que lleva el Río Grande y su cuenca en este momento, sino el que se le calcula años después de su puesta en operaciones.
El master en Ciencias Ambientales recuerda que la falta de planificación ha afectado severamente ya a otros proyectos, como los de Apanás y Santa Bárbara, que fueron diseñados y desarrollados entre 1960 y 1970, pero no se tomaron las medidas correspondientes para proteger la cuenca del río Viejo.
De acuerdo con el especialista, al ser construido el embalse de Apanás no se incentivó el cuido y la siembra de bosques, que son productores de agua, antes bien, el régimen de Anastasio Somoza impulsó la ganadería extensiva en esa cuenca, y entonces los caudales de agua fueron paulatinamente reduciéndose hasta afectar la generación de energía.
Ganadería extensiva ha afectado a embalse de Apanás
La ganadería extensiva arrasa generalmente con los bosques, que son los que captan e infiltran el agua a la tierra, pero cuando no hay cobertura vegetal, el líquido corre superficialmente sin introducirse, y forma corrientes que se llevan el suelo vegetal y terminan afectando la capacidad de almacenamiento de los embalses, y, por lo tanto, la capacidad de generación de energía eléctrica.
Ríos Obando recuerda que el conjunto de Apanás y de Santa Bárbara deberían generar entre los dos unos 100 megavatios de energía, pero ahora no logran producir ni el 40 por ciento de esa capacidad energética, que se ha venido deteriorando porque la cuenca ya no produce los caudales de los años en que fueron construidos esos dos embalses, que aprovechan las corrientes de los ríos San Gabriel, Mancotal, Cacao y Viejo.
De hecho, el estudioso de las ciencias ambientales sostiene que los altos niveles de lluvia que se precipitaban en los años 60, disminuyeron drásticamente, y por eso ahora la cantidad de agua que almacenan los dos embalses y que corre por el río Viejo es mucho menor, por lo cual el sistema produce menos, lo que ha provocado en parte la crisis energética del país.
Según Ríos Obando, nunca se le puso precio al agua, y por lo tanto no se cuida, y es una de las soluciones al problema estructural que ha hecho entrar en crisis de energía a Nicaragua. Agrega que se debe crear una política correcta de uso del vital líquido, pero para ello se tiene que incentivar al productor del campo a que reforeste y proteja las cuencas de los ríos o de quebradas que pasen por sus propiedades.
Augura fracaso de proyectos
Ríos señala que se está hablando mucho de producir energía hidroeléctrica, pero por ningún lado se ha dicho cómo se van a proteger las cuencas hidrográficas, no existe un plan de ordenamiento del manejo y aprovechamiento de las mismas, por lo cual, si las cosas siguen así, augura un fracaso en el mediano plazo en los proyectos hidráulicos que se inicien, como ha pasado con Apanás, Santa Bárbara e incluso con el Malacatoya.
El uso de los recursos naturales en el corto plazo para generar energía, sin realizar los estudios adecuados, buscando soluciones rápidas a la crisis de energía, sólo puede dar como resultado la destrucción de la naturaleza, cuya recuperación es de largo plazo.
El ecólogo afirmó que es necesario implementar un programa de auditoría ambiental para que evalúe el estado de cada una de las cuencas que van a ser utilizadas en los distintos proyectos, con el fin de poder determinar el balance hídrico de la misma, y diseñar en el mediano y el largo plazos la vida útil del proyecto.
Ésta está relacionada íntimamente con la cobertura boscosa que pueda existir en este territorio hidrográfico, de lo contrario los caudales hídricos representarían una verdadera limitante en la producción de energía hidroeléctrica, y, en ese sentido, señaló que cuando fue diseñado el proyecto de Copalar, en los años 70, las condiciones ambientales y la cobertura vegetal eran otras, pero ese bosque ahora, en relación con aquel tiempo está destruido en un 80 por ciento.
Para la realización de estos proyectos, dice Ríos, se tiene que realizar un verdadero ordenamiento de los recursos hídricos, acompañado con una Ley de Aguas que mire por los distintos servicios --de protección, de distribución--, e incentivar a los campesinos a reforestar la cuenca, con el fin de que produzca el vital líquido, para lo cual debe pagarse y detenerse el avance de la frontera agrícola, de lo contrario sería un fracaso.