Nacional

“Darío amaba los parques”

* Inconcebible que mientras en otras naciones se honra con el mayor respeto la memoria del gran bardo, aquí se impida visitar su monumento y se permita su destrucción

Valeria Imhof

¿Dónde está, en Buenos Aires, la plaza de Rubén? ¿Dónde está la estatua de Rubén Darío? Él amaba los parques. ¿Dónde está el parque Rubén Darío? príncipe de la literatura... Estas palabras forman parte de un diálogo pronunciado por el poeta chileno Pablo Neruda y el español Federico García Lorca, quienes durante una noche de homenajes resaltaron la figura del príncipe de las letras castellanas.
“Él amaba los parques”, expresó Neruda en esa ocasión, ante lo que hoy constituye una triste paradoja del destino: el parque del bardo, que cobija el monumento en su honor, se ha convertido en una “zona de seguridad” de la Casa Presidencial, donde no se permite caminar libremente, y menos que los vigilantes que custodian al poeta carguen armas para proteger la escultura de los vándalos y delincuentes que pululan en el lugar.
“Si la seguridad de la Presidencia está interfiriendo con la vigilancia del parque y a su vez no cuida el monumento, entonces el pobre Darío está condenado a que su monumento vaya deteriorándose cada vez más”, reflexiona el doctor Carlos Tünnermann Berheim, un estudioso y admirador del poeta nicaragüense.
El monumento a Rubén se erige a unos 50 metros de la Casa Presidencial. A raíz de esto la seguridad personal de la Presidencia no permite que los seis vigilantes que cuidan la obra las 24 horas del día porten armas de fuego, pero tampoco hacen nada para repeler a los delincuentes, a pesar de que se encuentran armados hasta los dientes.
Tünnermann lamentó que la vigilancia del parque no pueda ser efectiva porque se encuentra en un área considerada como zona de seguridad de la Casa Presidencial. “Creo que el señor Presidente debería expresamente dar instrucciones a la Policía de que el área del parque Rubén Darío sea excluida de la zona de seguridad de la Casa Presidencial, porque está lo suficientemente alejada como para no representar ningún peligro”, expresó Tünnermann.
El intelectual dijo que es obligación de los nicaragüenses y de las autoridades proteger el monumento, máxime cuando nos recuerda la memoria de nuestra máxima gloria nacional. ¿Cómo es posible que en otras ciudades como Buenos Aires y Chile los monumentos a Darío están bien conservados, y que en su tierra natal los nicaragüenses y el Gobierno no sepamos proteger su monumento?”, se preguntó el educador.
Señaló que otra de las medidas que se deberían tomar es permitir que los vigilantes asignados por la Alcaldía de Managua puedan ejercer la vigilancia adecuada, y luego hacer una campaña para gestionar su restauración con la garantía de que se va a proteger. “Es lamentable el deterioro que ha sufrido el monumento a Darío; a pesar de que se había hecho un esfuerzo para restaurarlo hace algunos años ahora está de nuevo con graves daños”, manifestó.
Tünnermann, además, calificó como actos vandálicos y una falta de educación el saqueo del cual ha sido objeto el monumento. “Es un irrespeto y una falta de identificación con lo que representa el máximo representante de la identidad nicaragüense, por cuyo nombre Nicaragua suena en la literatura mundial. Mientras en otras partes se le rinde honores y se resalta su literatura, aquí no respetan ni siquiera el monumento, además, no sé que ganan robándose un pedazo de estatua o una trompeta”, expresó.