Nacional

Vecinos se quejan de estridente bar


Ernesto García

La tranquilidad que por muchos años vivieron los vecinos del Mercado Periférico, ubicado en la zona oriental de la capital, desapareció súbitamente porque las autoridades municipales han autorizado la instalación de negocios con música estridente.
En carta dirigida al alcalde Dionisio Marenco con fecha del 1 de junio del año en curso, vecinos de ese centro de compras denuncian que la Intendencia autorizó la construcción del bar “Centro Recreativo Periférico” sobre el área verde del mercado.
En la misiva de la cual los quejosos enviaron copias al jefe de la Policía del Distrito Cuatro, comisionado Luis Barrantes, éstos expresan que el lugar donde se construyó ese bar cervecero estaba destinado para la construcción de una cancha de básquetbol.
Música perturbadora
Según los afectados el ruido perturbador principalmente se origina en los negocios de la señora Martha Elena Ulloa, propietaria del bar “Centro Turístico Periférico” y en el sitio conocido como “El Bailongo de Martín”, cuyo dueño es Martín González.
“El ruido de la música es insoportable. Muchas veces no podemos dormir porque son las tres o cuatro de la mañana y todavía están con su música a alto volumen”, aseguró Xavier López.
Zoraida Delfs, otras de las afectadas por el ruido de la música, dijo que las veces que la Policía ha llegado a regular el problema ordenando que la bajen el volumen, pero los dueños de los negocios le bajan por un momento, pero después le vuelven a subir.
Empero el caso más dramático lo expuso la joven Verónica López, cuya familia tiene en venta su casa por no aguantar el ruido que provocan los negocios antes mencionados.
Aludidos se defienden
En repuesta a los cuestionamientos de los vecinos del Mercado Periférico, Martha Elena Ulloa señaló que el hecho que ella haya construido sobre el área verde del mercado no es su responsabilidad.
“Yo estoy aquí porque le pago diariamente 40 córdobas a la Intendencia del Mercado (por arrendamiento) y no es mi culpa si este lugar es o no es área verde”, sostuvo Ulloa, mientras mostraba el último recibo de caja donde hace constar que ella paga por el espacio que ocupa.
Al referirse al tema de la música, Ulloa negó que la música la ponga en su negocio a alto volumen a como sostienen los vecinos, pero reconoció que en el bar tiene una pista de baile, razón por la cual los fines de semana tiene que subir un poco la potencia del aparato de sonido con el que ameniza su local “porque yo no tengo velorio”.
La Ley de Delitos contra el Medio Ambiente señala que los dueños de negocios están obligados a garantizar que el ruido no perturbe a los vecinos, pero Ulloa dijo no tener dinero para hacer una inversión de ese tipo, pese a que en los dedos de las manos andaba tantos anillos de oro que asemejaba a una conocida personaje de la política criolla.
Por su parte, Martín González, propietario del negocio donde todos los fines de semana hacen “bailongo”, dijo que en su caso la música deja de sonar los sábados a las 12 de la medianoche y los domingos a las diez de la noche.
“Cuando el negocio queda vacío temprano, igualmente yo apagó la música temprano”, afirmó González, quien aseguró invertirá en crear las condiciones acústicas para que el ruido de la música no afecte a los vecinos.