Nacional

"No es rentable ser una Gloria Nacional"


Edwin Sánchez

Podrían ser los dedos de un mago rotando la pelota y creando su propio universo alrededor de la pequeña esfera forrada: bola de nudillos, tiro de doble o de cuatro costuras, lanzamiento de causa y efecto, pelota que ni siquiera gira desde que sale del serpentinero y cruza al aire y al bateador. Pero, ¿de quién hablamos? ¿acaso de un hechicero o de un
pitcher? No, sólo estoy acercándome a un capítulo abierto de nuestro béisbol: Calixto Vargas.
Yo pensé, cuando chavalo, que después de la palabra béisbol lo que seguía eran Calixto o Sucre Frech, Pedro Selva o Vicente López. El ex pelotero que veo ahora, de boina, tostado por el sol de muchos estadios del mundo, es el mismo que un día, en el “Santa Julia” de Jinotepe era abucheado por una fanaticada que no perdonaba su “delito” de sacudir los brazos del “Carazo”. Desde el círculo de espera, el primera base del Bóer sólo contestó con una sonrisa, esa misma a la que ahora yo le oigo el nombre de su origen.
“Mi madre, Juana Vargas, me decía: una sonrisa, Calixto, no te cuesta nada”. Yo no lo abucheaba. Él era una estrella ahí, encargada de hacer trizas los promedios hasta de los lanzadores más respetados. ¿Quién había fabricado aquella aceitada máquina que transformaba la Primera en un muro más impenetrable que el que protege la mansión de Eduardo Montealegre? ¿Qué huracanes depositaron aquella tormenta en el diamante de nuestras emociones?
“No tengo una fecha… desde que tengo uso de razón, sé que íbamos al campo de béisbol con mi papá, José Francisco Gutiérrez, y él estaba pendiente de que fuéramos todos los domingos a las ligas de barrios que había antes de la profesional”.
Sacado de la escuela
Apenas supo leer y escribir, por esa costumbre que todavía impera en el país: Calixto fue sacado de la escuela directo a ganarse la vida. “Todas las mañanas trabajábamos, y practicábamos béisbol desde que teníamos entre siete y ocho años”.
El pequeño llegaba con su papá al Estadio de Managua, y como todos, pagaba la entrada. “Pero ya jugaba en las ligas pequeñas”.
Su consejo es paternal. “Es preciso que los padres de familia lleven a sus niños a los espectáculos de canto, de arte, de deportes, porque el niño como su futuro está en embrión, escoge un patrón. Por eso, los malos patrones de la vida, las cosas que no son muy aconsejables no las debe ver, porque el niño siempre está imitando”.
Cuando llegaba al Estadio, ¿ya se miraba uniformado en el terreno?
“Inclusive muchas veces soñé --de 10, 12 años-- que jugaba con los estadios llenos, y que viajaba y que estaba lejos, y a mí se me realizó eso, porque yo conocí más de 30 países en el mundo, viajando dos veces a Europa y a otras partes. Yo quería ser un pelotero importante que representara a mí país, y también quería ser ese atleta uniformado que tuviera calidad. Sí, realicé todo eso”.
Calixto toma una pelota. Pronto la mueve entre sus dedos casi como si dibujara un “strike”, y no sólo eso, sino que parece hacerle cortes transversales para exhibir las piezas internas de uno de esos lanzamientos que componen la sinfonía de un no hitter.
¿Perteneció a una organización de las Grandes Ligas?
Cómo no. Me entrenaron para ser un scout, pero también para ser entrenador de pitcher, todo lo contrario de lo que yo había jugado. Ser un entrenador de lanzadores era otro rollo. Pero ya había lanzado de chiquito y también en otras posiciones, pero no tenía la especialidad que los Astros de Houston me enseñaron por siete años. A ellos sólo les interesaba sacar lanzadores.
¿Cómo se construyó Calixto Vargas?
Hablo de contar primero con el anhelo y la dedicación, y por encima de eso tener el don natural que Dios le da a uno. Debe ser muy disciplinado, tener aspiraciones, son muchos elementos, que si no se juntan todos no llegó a destacar.
¿Cuándo lo llamaron a pertenecer a un seleccionado?
Fue en 1967, con ligas tan buenas como la Profesional. En el 70, cuando ya estaba la Primera División, fui a la serie Mundial de Cartagena y Barranquilla, en el 71 en Cali, Colombia…
¿Qué sintió usted cuando formó parte del equipo de Nicaragua?
Era un anhelo profundo para el pelotero de aquellos días jugar con la Selección; motivo de orgullo para la familia, de que habíamos llegado a la meta, para llegar a ser alguien en la vida. Cuando me dieron el uniforme no me dormí, porque había tantos peloteros de calidad… y cuando se apartaba a los 20 peloteros sucedía un regocijo extraordinario. Ese deseo del atleta por querer ir a representar a Nicaragua, capaz de dar la vida, se ha perdido ahora.
Aquellos días
¿Cómo sobrevivía en aquel medio Calixto Vargas, entre juego y juego?
Te va a asustar, pero yo ganaba 300 córdobas quincenales jugando con el Bóer Victoria de Primera División (siete córdobas por un dólar). Decían que era prohibido ganar, pero los estadios se llenaban y veíamos que era una explotación terrible, pues nosotros no conseguíamos nada. Trabajaba como supervisor de la Cervecería y también en El Caracol, como cualquier repartidor, de pulpería en pulpería. Cuando compré mi camión anduve acarreando materiales de construcción, y por la tarde me iba a jugar pelota. Yo no vivía del béisbol. Yo vivo ahora de lo que sembré en el béisbol, por la gracia de Dios. En ese tiempo lo que me daba el béisbol era un viático para pasajes que ni siquiera ajustaba para la comida que uno gasta cuando come en los estadios.
¿No entrenaba?
Pocas veces, por eso hablo de que el pelotero de aquellos días era superdotado, porque en el caso mío yo no podía estar descuidando a mis hijos --para ellos era el dinero que me ganaba con mi camión-- para irme a practicar. Yo llegaba a un cuadro, pegaba dos, tres batazos y nada más. Pero tenía buen trabajo que hacía ejercicios: eso de trabajar con una pala, cargar un camión, bajar bloques de cantera y subir piedra triturada era un ejercicio extraordinario.
¿Cómo era la vida del pelotero? La gente lo aplaudía, se sentía regocijado ser de la Selección, pero…
Para tratar de explicar eso, debo decir que es muy triste para el atleta de alto rendimiento, sobre todo cuando se es joven, el no contar con una lupa para ver que tiene un futuro incierto. Se aparta de los estudios y se entrega en un ciento por ciento para jugar pelota y rendirle al país, pero por parte de las autoridades (deportivas) y del gobierno no se ve así: “Si sos un viejo, sos un viejo”. Ya no valés y sos descartado como cualquier pieza de un vehículo que ya no sirve. Eso es muy triste, y uno se da cuenta muy tarde. Pero yo no me arrepiento, porque de los pocos peloteros que se puede decir que todavía le sacan provecho a la pelota, es que gracias a Dios se me prendió el bombillo y me metí a la Crónica Deportiva y todavía sigo luchando.
¿No es rentable ser gloria nacional?
No es rentable, absolutamente no. Pero debo explicar que hay otra “rentabilidad”: Si se trata de explicar el amor que el pueblo le tiene al que llega a destacar en un deporte, yo lo digo como lo hago en mi programa: mi riqueza es mi pueblo. Si yo llego a golpear a veces, golpeo las puertas de un gerente y la secretaria dice: “No está”, le digo: Mire, dígale que es Calixto Vargas y quiero vender la publicidad. Por el hecho de ser Calixto, él manda a decir: “Que pase”, y tal vez nunca lo había conocido.

Un guerrero contra la vanidad
Llegó muy tarde al Salón de la Fama, ¿qué pasó?
La opinión generalizada es que debí haber estado desde hace muchísimos años, porque tengo 21 años de retirado, pero el problema es que eso es rotativo. Alguna gente decía que era por maldad, porque yo tuve diferencias con Carlos García, pero yo no lo veo tan así. Me gusta que haya sido en este año porque todavía estoy bien, lo disfruté con mi esposa, con mis hijas. Es una coronación que no te da más que reconocimiento, y el pueblo que a uno siempre lo regocija.
Usted fue un ídolo popular, un héroe como Vicente López, de la pasión nacional, famoso, ¿cómo influía en su ánimo no pasar inadvertido y que no se le subieran los humos a la cabeza?
Debo ser realista para responderte: un ser humano no deja de ser imperfecto, pero uno debe guerrear contra esa vanidad, porque eso es una fantasía y es irreal, porque la verdad, no hay una superioridad del uno para con el otro, y en este caso, se lo debo a mi madre Juana Vargas. Cuando estábamos en la cúspide todo el mundo la saludaba a ella, me saludaban a mí, salíamos en el periódico, las entrevistas… y ella me decía: “Hijo, uno no se debe a sí mismo. Y una de las cosas más importantes para un ser humano que se destaque en cualquier cosa es que la gente diga: qué linda persona. Y para cada persona, una sonrisa, Calixto. Nada se te quita”.
¿Iba caminando en la gloria y con enormes problemas económicos?
Hay una cantidad de gente que puede creer que porque Calixto es Calixto, ese tipo debe tener ahorros, y realmente no es así. Soy un trabajador que vivo de mi esfuerzo, lucho, estoy llegando a preparar a algunos hijos. Y agradezco a los empresarios que me apoyan, porque siempre están pensando: “Hay que ayudarle a Calixto”.
¿Le dejó algunos rencores la forma como lo trataron en el béisbol?
Siento que no me trataron con justicia, porque fui un hombre que enfocó la realidad que vivíamos en el momento y se me tergiversaba, creyendo que era un tipo marxista. Como hablaba de cómo Cuba trataba a sus peloteros me persiguieron. Tuve que irme a Tisma, y cuando terminó la guerra encontré mi casa destruida por una bomba de alto poder.
¿Te faltaron turnos para ser declarado campeón bate del Mundial 72?
“Cuando me preguntaste que si tenía alguna amargura, ese es el único punto, pues yo sé que fui despojado malintencionadamente. Inclusive las autoridades no han querido sacar las hojas oficiales de esos juegos, que están en caja fuerte. Les hice ver --cuando me seleccionaron para el Salón de la Fama-- que por qué no sacaban esas hojas para que se dieran cuenta de que me habían quitado turnos y hit para dárselos a un japonés. He limado asperezas con Carlos García, y no quiero llegar al Señor con rencores”.
Calixto nos deja. Se va sonriendo, alegre, hombre que conoció castillos, bebió en utensilios de oro, conoció Roma y al Papa, paseó por París y se tomó un café a la orilla del río Sena. Allá en Managua, detrás del aplauso y de las voces emocionadas de Armando Proveedor o Evelio Areas Mendoza, su esposa para sobrevivir con sus hijos debía mostrar a la dueña de la pulpería un papelito con una promesa: “Cuando regrese de Europa se lo pagaré”… y una garantía tan solvente como en el terreno de juego: “Calixto”.

La Selección de todos los tiempos
Short: dejaría a Rigoberto Mena y de suplente a César Jarquín.
Tercera: un William que no conocí, Valeriano Mairena y Panal Delgado. Esos tres se rifarían la posición.
Segunda: West Mayer y Julio Medina. Rafael Obando por inteligencia y dominio técnico podría pelearles el puesto.
Primera: es muy atrevido decir que peloteros de mi nivel pudieran entrar como titulares. Yo dejaría a Cayasso en Primera pero con una buena Primera en el banco sentado.

¿Ese es usted?
Ja,ja,ja…

¿Y Nemesio?
Entraría en otra Selección.

Jardín derecho: Bert Bradford.
Central: Ernesto López. Eduardo Green tendría que batear más.
Jardín izquierdo: Duncan Campbell.
Catcher: Vicente López y el Conejo Hernández.
Lanzadores: Porfirio Altamirano, Julio Juárez, Sergio Lacayo, Albert William, René el “Ñato” Paredes, Víctor Cruz.
Manager: ¿Argelio Córdoba, Heberto Portobanco, Noel Areas, Octavio Abea?
Cualquiera de los que mencionás, porque los managers no ganan juego si no tienen selección.
Mejor organizador de béisbol: Carlos, con todo y sus defectos, sí tuvo los mejores contactos del mundo, pero éramos sus soldados, y los oficiales tratan mal a sus soldados y él lo hizo.