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Otras siamesitas en Guatemala


Guatemala, EFE -La falta de un tratamiento prenatal adecuado impidió a Rosario de Piló saber antes de dar a luz que dentro de su vientre crecían dos siamesas a quienes ahora los médicos tratarán de separar.
"Las angelitas", como han sido bautizadas las hijas de Rosario y Genseslao Piló, una pareja de jóvenes campesinos indígenas, nacieron el pasado 23 de junio en el hospital nacional de Sololá, unos 140 kilómetros al oeste de la capital guatemalteca.
Durante los nueve meses del embarazo, Rosario, madre primeriza de 21 años, acudió sólo en dos ocasiones a un centro de salud de Sololá para asegurarse de que todo marchara con normalidad.
Los médicos de ese pueblo, quienes, según estadísticas del Ministerio guatemalteco de Salud, tienen que atender a diario a más de 150 embarazadas, nunca le hicieron algún estudio que pudiera detectar la presencia de gemelos, y menos aún de siameses.
Fue sólo en los momentos previos al parto cuando los facultativos supieron que "algo estaba mal".
Debieron practicar una cesárea a Rosario, y minutos después vieron cómo dos niñas unidas por el abdomen se aferraban a la vida.
"Es la primera vez que nacen siameses en este pueblo", explica Edgar González, uno de los médicos que atendieron el parto.
La falta de equipos adecuados para su tratamiento en ese hospital y la inexperiencia de sus médicos en ese tipo de casos hicieron que las pequeñas fueran trasladadas a la Unidad de Pediatría del Hospital Roosevelt, el más grande y especializado del país.
Cada una tiene mayoría de sus órganos
Genseslao, que se gana la vida cultivando patatas en Sololá, no sale del asombro ni de la preocupación. Quiere que sus hijas sean separadas para que puedan tener una vida normal, pero reconoce que no cuenta con los recursos económicos mínimos para costear los tratamientos médicos que una cirugía de ese tipo requiere.
"Las angelitas", precisa Manuel Pérez, jefe de la Unidad de Mínimo Riesgo del Hospital Roosevelt, "están estables".
"Cada una tiene sus propios órganos: su corazón, sus riñones, su estómago", lo único de lo que aún no están seguros los médicos es de "si cada quien tiene su propio hígado, o si comparten el mismo".
Eso no lo sabrán hasta que les practiquen complicados análisis clínicos para determinar el funcionamiento en el sistema circulatorio de bilis.
"Si cada quien tiene su propio hígado, la separación no será muy difícil", indica Pérez. De no ser así, "es posible que el único hígado se pueda dividir, pero eso es algo complicado", y difícilmente podrá hacerse en el país.
Por lo pronto, señala el médico Javier Bolaños, jefe de la Unidad de Cirugía Pediátrica de ese hospital, no hay prisa por separar a las pequeñas.
"Ese tipo de operaciones requiere de mucha planificación y, por consiguiente, de mucho tiempo. Las niñas pueden permanecer como están hasta que tengamos los resultados de los análisis y estudios. Por lo demás están sanas, normales", explica Bolaños.
En los últimos seis años éste es el segundo caso de siamesas que conmociona a la sociedad guatemalteca.
El primero ocurrió en septiembre de 2001, cuando en una población rural del departamento de Suchitepéquez, unos 130 kilómetros al suroeste de la capital, nacieron "Las Mariítas", siamesas unidas por la cabeza.
La historia de "Las Mariítas" tuvo un desenlace feliz. Los médicos del hospital de la Universidad de California, en EU, las separaron con éxito a mediados de 2002, después de exhaustivos estudios.
Las pequeñas, que tienen ahora cinco años, se recuperan lentamente con procesos especiales de rehabilitación, y los expertos que las atienden confían en que lleguen a tener una vida normal.
"Las angelitas" podrían correr la misma suerte. EFE