Nacional

Vivimos catástrofe forestal y ambiental

* Una emergencia incompleta, una reforestación que no se aplica y madera pudriéndose en los ríos

La celebración del Día Nacional del Árbol, hoy viernes 23 de junio por decreto presidencial, sólo es una efemérides dentro del calendario ecológico en medio de una catástrofe forestal y ambiental, que es a la vez económica y social, y, por ende, atentatoria contra la calidad de vida de los nicaragüenses, sostiene el máster en ciencias ambientales, Kamilo Lara.
Desde 1971, en el decreto 18-91 se celebra el Día Nacional del Árbol, y se insta a los ministerios relacionados con la educación, la agricultura, al ambiente y lo forestal, a celebrarlo y ejecutar campañas de reforestación, sobre todo con la especie del madroño, que debe ser plantado en plazas públicas, parques, autopistas y los patios de cada centro de enseñanza.
No obstante, debido al arboricidio que ocurre como algo ya rutinario en el país, esta efemérides se está celebrando en medio de una incertidumbre del futuro forestal de Nicaragua, que amenaza el desarrollo sostenible de la nación, expresa Lara
Ley de veda, incompleta
Esta celebración se desarrolla en el contexto de un estado de emergencia económica y forestal, y alrededor de la publicación de una ley de veda forestal, que más bien creó incertidumbre en su aplicación por la falta de recursos financieros, y por haber incluido sólo unas pocas especies a ser protegidas.
La medida, hasta el momento, sólo ha favorecido la especulación en el costo de la madera, y ha aumentado en el Pacífico nicaragüense el tráfico ilícito de especies forestales preciosas y de no tradicionales, que es la madera blanca de la cual hacen uso los más afectados, que son los microempresarios y los artesanos que normalmente consumen los desperdicios del árbol que dejan los exportadores y aserradores, quienes se llevan el filete de la madera.
Desgracia sobre desgracia
Kamilo Lara afirma que además de los hechos sucedidos con el desastre forestal en el Atlántico del país, es de lamentar que se está sucediendo desgracia sobre desgracia, en el sentido de que las autoridades aún no sacan la madera que está flotando en los ríos caribeños, lo que está causando contaminación con tanino y provocando eutrofización por estancamiento de las aguas de estos cuerpos de agua.
Señala el experto que existe la amenaza latente de que con la llegada del invierno y de fenómenos naturales como huracanes y tormentas, todas estas tucas vayan a parar al Mar Caribe de Nicaragua arrastradas por las aguas crecidas, perdiéndose madera valorada en unos 20 millones de dólares, al menos.
“En este sentido, la comisión asignada para abordar este delito ambiental sucedido, debe tomar medidas urgentes que eviten la pudrición de los árboles y la pérdidas de estos productos del bosque, para que no se aumente el daño ambiental que ya quedó sellado en los suelos del bosque húmedo tropical”, explicó el experto.
Hace una semana, la comisión investigadora tenía que haber publicado el destino final de la madera que está perdiéndose en los ríos del Caribe, sin que se aplique el dicho popular “en río revuelto, ganancia de pescadores”.
El bosque, señala Lara, no es sólo para contemplarlo, sino para sacarle el valor agregado a la madera, pero de manera sostenible, en función del desarrollo económico del país y de las comunidades que habitan en los bosques que “están siendo exterminados, sin que les quede ningún beneficio, ni aun para mejorar sus viviendas”.
El ambientalista destaca que los bosques de Nicaragua podrían ser un símbolo de vida para el pueblo nicaragüense, similar a la cruz del madero como signo de vida para los cristianos con la resurrección de Cristo, pero en Nicaragua los bosques maderables se han convertido en negocio para unos pocos, y en depredación y miseria para las comunidades.