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Continúa inaccesible la Estatua de la Libertad


Nueva York / EFE
El cierre temporal del interior de la Estatua de la Libertad tras el 11-S ha convertido a ese emblema de Nueva York en un “símbolo del miedo”, cuando fue concebida como un “símbolo de la libertad”.
Así lo piensa un grupo de legisladores que impulsa la pronta y completa reapertura de la monumental y famosa escultura para que los visitantes puedan volver a acceder a su interior, desde los pies hasta la corona.
Liderados por el congresista demócrata Anthony Weiner, el grupo ha emprendido una cruzada para dotar de más fondos al Servicio Nacional de Parques, que garanticen la seguridad de los turistas en caso de reapertura total del monumento.
La propuesta debe ser aprobada por el Senado, pero --tras recordar que el resto de monumentos cerrados tras el 11-S son ya accesibles al público-- Weiner ha propuesto fecha para la reapertura: el 4 de julio, día de la Independencia de Estados Unidos.
“Sería una buena oportunidad para decir que estamos de nuevo en marcha tras el 11-S”, dijo el representante demócrata, cuya iniciativa cuenta, no obstante, con la oposición de legisladores republicanos como Steve Pearce, representante por Nuevo México.
“Ningún monto de dinero puede cambiar la amplitud de las escaleras” interiores del monumento, recordó Pearce, que salió en defensa del argumento del Servicio Nacional de Parques, que se muestra reticente a reabrir la Estatua.
Esa instancia, a cargo del monumento, esgrime que su preocupación en cuanto a seguridad tiene más que ver con la eventualidad de un incendio que de un ataque terrorista. Y mantiene que las escaleras de caracol que recorren el interior de la Estatua son muy estrechas para realizar una evacuación rápida.
De 354 escalones, esa escalera de caracol serpentea desde los pies y hasta la corona de la escultura como si fuera su columna vertebral, y desde ella se pueden ver las costuras que revelan cómo fue construida “La Dama de la Libertad”.
Inmediatamente después del 11-S, el Servicio Nacional de Parques prohibió el acceso a la propia Isla de la Libertad, al sur de Manhattan y el lugar donde se erige la Estatua, aunque lo restableció en agosto de 2004 con la instauración de nuevas medidas de seguridad que costaron unos 27 millones de dólares.
Desde entonces, los millones de turistas que visitan ese destino deben pasar por máquinas detectoras de metales en el embarcadero del ferry, y una vez que desembarcan en la base de la Estatua atravesar portales detectores de explosivos de la más avanzada tecnología.
Otras medidas de seguridad incluyen nuevos sistemas de iluminación y vigilancia por vídeo, más rutas de evacuación y mejores sistemas de comunicación en caso de emergencia y de protección contra incendios.
Obra del escultor Frederick Auguste Bartholdi, la Estatua de la Libertad fue un obsequio del Estado francés a la ciudad de Nueva York con motivo, en 1876, del primer centenario de la independencia de Estados Unidos.
Con 46 metros de altura y 225 toneladas de peso, la Estatua tiene una corona de siete puntas que simbolizan los siete mares o --para los norteamericanos-- los siete continentes, y una antorcha que alza con su brazo derecho. El título original de la monumental escultura era “La libertad que ilumina al mundo”.