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“Muerte civil” por pederastia a padre fundador

* Se trata de sacerdote mexicano creador de “Los Legionarios de Cristo” * Ocho ex seminaristas lo acusaron en carta a Roma en 1998 de abusos sexuales sufridos en su adolescencia

Roma -El papa Benedicto XVI, en un gesto inusual y cargado de significado contra la pederastia, impuso ayer al sacerdote mexicano Marcial Maciel, fundador de la poderosa congregación de los Legionarios de Cristo, la renuncia “a todo ministerio público” (misa, presencia pública, confesión...), tras realizar un "examen atento" de las denuncias por abusos sexuales presentadas contra Maciel por varios antiguos seminaristas. El Vaticano anunció, con un comunicado, que renunciaba a someter a Maciel a un proceso canónico a causa de su “edad avanzada”, 86 años, y de su frágil estado de salud.
La denuncia que ha desembocado en el castigo, arrancó cuando ocho ex seminaristas enviaron en 1998 una carta a Roma narrando los abusos que habían sufrido de adolescentes a manos de Maciel en los años 40 y 50 en España.
Marcial Maciel Degollado (Cotija de la Paz, México, 1920) no es un eclesiástico común. Es un Fundador, con mayúscula, un hombre destinado al altar por haber convocado en torno al Papa a un inmenso ejército de fieles con espíritu legionario, como antes hicieron Ignacio de Loyola (jesuitas), Francisco de Asís (franciscanos), Josemaría Escrivá (opus) y tantos otros. En los últimos doscientos años, sólo un Papa ha sido elevado a los altares --San Pío X--, frente al rosario de santos fundadores que no cesa.
Los fundadores suelen tener vidas extraordinarias. La de Marcial Maciel resulta casi milagrosa, juzgada por lo ocurrido ayer. Hijo de ricos, sobrino de dos obispos y expulsado tres veces de otros tantos seminarios, fundó antes de hacerse cura, a los 20 años, la congregación de los Legionarios de Cristo junto a otros 13 muchachos, llamados inicialmente Misioneros del Sagrado Corazón y de la Virgen de los Dolores.
Una vida “casi milagrosa”
Fue en enero de 1941. Tres años después se ordenó sacerdote y emprende, como tantos antes, su romería particular. Y Roma le abre las puertas, se supone que con la llave de los dos parientes obispos. Los seguidores de Maciel lo cuentan de otra manera, como un primer prodigio. En una multitudinaria ceremonia de Pío XII, el joven que dice sentirse enviado de Dios a México se acerca al Papa. “Soy un sacerdote mexicano y tengo una cosa importante que decirle”. Y el Papa: “Mañana a las 12:00”. Lo que sucedió después está plagado de éxitos y triunfos, incluso económicos --los millonarios de Cristo, se les llama a veces, con severa malicia--, pero también de escándalos y denuncias por prácticas pederastas y abusos sexuales. Ayer, por fin, el Vaticano no ha tenido más remedio que rendirse ante las evidencias.