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Comando mafioso puso a Sao Paulo de rodillas

* Empezó hace 13 años, y ahora el PCC dirige desde la cárcel todo el crimen organizado * “Marcola”, condenado a 44 años por asalto bancario, trata de imponerse a sangre y fuego desde su prisión * Violencia continúa, muertos pasan de 150, resurgen “Escuadrones de la Muerte” y la reacción policial para vengarse matando parece no tener límites

SAO PAULO, Brasil /AFP -La contraofensiva lanzada contra la mafia prosiguió este jueves con la muerte de al menos 10 sospechosos de delincuencia, mientras se multiplican las denuncias sobre operaciones parapoliciales en una ciudad bajo el terror que en seis días fue testigo de más de 150 muertes. Diversos atentados contra objetivos policiales se registraron durante la madrugada de ayer con un saldo de 10 muertos y ocho buses incendiados.
El creciente número de "sospechosos" muertos en las calles desató denuncias de que "escuadrones de la muerte" participan paralelamente de la ofensiva de las fuerzas de seguridad contra el crimen organizado. Ha crecido la alarma por la temida aparición de los escuadrones de la muerte. "Nos preocupan los asesinatos por personas encapuchadas, puede tratarse de comandos paralelos o policías vengando a sus colegas", admitió el auditor de la Policía.
El PCC por dentro
JORGE MARIRRODRIGA,
ENVIADO ESPECIAL, São Paulo
Jonathan era un joven de 19 años que como otros tantos de una barriada empobrecida del norte de São Paulo, había dejado de ir al colegio hace años y no tenía trabajo conocido. El pasado martes fue tiroteado por la Policía Militar de São Paulo cuando el coche en el que viajaba no se detuvo en un control. Cuando los policías se acercaron a su cadáver, todavía empuñaba una pistola de mediano calibre con las siglas PCC grabadas en la culata, y de su cuello colgaba una placa dorada con una inscripción grabada: "Paz, Justicia y Libertad".
En uno de sus bolsillos los agentes encontraron un papel del Primer Comando de la Capital --la organización criminal que ha puesto en jaque al Estado de São Paulo durante cuatro días--, con la palabra “vestibular” escrita en él. “Se trata de una especie de salvoconducto que dice que el chico es un aspirante a entrar en la banda, para muchos jóvenes es un sueño. Las palabras de la placa son el lema del PCC”, explica un agente de policía destinado en una zona menos conflictiva de la capital paulista.
La familia de este agente, cercano a los 50 y con un hijo también policía, ha pasado cuatro días fuera de casa, refugiada en casa de unos familiares en otra zona de la capital paulista, pendiente del teléfono, mientras radios y televisiones retransmitían en directo desde helicópteros asaltos y tiroteos. “Ha sido una gran victoria del crimen organizado”.
“Ellos dicen que van a actuar y todos se van a casa”, se lamenta el sociólogo Demetrio Magnoli.
Y el vencedor es Marcos Willians Herbas Camacho, alias “Marcola”, quien dirige la organización fundada por ocho presos hace 13 años durante un partido de fútbol en el penal de Taubaté, a 130 kilómetros de São Paulo.
Un delincuente sin límites
Seis están muertos y los otros dos, aún presos, apartados de la organización. “Marcola”, condenado a 44 años por el asalto a un banco y cuyo libro de cabecera es “El Arte de la Guerra”, del general chino Sun Tzu, se ha abierto paso hasta la cúpula, ha eliminado a sus rivales, evitado traiciones, y hoy dirige con mano de hierro una engrasada maquinaria que asegura “combatir la opresión dentro del sistema penal paulista”, pero que en la práctica extiende sus redes mucho más allá de los muros de las atestadas prisiones de São Paulo.
Aunque apela a la simbología --utiliza el ying-yang como bandera y los números 15.3.3 como seña de reconocimiento-- el PCC basa su poder operativo en una financiación perfectamente estructurada. Los miembros de pleno derecho, denominados “hermanos integrados” y que la Policía estima en unos 130,000, pagan, todos sin excepción, una cuota mensual que va de los 25 reales (12 dólares) de aquellos que se encuentran presos en régimen cerrado, a los 500 de los que viven fuera de la prisión, pasando por los 50 reales de quienes estando encarcelados, disfrutan de un régimen abierto.
A estas aportaciones hay que añadir los pagos que realizan los familiares tanto en sus visitas a prisión como en el exterior. “Creemos que sólo así manejan más del millón de reales al mes”, advierte João Rinaldo Machado, presidente del sindicato de Trabajadores penitenciarios de São Paulo.
Con este presupuesto la dirección de PCC, desde la cárcel, controla el tráfico de drogas, ordena la compra de armas, secuestros y organiza acciones delictivas de gran impacto, pero también fleta autobuses para que los familiares de sus miembros les visiten en la cárcel, distribuye cestas de alimentos entre presos, organiza fiestas en las cárceles o compra juguetes a los hijos de sus miembros en prisión.
Además, otorga asistencia jurídica a los reclusos, compra equipos de televisión para la cárcel --indispensables ante la proximidad del Mundial de fútbol-- e incluso paga cursos de derecho para tener abogados “aliados”. Machado denuncia que muchos directores de prisiones se aseguran la tranquilidad en sus centros, y la seguridad personal, haciendo concesiones a los presos.
“Hay un trabajo excesivo para los guardias. No pueden acceder a los pabellones si no pactan antes el número de guardias que van a entrar con los presos. Y mucho menos pueden entrar en las celdas”. Al igual que numerosos estamentos, Machado opina que la principal arma en manos de los miembros del PCC es el teléfono móvil. La Policía de São Paulo estima que el 70% de los secuestros que se producen en el Estado son planificados y ordenados desde el interior de las prisiones.
Los jefes de PCC no utilizan móviles con números originales, sino clonados, es decir, replicados de números auténticos de usuarios en el exterior de la prisión, lo que complica el seguimiento de las llamadas. La ejecución de las órdenes sigue un sistema rígidamente jerarquizado en lo alto, del cual se encuentra los denominados “torres”, seis personas subordinadas a Marcola, que forman parte de la dirección del PCC.
Sus instrucciones son transmitidas a los “pilotos” --quienes se encuentran tanto en el interior como en el exterior de las cárceles-- que a su vez las replican a los “soldados”, también jerarquizados a su vez, encargados de ejecutarlas. En menos de una hora con este sistema, el PCC se ha mostrado capaz de coordinar ataques en masa contra comisarías de Policía o decenas de motines por todo el Estado. La Policía asegura que también los abogados pasan las órdenes de las “torres” al exterior.
Las redes de contactos del PCC llegan hasta los lugares más reservados de la administración brasileña. Ayer se conoció que los líderes del PCC tuvieron acceso apenas 24 horas antes del comienzo de la revuelta a las declaraciones secretas hechas por dos altos responsables policiales de São Paulo ante una comisión del Congreso brasileño.
Los policías revelaron su intención de trasladar a la dirección del grupo criminal a un penal situado a más de 600 kilómetros de la capital paulista para tratar de entorpecer sus actividades. El técnico encargado de grabar las declaraciones ante los diputados vendió por apenas 200 reales (unos 100 dólares) los dos CD donde se registraron los planes policiales. Con esta información, la cúpula del PCC sabía de antemano cuándo tenía que actuar y cómo. El autor de la venta ha reconocido que sabía que los abogados a los que estaba vendiendo las grabaciones eran del PCC, pero aseguró desconocer “la inmensidad” de lo que iba a provocar. “Es que gano poco”, se justificó.
El PCC quiere presentar un candidato --naturalmente oculto-- a las elecciones legislativas del próximo octubre, tanto al Congreso federal como al del Estado de São Paulo. Según los datos que maneja el Departamento de Investigaciones sobre Crimen Organizado, el grupo está invirtiendo unos 700,000 reales (350,000 euros) en la campaña. Las investigaciones se centran en saber quiénes son estos candidatos.

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