Nacional

Fe granítica, tolerancia y humanismo


Edwin Sánchez

El doctor Gustavo Parajón dice que no busca los galardones, pero en julio recibirá el Premio de Derechos Humanos 2006 otorgado por la Alianza Bautista Mundial (ABM). El primero en recibirlo fue nada menos que el ex presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, y ahora este médico nicaragüense se une nada menos que de tercero en esta prestigiosa lista.
El nombre de Parajón está muy ligado a la obra bautista nacional. A la historia misma de la Iglesia Protestante y a una actuación muy particular que quizá no se ha evaluado durante los años 80. ¿Quién es este hombre que mantuvo una posición autónoma, de compromiso con la gente de pocos recursos, sin caer en la militancia de la Iglesia Popular?
Si se habla de su vida, hay que anotar varias organizaciones fundadas por él y otros líderes, pero la sintonía de la mayoría es relacionarlo con la expresión social y cotidiana de una misma experiencia religiosa.
“Cuando joven, a la edad de unos 14 años, me sentí muy conmovido por la situación de las personas en el área rural. La Iglesia nuestra siempre ha tenido muchos campos misioneros. La Iglesia Bautista dio a luz a unas 55 iglesias de la Convención Bautista de Nicaragua”.
Los cipotes que morían lo conmovieron
“Me conmovió ver a los cipotes recién nacidos. Cuando uno regresaba del viaje misionero, al cabo de una o dos semanas, había muerto un niño, una niña. La mortalidad era muy grande. Entonces sentí yo mi experiencia religiosa: el llamado del Señor para servir como médico. Fue así que graduándome en el Colegio Bautista, su director me animó a que fuéramos cuatro de nosotros a una universidad en los Estados Unidos”.
El ahora pastor de la Iglesia permaneció en Norteamérica desde 1955 hasta 1968, donde cursó medicina interna, y luego fue a Harvard a obtener la especialidad en salud pública. “Esto dio inicio al “Proyecto de Vacunación y Desarrollo de Nicaragua”, Provadenic, que trabajaba en 34 comunidades”.
Al retornar a su país viene casado, con una fe documentada y sus dos hijos. Parece que Estados Unidos no era para él, porque desde entonces radica en su patria.
“Yo estuve desde el 68 hasta el 72 en el Hospital Bautista como ‘el internista’. Cuando fue el terremoto de 1972, se da tanta respuesta de la gente a nivel nacional e internacional, que nos hizo fundar el Cepad. Era tanto el trabajo que yo me tuve que dedicar exclusivamente al trabajo en esta organización”.
El doctor Parajón fue nombrado pastor en 1984, una época quizá no muy adecuada para tomar el púlpito en una Nicaragua de posiciones encontradas. El anterior pastor se trasladaba a Estados Unidos y “quedé yo como pastor. No pudimos conseguir una persona que pudiera ser aceptada, porque inclusive la Iglesia estaba polarizada, unos a favor y otros en contra de la revolución”.
Sin efectos especiales
Cuando el líder religioso habla de su ordenación no le pone los adornos que otros pudieran esperar. Parece que no es su costumbre crear efectos especiales alrededor de su nombre, tanto que si algún día le dijeran que pronunciara un discurso sobre su vida, se escabulliría hablando de la obra de otros, o de lo que pudo hacer con ellos. Lo que él nos dice es que llega al púlpito “tal vez porque me conocían a mí desde pequeño, al fin y al cabo, aunque no estaban de acuerdo con mi postura, me aceptaron como pastor”.
La Iglesia ha tenido una gran importancia en mi vida, nos refiere luego, aunque no era necesario que lo expresara, pues en la entrevista acude a la misma, como parte de su biografía.
¿En tiempos de polarización no afectó su liderazgo?
En las iglesias bautistas se respeta mucho la libertad de conciencia, uno debe comprender aunque uno no esté de acuerdo en un área con mi hermano o hermana, debo tener respeto para esa persona. Más bien practicar esto hizo posible aceptarnos y trabajar juntos.
Miembro de esta iglesia fue el doctor Rodolfo Mejía Ubilla, ministro de Somoza, Presidente y Director del Instituto Agrario Nacional, IAN, y otras personas que simpatizaban con el movimiento sandinista. Y sin embargo en ese momento muy crítico de polarización podíamos trabajar juntos y mantener la unidad de la Iglesia. Posteriormente creo que el trabajo desarrollado por el Cepad en Nueva Guinea y el Atlántico hizo que Yatama solicitara que la Iglesia Morava y el Cepad formaran la Comisión Conciliadora de la Costa Atlántica.
En el caso de Nueva Guinea, donde el Frente Sur esperaba, hizo que ese grupo pidiera que este servidor fuera un mediador. Esto ayudó al fin y al cabo. Ha sido muy satisfactorio poder ver que había gente envuelta en el conflicto, y sin embargo se puede llegar a acuerdos, donde nos permitiera continuar trabajando juntos como nicaragüenses.
Serias diferencias con el Frente
En realidad, una situación muy dinámica. Con el Frente Sandinista tuvimos diferencias serias, como cuando se da la Navidad Roja, cuando se echan presos al reverendo Norman Bent, y también a otros de los súper intendentes moravos. El Cepad protestó. Gracias a las gestiones del organismo se pudieron liberar.
Lo que se persigue es que se pueda dialogar cuando hay dificultades, cuando hay diferencias de opinión, que se dialogue, y creo que la violencia jamás es redentora y la vida de Jesús demostró eso.
En Estados Unidos las iglesias se polarizaron. Pero la labor hecha por Provadenic, el Cepad, hizo que se respetara ese trabajo, y por consiguiente el apoyo de esas iglesias siempre fue muy notorio y muy efectivo. Inclusive, ellos --como las iglesias bautistas, metodistas, luteranas, de los discípulos y muchas otras--, trataron de ver la situación desde la óptica de Nicaragua.
Así, hubo muchas intervenciones que fueron muy positivas para que el proceso de paz en los últimos años de los 80 no pudiera tener más tropiezos.
Creemos que el cristiano debe dar su testimonio, y entonces creíamos --como ahora-- que debíamos tener actividades para lograr nuestras metas por la paz. Siempre dialogábamos y teníamos intercambio con los demás movimientos, desde la óptica del ministerio profético. La denuncia debe ser denuncia objetiva. Cuando hay un abuso de un lado hay que denunciarlo, y cuando hay del otro, igualmente.
La Teología Popular consideró la revolución como un paraíso y nunca señalaban sus errores. ¿Usted no estaba en esa posición de criticar sólo de un lado: “la contra”, “el imperialismo”, y dejaba pasar una serie de errores que nada tenían que ver con lo que dicen los textos evangélicos?
Nosotros desde el principio protestamos cuando se tomaron varios templos, y el FSLN tuvo una reunión donde habló Daniel Ortega Saavedra, y pidió disculpas y se regresaron los teatros. De igual manera durante la “Navidad Roja”, cuando se liberaron a varios líderes que fueron llevados a La Loma. Dialogamos, dijimos que no habían cometido ningún delito. Fueron liberados. Lo mismo cuando fue la movilización de Tasba Pri, no lo podíamos aceptar.
¿Qué destacaría en su vida?
En el campo médico, lo que hemos logrado en las comunidades rurales, trasmitir a los pobladores las ideas básicas de la higiene en salud ha sido totalmente exitoso, porque la mortalidad de los niños menores de cinco años ha bajado de manera vertiginosa. Esto demuestra que el pueblo de Nicaragua es muy inteligente. Al inicio de mi trabajo en el área rural me impactaba el analfabetismo en las mujeres. Así que promovimos la alfabetización. A través de Alfalit.
En el campo de la guerra, destacar que somos seres humanos. El movimiento de Nueva Guinea, en la región central, es una cosa muy exitosa que todavía funciona, ahora no hay presencia gubernamental, el gobierno no gobierna, sino la propia comunidad.
Combinación de retos
Salvar almas y salvar vidas, no es una tendencia histórica que se promueva dentro de la Iglesia Evangélica, con sus ojos puestos en el “más allá del Sol”, ¿cómo logra combinar ambos retos?
Es que el mensaje de la Biblia es el amor de Dios hacia la humanidad, es integral, no es cuestión nada más del alma. Debe prevalecer la justicia. Donde quiera vemos que es una cosa integral.
Estudió salud pública en Harvard y se vino a un país consumido en la pobreza. ¿Cómo fue esta experiencia?
Mis estudios fueron para ayudar a servir, y soy nica, amo a mi pueblo, y estoy convencido de la nobleza y de la inteligencia de mi pueblo nicaragüense. No podíamos vivir en Estados Unidos, tenía el compromiso con el Señor cuando me di cuenta de toda esa pobreza. Mi papá muere cuando tenía 15 años, y mi mamá cuando tenía 13. Quedé moto, pero no, la gente de la Iglesia me apoyó.
¿Cómo se siente?
Me siento autorrealizado, pero más que todo siento que mi servicio ha sido al Señor, pero servir al Señor significa servir a los que te rodean, porque no es una cosa abstracta. En Mateo 25 dice que el Señor va a llamar, en el tiempo del juicio, a aquellos para preguntarle a quién le diste de comer, a quien visitaste en la cárcel. Es una cosa muy concreta.