Nacional

Nicaragua necesita un estadista

*Están más preocupados en alianzas y en personalidades que en el fondo de los problemas. *Nadie se ha preocupado por los límites de Nicaragua, hay tres juicios pendientes; uno con Costa Rica; otro con Colombia y otro con Honduras *La clase política nacional es muy inmadura, no estudia, no analiza, no se estudian a fondo los problemas porque no hay una mentalidad de estadista.

Por el contenido de los debates preelectorales conocidos hasta hoy, se puede deducir que ninguno de los candidatos se ha detenido a pensar en los problemas estratégicos de la Nación, entre ellos, la soberanía y sus delimitaciones territoriales, por ejemplo. Este tema parece estar solamente en la esfera de los especialistas.
El NUEVO DIARIO habló sobre este tema y las perspectivas de un futuro gobierno de Nicaragua, con el reconocido analista, doctor Emilio Álvarez Montalván, quien además cree que este país necesita un verdadero estadista, capaz de trascender a la politiquería y enrumbarlo a abordar aspectos cruciales.
Semanas atrás, el también analista Óscar René Vargas declaró a EL NUEVO DIARIO que el país necesita un interlocutor que vaya a negociar con los países emergentes como Brasil, China popular, India y Rusia, aspectos tan importantes como los altos precios del petróleo y la viabilidad de un canal interoceánico, en el cual, la burguesía norteamericana que no está en el poder ha expresado su interés para poder exportar mejor hacia el Pacífico.
¿Qué contenidos visualiza usted en la agenda de los candidatos?
Por ahora ninguno. Los temas de fondo no están en la agenda de los candidatos.
Nadie menciona los temas limítrofes, por ejemplo. Están más preocupados en alianzas y en personalidades que en el fondo de los problemas. Nadie se ha preocupado por los límites de Nicaragua, hay tres juicios pendientes; uno con Costa Rica; otro con Colombia y otro con Honduras.
¿Por qué ocurre eso?
Hay mucha división interna en Nicaragua y eso lo saben los países vecinos. Eso abona para que ellos saquen provecho. Así perdimos Nicoya y Guanacaste. Al final los habitantes de Nicoya y Guanacaste no quisieron saber nada de conflictos; finalmente, Nicaragua terminó entregando ambos territorios para que Costa Rica aceptara nuestro dominio y sumo imperio sobre el río San Juan.
Pero lo anterior dependerá de qué tipo de gobierno gane en Nicaragua.
Hasta hoy las tendencias son democráticas, presidencialistas, aunque existe una oleada de nuevos gobiernos y movimientos de izquierda.

¿Tiene algo que ver el carácter del gobierno?
Todo depende de si en Nicaragua llega al poder un estadista o si es un partidista pendenciero que ande buscando problemas.
¿Habría problemas si el futuro gobierno tiene un signo distinto del actual?
No. Aquí se ha hecho mucho alborto con la izquierda; las izquierdas son necesarias, como también las derechas.
Experiencias en otros países nos indican que la derecha tiene la tendencia a producir y la izquierda a repartir, pero no se puede repartir sin producir y no se puede sólo producir sin repartir. Chile, por ejemplo, ha logrado ese equilibrio; hoy tienen una gran producción y a su vez una extraordinaria agenda social.
No tratan de acaparar, tampoco de avasallar al otro, la oposición tiene sus espacios, pero esas son izquierdas sensatas. Una experiencia parecida ocurre en Inglaterra entre laboristas y conservadores.
¿Qué pasaría si se plantean reformas estructurales, antisistema?
Depende cómo se entienda. La tesis que ha planteado Daniel Ortega hasta hoy es que debe funcionar un parlamentarismo, casi anular el presidencialismo, y que en cada departamento habrá pequeñas cámaras que decidirán por sí, eso puede llevar al anarquismo.
Pero eso necesita de un consenso.
Bueno ya comenzó cuando le quitaron muchas facultades al presidente Bolaños, pero al final hubo un impasse y las reformas se activarán hasta que tome posesión el siguiente gobierno.
Entonces, ¿cómo se explica que haya tanto interés en la Presidencia de la República si están de por medio las reformas constitucionales, hoy congeladas?
Lo primero que deberá hacer la nueva Asamblea Nacional es decidir si aplica o no las reformas constitucionales, y eso dependerá de la correlación de las fuerzas políticas en contienda.
¿Qué le conviene a Nicaragua?
Terminar con la Ley Marco. En todo caso debería haber una constituyente, que la gente decida si quiere un sistema presidencialista o parlamentario. En Chile el sistema es presidencialista, pero con algunos matices, bastante equilibrado en el tejido institucional.
Entonces, ¿a qué apuestan los candidatos?
La clase política nacional es muy inmadura, no estudia, no analiza, no se estudian a fondo los problemas, porque no hay una mentalidad de estadista.

Trivelli es muy duro
De antemano, el doctor Emilio Álvarez Montalván, me pidió no hablar del caso Trivelli, pero en verdad, él fue Canciller y no pude cumplirle.
¿Qué piensa de la actitud asumida por el embajador de Estados Unidos en Nicaragua, Paul Trivelli?
A mí no me gusta el estilo de Trivelli, en el fondo me parece que no está diciendo cosas malas para Nicaragua. En el mundo actual el concepto de soberanía ha cambiado con la globalización. Hoy todo mundo discute el problema que Irán, la guerra en Irak, los precios del petróleo. Problemas que antes eran locales se han globalizado.
Estados Unidos siempre han tenido un interés geopolítico por Nicaragua, tiene una fijación en el sentido de que tuvo una mala experiencia con el gobierno sandinista, entonces busca cómo la derecha se unifique. Lo que lastima es el estilo fuerte.
Algunos sectores de derecha han puesto a Chávez en la balanza.
Igualmente a Chávez le gustaría que gane Ortega, y eso no es injerencismo. Yo veo lógica la cooperación del presidente Chávez; si existe una crisis ocasionada por el petróleo, también puede haber una tragedia que llame a la ayuda internacional, ¿por qué se le puede catalogar de injerecismo?, al contrario.
El problema es que seguimos ventilando las cosas de manera polarizada, y en ese ambiente el más fuerte es el que gana. Siempre hablamos de un presente como que nunca se va a acabar.

Nicaragua tiene tres juicios internacionales
Mientras escribía esta entrevista, se conoció que el canciller Norman Caldera iniciaba una ronda de conversaciones con representantes de los dirigentes políticos que aspiran a la presidencia, para informarles sobre los juicios que tiene pendiente Nicaragua en el ámbito internacional.
Según el doctor Emilio Álvarez Montalván, Nicaragua tiene tres juicios pendientes: uno con Costa Rica, otro con Colombia y otro con Honduras.
¿Existen riesgos de empujar estos juicios en plena campaña electoral?
En las campañas electorales usan estos conflictos, como el del Golfo de Fonseca, para darse importancia y mantener un nacionalismo trasnochado.
Nicaragua tiene que seguir gestionando para que se cumpla el Tratado Gámez-Bonilla que ya establece los límites territoriales, solamente hay que señalar los límites y, como se trata de aguas, el señalamiento tiene que hacerse con boyas, cuyo costo es de quinientos mil dólares --ya conseguidos-- que incluía el estudio de las corrientes marítimas y la compra de las boyas.
Nicaragua tiene que insistir en que se cumpla un acuerdo ya firmado, independientemente de otros pleitos.
En el caso de este tratado, ya existe el documento firmado, aprobado por los dos congresos, los dos cancilleres firmaron un acta, consiguieron el dinero para comprar las boyas.
¿Y dónde estás el dinero?
El dinero está en poder del Banco Central, ganando intereses cada año, y ojalá no haya sido utilizado para otros fines.
¿Honduras tiene un interés deliberado?
Detrás está el interés de los hondureños para que Nicaragua los apoye en su acceso al Pacífico y un área exclusiva, territorial y económica, porque hasta ahora, las aguas del Pacífico las explotan salvadoreños y nicaragüenses.
¿Existe alguna relación entre este problema y el creciente armamentismo del Ejército de Honduras?
Es una señal de que existe un conflicto limítrofe. Siempre hay una carrera armamentista solapada o abierta, y la relación existe porque muchas camaroneras ubicadas en la zona son propiedad de altos jefes militares hondureños, porque todas las larvas de camarones se depositan a lo largo de la frontera de Nicaragua, en el Golfo de Fonseca.
En reiteradas ocasiones se ha mandado comunicaciones a los hondureños para renovar los trabajos de delimitación y no responden.

Contexto
El Tratado Gámez-Bonilla fue firmado hace cien años entre Honduras y Nicaragua. Este documento fijaba los límites marítimos de ambos países en el Golfo de Fonseca. A pesar de que la comisión mixta respectiva estableció las coordenadas de aquel trayecto, aún no han sido señalizadas.
Entre los países centroamericanos se habla mucho de unión, pero no tienen un acuerdo de fronteras, como sucede entre Guatemala y Belice; El Salvador y Honduras; y en este caso entre Nicaragua y Honduras en lo que respecta al histórico Golfo de Fonseca.
En efecto, sigue la pesca furtiva, valiosa e impune de pescadores hondureños en aguas jurisdiccionales nicaragüenses en aquel accidente geográfico, causando no sólo graves incidentes, sino cuantiosas pérdidas al ingreso nacional.
Es así como ese saqueo reiterado de larvas de camarones excede a los veinte millones de dólares anuales, de acuerdo con estimación de expertos. Por razones ecológicas, las hembras del camarón prefieren desovar en las aguas del Golfo que bordean los farallones pertenecientes a Nicaragua. Es posible que sea el mar más limpio y tranquilo en esos sitios, a diferencia del lado norte honduro-salvadoreño, donde hay ciénagas con alta contaminación producida por desechos orgánicos y productos químicos venenosos, vertidos por empresas hondureñas y salvadoreñas procesadoras de pescado.
Para prevenir esos incidentes, el entonces canciller, doctor Emilio Álvarez Montalván, en 1997, se empeñó en que fuesen colocadas --de común acuerdo con Honduras-- boyas luminosas permanentes tipo Sentinel, que indicasen nuestros límites en el Golfo de Fonseca. Con esa medida se intentaba terminar con el pretexto de que no había manera de distinguir dónde termina Honduras y empieza Nicaragua en el Golfo. (El NUEVO DIARIO, 1999).