Nacional

¿Guerra Nacional contaminada de mitología criolla?

T Escritores liberales y hasta conservadores calificaron a José Dolores Estrada de poco instruido, mediocre y de menor capacidad militar, y Díaz Lacayo remata: “Jugó un papel deslucido” T Siempre fue falsa la pretendida unión centroamericana, hecha únicamente a través de “instancias de papeles” T Ponen en duda hasta la relevancia histórica de la Batalla de San Jacinto: sólo fue “algo circunstancial y para un objetivo menor”

Edwin Sánchez

El historiador nicaragüense Aldo Díaz Lacayo argumentó que a la Guerra Nacional, que cumple este año su 150 aniversario, se le saqueó su principal legado, la lucha antiimperialista, ofreciendo los historiadores tradicionales, y, por consiguiente, los sucesivos gobiernos, una guerra sin sus mejores páginas. Como en algún cuento de Borges: nos escondieron la verdadera efemérides por una apócrifa, y hasta se inventaron héroes que en la realidad eran mediocres.
En el año del Sesquicentenario, Díaz Lacayo deja prácticamente abiertas muchas puertas de la Historia y algunas ventanas también, para que entre la claridad, a fin de ahondar sobre esos capítulos trascendentales, que movieron el calendario de nuestro país, pero además nos deja tambaleante la hasta ahora granítica figura del general José Dolores Estrada. ¿Realmente merecía el título de héroe, o se trató de un tipo insignificante, “de poca instrucción y de menor capacidad militar”?
De lo que sucedió hace siglo y medio, ¿qué más podría decir un investigador de las “páginas fatales de nuestra historia” que no haya sido dicho? Por lo que responde el ex diplomático y prolífico ensayista, que hay mucha caña que moler para sacarle todo el jugo a semejantes sucesos, y separar el trigo de la paja. ¿San Jacinto… realmente es un monumental acontecimiento histórico?
Un escritor ya desaparecido llegó hasta a dudar de la trascendencia de la famosa Batalla que se nos metió en la cabeza desde las escuelas de primaria. Como ha sucedido, y como ya lo había dicho Juan Domingo Perón, la historia siempre se acuesta con el que está en el poder. ¿Se comportó así también nuestra historia?
“Para empezar, hay que decir que muy tempranamente se desdibujó su verdadera naturaleza: su carácter nacionalista y antiimperialista. La defensa armada de la soberanía nacional centroamericana frente a la agresión extranjera”.
Al subrayar que la reacción regional fue de carácter antiimperialista, Díaz Lacayo parece que ubica a William Walker como un representante plenipotenciario de los Estados Unidos, cuando la realidad dice otra cosa. ¿Es que el filibustero actuaba en nombre del gobierno norteamericano?
Un estorbo bien visto
“Sí y no”, dice el historiador. “No, porque desde luego no era un agente del gobierno de los Estados Unidos. Sí, en el sentido de que contaba con su beneplácito. Porque en ese momento Washington estaba enfrentado a Inglaterra por el control de San Juan del Norte, Greytown, como entonces se le conocía, punto clave para el proyectado canal interoceánico. Y Walker significaba para el gobierno de los Estados Unidos una formidable fuerza potencial para por lo menos estorbar los propósitos ingleses, y, eventualmente, para confrontarlos...”.
El investigador habla de “la defensa armada de la soberanía nacional centroamericana”, a su juicio porque entonces “los Estados centroamericanos aún se asumían como parte indisoluble de un frustrado Estado Federal, que la mayoría trataba de restablecer”.
Para Díaz Lacayo éste “es otro aspecto que la historia debe reivindicar: la naturaleza centroamericana de la Guerra Nacional. Y no podía haber sido de otra manera, porque la tesis de Walker era «Five or non», las cinco o ninguna. Y todas respondieron como una y no como cinco.
El estudioso precisa que se nos ha enseñado que las otras cuatro naciones vinieron en auxilio de Nicaragua. Sin embargo, la historia debe reivindicar lo contrario, anota. Así nos lo han enseñado, porque desde fines del siglo XIX --paradójicamente con el gobierno de Zelaya en Nicaragua, que luchó denodadamente, pero con las armas, para restablecer la República Federal--, cada país centroamericano consolidó entonces su tendencia a desarrollar ejércitos nacionales para defender su soberanía individual. Y lo empezaron haciendo para defenderse de lo que comenzó a calificarse de agresiones de sus hermanos centroamericanos.
La nicaraguanización de la guerra
“La consolidación de la división de Centroamérica en cinco parcelas es la causa principal de la nicaraguanización de la Guerra Nacional. Desde entonces, francamente no sé si desde antes, se maneja la tesis de que la participación de los otros cuatro estados en esa guerra fue un acto de solidaridad con Nicaragua, y no un acto de defensa de la soberanía nacional centroamericana, como realmente lo fue”.
¿Nicaragua se ha prestado a esa nicaraguanización de la Guerra Nacional?
Otra vez sí y no. Porque no es una manipulación nicaragüense solamente. Es una manipulación de los cinco estados, de sus respectivos gobiernos, con algunas rarísimas excepciones. Porque cada país ha estado empeñado en preservar su independencia absoluta, en ratificar permanente y cotidianamente la división de Centroamérica, a pesar de los encendidos discursos unionistas en todas las instancias centroamericanas de papel. De papel. Porque reflejan una falsa voluntad política de unidad. Y la nicaraguanización les resulta un artificio funcional extraordinario.
Nicaragua, desde luego, también promueve esta tesis. Y quizás, en primer lugar, porque quiere quitarle a la Guerra Nacional su naturaleza antiimperialista, que es una característica fundamental del ser nicaragüense.
Y Costa Rica ya no se diga. Porque la historia ha develado que ellos participaron en esa guerra no sólo en defensa de la soberanía centroamericana, sino, y quizá, sobre todo, para apropiarse del río San Juan, íntegramente; y hasta la parte sur del Lago, y también de San Juan del Sur. ¿Qué tal?...

¿Cuál es la fecha de la Guerra Nacional?
Aparte de lo que ya te dije, que cubre el ámbito centroamericano, hay mucho que decir a nivel nicaragüense sobre temas que han despertado mucha polémica, que por cierto aún no concluye. Una polémica que al menos en forma estructurada la inició el historiador liberal Sofonías Salvatierra, aunque en honor a la verdad, la puerta la abrió el intelectual conservador Luis Alberto Cabrales.
En primer lugar, alrededor de la fecha inicial de la Guerra Nacional. En el marco de la nicaraguanización de la Guerra Nacional, la convención social, o si lo prefieres, la fecha convencional entre los historiadores nicaragüenses es el 14 de septiembre de 1856. Es decir, el día de la Batalla de San Jacinto.
Entonces, hasta hay cambio de fechas. En el calendario debe apuntarse bien.
Historiográficamente no es posible fijar una fecha inicial indiscutible. Aunque en este caso siempre resultará arbitrario fijar una fecha inicial. Cualquier fecha resultaría aceptable, incluyendo, desde luego, la de la Batalla de San Jacinto.
Entre otras fechas, se pueden mencionar a título de ejemplo: las gestiones de Patricio Rivas, en junio de 1856, frente a los gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras, solicitándoles su involucramiento en la guerra contra Walker. O el llamado pacto providencial del 12 de septiembre de 1856, como sugiere Salvatierra. O la primera batalla contra Walker de los ejércitos centroamericanos consolidados, conocida como Ejército Aliado, que se inicia en Masaya en octubre de 1856, y termina en diciembre del mismo año en Granada. Una batalla cruenta.
Te agrego que también la polémica se dio acerca de la importancia de la Batalla de San Jacinto y del heroísmo de José Dolores Estrada. Una polémica irreverente para la mayoría de los historiadores nacionales.
Todo fue circunstancial
¿Estos escritores dinamitaron lo que hemos dado por hecho toda la vida?
Insisto, primero fue el conservador Cabrales, correligionario de José Dolores Estrada, y luego fue el liberal Salvatierra. No sólo ponen en tela de duda la acción de Estrada, sino que lo descalifican y execran de la historia, tal como ésta lo reconoce hasta hoy día.
En resumen, lo consideran un legitimista (conservador) obcecado, intransigente, que no supo valorar el momento histórico de reconciliación nacional que exigían las circunstancias; que antepuso la divisa de «legitimidad» de su partido al acuerdo de paz entre su partido legitimista y el democrático.
Un hombre que se rebeló ante sus superiores y que casi echa a perder el esfuerzo nacional, quiero decir centroamericano, contra el invasor extranjero.
Un mediocre, de poca instrucción y de menor capacidad militar. Que no tomó ninguna precaución frente a un potencial ataque de los filibusteros. Que el honor de su pequeño contingente militar fue salvado por sus subalternos.
Salvatierra va mucho más lejos: también descalifica la importancia histórica de la Batalla de San
Jacinto.
Usted debe decirnos su apreciación. Yo no sé por qué hay algo de rito religioso cada septiembre, cuando al final de cuentas, los alumnos van a montar caballo a San Jacinto y otros a beber, hay palillonas…
Yo creo que la Batalla de San Jacinto fue circunstancial, con un objetivo menor, evitar el avituallamiento de las tropas de Walker; es decir, al margen de la estrategia general de la guerra. También creo que José Dolores Estrada jugó un papel deslucido, por decir lo menos.
Pero éste no es el problema. El problema es mucho más complejo. Porque en la Historia Patria entran en juego otros elementos, además de los historiográficos propiamente dichos. Entran en juego la psicología social y la mitología, por lo menos, y ambas en función del inconsciente colectivo nacional.
Y como tú sabes, la lucha contra el invasor extranjero se encuentra, en primer lugar, en el inconsciente colectivo nicaragüense. Y la Batalla de San Jacinto y José Dolores Estrada encajan perfectamente en este inconsciente. Porque en esta Batalla la baja principal de los filibusteros fue nada menos que Byron Cole, una figura emblemática tanto para Walker como para los nicaragüenses y centroamericanos.
Sin esta baja, que envalentonó al Ejército Aliado, y desde luego al nicaragüense, la Batalla de San Jacinto y José Dolores Estrada jamás habrían cobrado la extraordinaria relevancia que la historia les ha reconocido. Más aún, probablemente la historia no los habría tomado en cuenta.
En este contexto --me refiero a la psicología social y a la mitología como componentes del inconsciente colectivo--, la Batalla de San Jacinto resulta una acción heroica, y José Dolores Estrada un héroe nacional. Así han sido reivindicados, y lo seguirán siendo por mucho tiempo. La historia sólo se decanta con el tiempo.
Pero, además, circunscribir de hecho la Guerra Nacional a la Batalla de San Jacinto encaja perfectamente con la tesis de la nicaraguanización de esta guerra.
Más, todavía, permite llenar el vacío de héroes que dejó la independencia de Centroamérica por la forma como se logró: sin guerra independentista, sin un sentido de identidad nacional, es decir, centroamericana, y con estamento político temeroso, ligado al imperio español, pero de hecho abandonado a su propia suerte por ese imperio, que ya no tenía nada que hacer en América. No te olvides que para esa época la Capitanía General de Guatemala representaba muy poco o quizás nada para la corona española.