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“Teología de la privatización”

* Señalan que lo estar “por encima de la política” es práctica aquí, donde los obispos no son militantes, pero son poder en las sombras * Otro pastor, recogiendo frase emblemática de Juan Pablo II, expresa que nueva encíclica es la del “capitalismo salvaje”

Edwin Sánchez

La carta encíclica Deus Caritas Est, de Benedicto XVI, está dirigida a bendecir un nuevo orden mundial, donde el rol del Estado que debe velar por las mayorías se reduzca, a tono con el modelo del neoliberalismo, convirtiéndose en una teología de la privatización, indicaron líderes evangélicos consultados.
El sucesor de Juan Pablo II ha sido muy ágil al redactar su visión de la Iglesia, para tratar de aparentar que esa institución está dispuesta a los cambios, indicó el reverendo Guillermo Ayala, un líder que nunca hizo migas con los teólogos de la liberación en la década de los 80.
En tanto, el reverendo Augusto César Marenco observó una grave contradicción en el primer anuncio de las líneas matrices de lo que será el pontificado de Ratzinger: por un lado, critica el desenfreno en el amor de los cuerpos, donde domina el eros, pero deja abiertas las puertas a las pasiones del mercado.
Al leer los enunciados del documento histórico, el pastor Ayala comentó que “está enmarcada dentro del nuevo orden mundial, y donde de nuevo, la Iglesia Católica se ubica por encima de los poderes de un Estado y de la misma sociedad”.
Al definir “el nuevo papel” de la Iglesia Católica: no al margen de la política, sino por encima de ella, Ayala dijo que “es una confirmación profética del libro de Apocalipsis, que dice que la religión más fuerte a nivel mundial va a estar sobre todas las naciones, lo cual es representado en la visión en Patmos con la figura de “las muchas aguas”, y se manifiesta a través del poder sociopolítico.

Siempre están detrás
Precisó, sin embargo, que no es nueva esa práctica de “estar por encima de la política”, porque en la versión nicaragüense de esa religión “nunca hemos mirado a un obispo o cardenal participando directamente en la política militante”.
“El orden justo de la sociedad y el Estado es una tarea principal de la política, pero la Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia que debe realizar la sociedad más justa posible”, dice otra parte de la encíclica, a lo que expresa:
“Esto reafirma lo que ha hecho la Iglesia Católica. Nunca hemos mirado a ningún sacerdote o cardenal como candidato a diputado o presidente, pero detrás de esto está la Iglesia. Aunque el Estado sea laico, hay cierto predominio, y las decisiones de un monseñor, de un obispo, son decisivas en determinado momento político”.
Al enfatizar el programa papal que “los laicos son los que deben tener activa participación en los asuntos políticos”, el reverendo Ayala indicó que “es un mensaje disfrazado, porque estos laicos en su mayoría pertenecen a la Iglesia Católica, pues un protestante se manifiesta de primas a primera por su investidura, pero los laicos están en los diferentes partidos de derecha e izquierda, sin levantar la bandera católica”.
“Por otra parte, agregó, si hablamos del laicismo en la Iglesia Católica, no podemos negar que hoy tienen una participación como si fueran sacerdotes, usan el estrado de una manera desmedida. Además, impulsan campañas de evangelismo desde 1996, Lumen y Evangelismo 2000. Esto para retomar el poder, porque en el plano religioso habían perdido terreno”.
Por otra parte, subrayó que la encíclica le da un espaldarazo al neoliberalismo cuando plantea que “el Estado, si absorbe todo en sí mismo, se convierte en una instancia burocrática y no puede asegurar lo más esencial que el hombre afligido necesita: una entrañable atención personal. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiariedad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales. La Iglesia es una de esas fuerzas vivas”.
Apuntó que este mensaje “debe analizarse desde la lógica de los intereses de las potencias más grandes del mundo. ¿Dónde está ubicado el Vaticano? ¿no es acaso en uno de los países miembros del G-8? Y el capital que mantiene a Roma, lo que tiene en sus empresas, en sus tesoros, ¿a cuántos pobres ha ayudado?, pregunto si realiza la caridad o es un slogan o estrategia teórica.

“Teología del capitalismo salvaje”
Mientras, el ministro evangélico Augusto César Marenco precisó que los lineamientos que trae este nuevo líder católico van orientado a favorecer al capitalismo salvaje, y es peligroso, porque es una Teología de la Privatización.
“Esa teología es peligrosa porque en alguna medida favorece siempre el capitalismo salvaje, que fue una de las prédicas de su antecesor, atacando ese modelo, y desfavorecer a la gente”.
“Percibo que marca una cierta distancia con su predecesor, que así a simple vista no se capta, pero en la letra menuda ya se lee una separación, para poner su sello propio, porque la Iglesia debe estar al lado de los oprimidos. A mí, por ejemplo, me encanta la doctrina social del profeta Isaías, que era contraria a la que está planteando en este momento Benedicto XVI, en cuanto a la defensa de los desvalidos, proclamar el año de justicia y estar al lado de la gente quebrantada por los que oprimen a los pueblos”.
Sobre la disminución del papel del Estado, dijo que la interpretación que al menos se le puede dar, es como que pareciera que se delinean posiciones muy sensibles en cuanto a lo que debe hacer la Iglesia. El Estado en ningún momento debe perder su rol, eso es delicado. La filosofía del neoliberalismo lo que busca es quitarle dominio al Estado, y poner en unos cuantos, en una casta social, el control económico y político del mundo.
En Nicaragua los servicios básicos que el Estado debe garantizar han pasado a manos de privados. Estas líneas de la Iglesia son dignas de cuestionar. Si van a significa un atraso para la sociedad y el poder va a estar en manos de unos pocos, un sistema oligarca, sería un retroceso, expresó.
Esto prepara el escenario para quitar privilegios al pueblo, a la sociedad, y entregarlo a unos cuantos. De todos modos, un tipo de sistema religioso como éste ya ha hecho su propia historia: ha sido promotor de los Mussolini, de los Hitler, de los hombres que, de alguna manera, han exprimido al pueblo, recordó.
En cuanto a la primera parte de este enunciado, dedicado al amor, dijo que hay falta de realismo, porque hace una abstracción: los conceptos bíblicos en cuanto a la familia, a la pareja, deben ser orientados con mayor precisión.
Es, además, un poco contradictorio, porque por una parte sostiene que el hombre no debe dar rienda suelta a las pasiones en cuanto al amor, y cae en el error de que al proponer una reducción del Estado, ese hombre mismo sea arrastrado por el delirio del mercado, y se deje llevar por las pasiones del neoliberalismo. Esto va en contra del mensaje cristocéntrico que la Iglesia debe presentar, sostuvo.
“Por un lado, hay un aparente mensaje moralista en el querer proteger que el hombre se guarde y que no se deje arrastrar por el erotismo, y, por otro, deja abierto el desenfreno del mercado, sin ningún control. Protege por un lado y destruye por otro”.