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Muerte de Natividad, es la vergüenza de Costa Rica

La muerte de Natividad Canda, el asalto a un banco por parte de armados nicaragüenses y el conflicto del río San Juan, han activado un sentimiento xenófobo en Costa Rica y Nicaragua. Muchos de los cambios negativos que experimenta la sociedad costarricense se achacan a los emigrantes. Nada más fácil que buscar un “chivo expiatorio”, asegura experto.

San José, Costa Rica

III entrega
Después de la muerte de Natividad Canda, el debate se centró en que si los policías que presenciaron el acto debían disparar o no a los animales para salvar al nicaragüense. El 50.6 % de los costarricenses apoyó el argumento policial de que no dispararon porque podían herir a Canda, y 43.8 % lo rechazó, según una encuesta del periódico AL DÍA.
Pero el informe conclusivo de la Organización de Investigación Judicial (OIJ), difundido el jueves, es claro: los policías tuvieron por lo menos dos oportunidades de disparar cuando los perros se alejaban instantes de Canda, y no lo hicieron.
Con base en el informe de la OIJ, José Luís Sáenz, abogado de doña Juana Francisca Mairena, madre de Natividad Canda, demandó la semana pasada a los dos policías que estuvieron en el taller donde murió el nicaragüense. La familia de Canda espera que el Estado costarricense los indemnice por la negligencia de sus funcionarios.
En la encuesta de AL DÍA --publicada el 30 de diciembre pasado-- 42.8 % de los costarricenses que apoya el actuar de la Policía, dijo que la acción policial se justifica porque Canda no tenía derecho a entrar a una propiedad privada y que entró a robar.
Sin embargo, el penalista José Carrillo Sánchez dice que Costa Rica es un Estado de derecho, y que el derecho a “la vida humana está por encima del derecho a la propiedad privada”.
Carrillo dice que los policías costarricenses debieron actuar a tiempo para salvar al nicaragüense. “Debieron dormir a los animales, o en todo caso dispararles”, asegura el jurista.
El sector de ciudadanos costarricenses que apoya la gestión de los policías que dejaron morir a Natividad, alega que éste era indigente y que había entrado al “Taller Romero” a robar, pero el catedrático de la Universidad de Costa Rica (UCR) Alberto Cortés –nicaragüense-costarricense, advierte que “ser indigente no es delito”.
“Si era un delincuente el tipo estaba inmovilizado y merecía un juicio justo. Según el Estado costarricense, que es un Estado de Derecho, cualquier ser humano en este país merece un juicio justo. Si era un delincuente y se le agarró robando, lo que había que hacer era detenerlo, enjuiciarlo y meterlo preso. Eso era lo que merecía, no morir asesinado en las “tapas” de un perro, de una manera horrenda. El comportamiento de los que estuvieron ahí es inaceptable”, expresó el académico.
Cortés cree que el incidente de Monteverde --cuando armados nicaragüenses entraron a un banco y mataron a varios rehenes-- y la muerte de Canda activa la xenofobia contra los nicaragüenses. El académico, junto a otros docentes de la UCR, creó el programa “Voces y acciones contra la xenofobia”, y debaten continuamente sobre el tema.
Doctor Cortés, usted que se mueve en esta sociedad, ¿siente que hay rechazo hacia los nicaragüenses como se dice?
“Yo creo que la situación de Canda activa actitudes xenófobas en ciertos sectores de la población costarricense. Fue una situación que envalentonó, puso agresivos a sectores que tienen un sustrato xenófobo, pasó lo mismo con Monteverde, que es un evento desafortunado, una desgracia para este país, y como participaron personas nicaragüenses, pues, obviamente, activaron la xenofobia”.
Usted me está diciendo que esos sucesos activaron la xenofobia ¿Es un sentimiento que estaba dormido?
“Hay un sustrato en ciertos sectores de la sociedad costarricense que son xenófobos, que son clasistas y racistas, pero hay que aclarar que no es una particularidad de Costa Rica. Es una particularidad de todas las sociedades centroamericanas y latinoamericanas.
“En este país, a mi juicio, hay dos procesos importantes que han activado la xenofobia. Uno es el proceso de cambio que está viviendo Costa Rica. Después de haber obtenido un desarrollo muy estable, con pocos saltos políticos, con una distribución más o menos equitativa de la riqueza que se tradujo en acceso a servicios públicos de calidad, vos tenés aquí un cambio que no es positivo. Es un retroceso en todo lo que se había avanzado. Entonces, todo proceso de cambio genera miedo, genera incertidumbre, genera amenazas”.
¿El incremento de la inseguridad, de la pobreza, la asocian con el incremento de los emigrantes?
“La sensación de que se incrementa la delincuencia, inseguridad y pobreza, es consecuencia del cambio que está viviendo Costa Rica, que en el mediano y el largo plazo empieza a generar situaciones en donde más sectores tienen menos oportunidades y tienen que recurrir a prácticas más violentas --digamos delincuenciales-- para poder sobrevivir. Ese cambio de modelo no tiene implicaciones sólo materiales, como la distribución de la riqueza, sino también en la mentalidad. Es muy preocupante que en ese cambio se muestre la xenofobia como uno de los nuevos ejes de identidad de la sociedad costarricense”.
Es cierto que hay nicaragüenses que vienen a delinquir aquí, pero también hay infinidad de ejemplos de personas que han salido adelante y que contribuyen al desarrollo de este país.
“Existe la idea de que los nicaragüenses vienen a robar empleo, eso es un estereotipo que hemos demostrado muchos en la academia que no tiene sustento. La economía costarricense es una economía que históricamente ha tenido una complejidad y un tamaño que su fuerza de trabajo nacional no puede asumir. Y te puedo poner ejemplos claros: la construcción para el ferrocarril la hicieron básicamente migrantes de Jamaica, África y nicaragüenses; la minería también en el siglo XIX e inicios del XX, fueron migrantes nicaragüenses los que sostuvieron esa industria. Lo que se está buscando ahora son chivos expiatorios”.
A su juicio ¿los problemas de Costa Rica se están atribuyendo a los emigrantes?
“Para ciertos sectores es muy fácil crear una salida de ese tipo. “Velo objetivamente, ¿a quién le gusta saber que el delincuente o el que violó a tu vecina es un pariente tuyo, alguien de la casa? Es más fácil echarle la culpa al extraño, es más fácil culpar al extranjero. El incremento de la delincuencia y la crisis de la caja se la achacan también a los nicaragüenses”.
He hablado con varios periodistas costarricenses y me dicen que la forma en que murió Natividad Canda es la vergüenza de este país, ¿cómo lo ve usted?
“Yo creo que tanto por el hecho mismo como por el manejo que se hizo, es un capítulo vergonzoso en la historia costarricense. Coincido con eso. En el hecho mismo porque el comportamiento de las autoridades, del dueño del perro, del guarda, de la gente que vio el espectáculo… Hubo gente que estuvo ahí y no actuó. Eso es inaceptable cuando lo que está de por medio es la vida. Lo que se dio en ese taller es injustificable, y yo espero que se haga justicia en este caso”.
¿Los medios cómo manejaron el caso?
Totalmente amarillista, totalmente inhumano. Repetían y repetían la escena. Fue una repetición morbosa. La prensa de los dos países manejó mal el caso”.
Alberto Cortés es politólogo. Nació y vivió en Nicaragua hasta los 13 años. Su padre era nicaragüenses y su mamá costarricense. Tiene ambas nacionalidades.
Cortés cree que los sucesos ocurridos en Costa Rica y el conflicto por el río San Juan han activado la xenofobia en ambos países. El académico criticó un artículo de opinión que escribió el comandante Edén Pastora, en donde decía, entre otras cosas, que los nicaragüenses eran valientes, y que en cada guarda de seguridad que había en Costa Rica con un arma, había un “volcán”.
“Construyendo estereotipos de buenos y malos al estilo cowboy no llegas a ningún lado. Es mentira, hay nicaragüenses que son casi santos, y hay otros a los que no les tiembla el pulso para matar impunemente. Construyendo eso, no vas a ningún lado. No estás contribuyendo en nada”, dijo.
“Las cosas que dice Pastora ahí de los nicaragüenses, no son ciertas. Hay nicaragüenses valientes y hay nicaragüenses no tan valientes. Hay honestos y también muy corruptos”, expresó el académico.