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Ahora tendrán que empezar de cero

* Hay quienes no tienen adónde ir, y hoy tendrán que abandonar refugios temporales * Embajador Fiallos les lleva ayuda, y de paso les aclara que gobierno de Nicaragua no cuenta con recursos para emergencias

Corresponsal Costa Rica
Un voraz incendio consumió sus ranchos y sus enseres, pero no sus deseos de salir adelante. Esa esperanza es la que ha motivado a decenas de nicaragüenses a levantar de las cenizas sus casitas. Ellos están solicitando ayuda en materiales de construcción y alimentos, sin embargo, a quienes les preocupa más su destino es a unas 17 familias que aún se encuentran en un albergue y que lo deberán dejar este martes al mediodía. "Ellos no tienen adónde ir".
La solidaridad y los principios religiosos han permitido que la mayoría de los afectados reciban albergue cerca de donde un incendio terminó con muchos años de esfuerzos y trabajo. Desde este fin de semana muchos se están dando a la tarea de limpiar los escombros y medio levantar sus casas, a pesar del peligro que representa volver a vivir en ese lugar por el poco espacio que existe.
Hasta el momento, sólo han recibido promesas de que les ayudarán a conseguir materiales de construcción, dinero del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) para alquiler por tres meses, y hasta la reposición de sus documentos quemados en el siniestro del pasado viernes en el asentamiento La Esperanza, en la León XIII.
Empezarán de cero
En el trabajo de empezar de cero no sólo participan los "hombres de la casa", sino toda la familia. Mientras unos hacen los hoyos para colocar las bases, los menores terminan de sacar los escombros y las mujeres cargan a los niños y hacen la comida.
Hasta el momento el centenar de afectados ha buscado por esfuerzo propio reconstruir sus ranchos. Recibieron alimentos para los primeros días, pero eso ya terminó. Los rostros de madres solteras claman por ayuda para sus niños y para que las apoyen con materiales de construcción.
Dentro de sus penurias, los afectados nicaragüenses recibieron la visita del embajador de Nicaragua en Costa Rica, Francisco Fiallos; del cónsul general, Armando Arana, y del vicecónsul, Guillermo Matus. Los funcionarios les llevaron algunas donaciones para los niños y oficializaron que el sábado instalarán una especie de Consulado móvil para que todos lo que necesiten sus documentos puedan obtenerlos de forma gratuita.
"Quisiéramos ayudar más, pero para este tipo de emergencias sólo contamos con 150 dólares al mes, esto no es un problema de la Cancillería, sino del Ministerio de Hacienda", comentó el vicecónsul Matus.
Los nicaragüenses, al ver la presencia de los funcionarios de la sede diplomática, los rodearon y de inmediato soltaron todas las necesidades que están enfrentando. "La verdad es que el gobierno de Nicaragua no tiene cómo solucionar el problema; lo que estamos haciendo son gestiones para conseguir materiales de construcción, pero la primera tarea es entregarles sus documentos por cualquier eventualidad, y porque les son necesarios para cualquier trámite", indicó Fiallos.
Durante el recorrido de este lunes se observó que los lotes en donde se ubicaban los ranchos quemados ya están limpios, los escombros los ubicaron en una de las entradas del precario, y en la lista de los afectados entregada al cónsul aparecen 176 personas.
El embajador Fiallos explicó que en caso de conseguir materiales no se entregarán de inmediato, sino que coordinarán con las autoridades costarricenses para que determinen dónde se puede construir, y que harían gestiones con la Iglesia Católica para ver si pueden dar albergue a los nicaragüenses que deben abandonar el local donde están.
"Vamos a gestionar con empresarios amigos para recoger ayuda, conversaremos con los del IMAS para ver cómo apoyan a los nicaragüenses que no tienen ningún vínculo con costarricenses, pero lo primero es reponerles sus documentos quemados", adujo el funcionario diplomático.
Todos necesitan, pero a quien le urge ayuda es la connacional María Mercedes Jiménez. Ella, con un niño, está pronta a que la visite otra vez la cigüeña. Al igual que su hermana Salvadora, perdieron todo en el incendio y no tienen quien les dé albergue.
"Ya estoy por tener y no tengo nada del bebé, todo se me quemó: la cuna, los pañales, no sé qué hacer", dijo con incertidumbre, mientras que su hermana y mamá solicitan apoyo con materiales porque carecen de parejas.
En el albergue de la Iglesia Bautista atienden todavía a 17 familias, pero el total son 37, porque el resto sólo llega a comer y a bañarse. La pastora Sonia Solís informó que el local cerrará este martes, por lo que el destino de esas 17 familias es incierto.

josmen_02@yahoo.com