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Ejercicio reduce el riesgo de Alzheimer

* Es la demencia senil más frecuente y una enfermedad degenerativa irreversible que se caracteriza por el deterioro progresivo de las facultades físicas y mentales

EL PAÍS
Las personas mayores de 65 años que hacen ejercicio como mínimo tres veces por semana, tienen un 30%-40% menos de probabilidades de padecer demencia y Alzheimer que las que sólo practican algún tipo de actividad física con menos frecuencia.
Son los resultados de un estudio estadounidense que se publicó el 19 de enero en la revista Annals of Internal Medicine y que aporta nuevos datos sobre los beneficios que la actividad física puede tener en la reducción del riesgo de sufrir Alzheimer, la causa más frecuente de demencia en las personas mayores de 65 años, y una enfermedad que avanza a ritmo trepidante con el progresivo envejecimiento de la población.
“Con una modesta cantidad de ejercicio semanal se puede reducir de manera significante el riesgo de padecer demencia”, comentó a este diario el doctor Wayne McCormick, miembro del Group Health Cooperative de Seattle (EU), y uno de los autores del estudio. Esta “cantidad” se fijó en 15 minutos de actividad física, como por ejemplo, caminar, practicar aeróbicos, nadar, hacer gimnasia acuática y entrenamiento con pesas, como mínimo tres días a la semana.
Los 1m750 participantes del estudio, que tenían las funciones mentales en perfecto estado cuando éste se inició, no tuvieron que alterar su rutina ni realizar más ejercicio adicional. Se limitaron a explicar a los médicos cuál era su actividad física habitual y se sometieron cada dos años a una serie de pruebas para comprobar si sufrían algún indicio de demencia. La investigación duró seis años. “El hecho de que los participantes llevaran a cabo sus actividades normales hace que los resultados sean mucho más creíbles”, añade McCormick.
Tabaquismo, alcoholismo y estudios no inciden
En este estudio en particular, los investigadores observaron que el consumo de alcohol, el tabaquismo, la ingesta de complementos vitamínicos y el nivel de estudios no tuvieron ninguna influencia en un mayor o menor riesgo de padecer demencia. Asimismo, el grupo que se benefició más directamente de la reducción del riesgo de padecer demencia fue el que al principio del estudio era más “frágil”, el que a pesar de tener buena salud estaba en peor condición física.
“Este estudio es el primero que demuestra que hay una interacción entre el nivel de condición y actividad físicas y el riesgo de sufrir demencia”, señalan Laura Podewils y Eliseo Guallar, del Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades del Gobierno estadounidense y de la Escuela de Salud Pública Bloomberg Johns Hopkins respectivamente, en un editorial que acompaña el artículo.
El Alzheimer es la demencia senil más frecuente y una enfermedad degenerativa irreversible que se caracteriza por el deterioro progresivo de las facultades físicas y mentales de la persona. En la actualidad hay unos 800,000 casos en España, 200,000 de ellos sin diagnosticar, según datos de la Confederación Española de Familiares de Enfermos de Alzheimer y Otras Demencias (Ceafa), y está previsto que esta cifra se doble en dos décadas. Además, la prevalencia del alzheimer aumenta rápidamente con la edad: se multiplica por dos cada cinco años a partir de los 65.
Warren Raymond, uno de los participantes del estudio, asegura tener “una memoria excelente” a sus 82 años. Ni rastro de demencia o Alzheimer. Todos los días, si el tiempo se lo permite, va en bicicleta un par de horas. “Pero cuando el tiempo no es bueno, voy al gimnasio y corro y levanto pesas durante una hora”, explica por teléfono.
Aunque el ejemplo de Raymond y de otros participantes corrobora las conclusiones del estudio, sus autores son cautos y advierten que estos resultados no son todavía una “prueba” de que el ejercicio reduzca el riesgo de padecer demencia, sino que “sugiere” que puede retrasar su aparición. “Todavía no podemos establecer una relación causa-efecto”, advierte McCormick, “y por ello seguimos investigando en esta dirección”.
En este sentido, Podewils y Guallar comentan que en el futuro se deberá determinar si es sólo el ejercicio el que ayuda a prevenir o retrasar la demencia, o si la actividad física forma parte de una forma de vida activa en general y esta actitud es la que realmente está asociada con la prevención de la demencia.