Nacional

Avil Ramírez desestima “peligrosa confusión”


Vladimir López

Para el ministro de Defensa, Avil Ramírez, en Nicaragua no hay confusión en las funciones del Ejército y de la Policía, tal como lo plantea un estudio de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, WOLA, que señala que Estados Unidos fomenta esa confusión entre las funciones militares y policiales con la creación de las Fuerzas de Respuesta Rápida.
Sostuvo que las funciones del Ejército y de la Policía “están bien definidas”, pero reconoció que por asuntos de “logística”, en muchas ocasiones el instituto armado brinda asistencia a la institución a la institución del orden público para enfrentar las amenazas emergentes como el narcotráfico, el lavado de dinero, trata de personas y trata de migrantes.
“Las funciones son complementarias”, dijo, “las Fuerzas de Respuesta Rápidas, de hecho, en Nicaragua, ya se encuentra listo un contingente del Ejército y una unidad de las tropas especiales de la Policía, que actúan de forma coordinada cuando las condiciones lo requieren”.
Agregó que la Constitución de Nicaragua es clara al señalar que el Ejército de Nicaragua actuará en apoyo a la Policía Nacional, cuando el Presidente de la República considere que se rebalsa la capacidad de la institución del orden público.
“En el caso de Nicaragua”, sostuvo, “están perfectamente definidas la división de funciones entre la Policía y el Ejército, y como existe una excelente armonía entre las dos instituciones se facilita la creación de la Fuerzas de Respuesta Rápida”.
Congresistas EU se suman a preocupación
No obstante, a esa preocupación de WOLA sobre cómo el gobierno de Estados Unidos, con el apoyo a la creación de las Fuerzas de Respuesta Rápida, alienta la confusión en las funciones del Ejército y de la Policía, se sumaron 30 congresistas norteamericanos que el año pasado enviaron una carta al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, con motivo de una reunión en el Pentágono con los ministros de Defensa de Centroamérica.
“Nos preocupa en gran manera que el Pentágono sea anfitrión de una conferencia en la cual ministros de Defensa y oficiales militares centroamericanos discutirán la problemática de las pandillas juveniles y otros temas que corresponden tradicionalmente en el alcance de la aplicación civil de la ley”, dice la carta.
Los congresistas dicen que apoyan firmemente esfuerzos coordinados de aplicación de la ley para el combate al crimen y otras amenazas. “No obstante, consideramos importante el mantener una clara división entre las tareas de las fuerzas castrenses y policiales en este proceso”.
“Esta línea divisoria se diluye cuando el Pentágono incluye temas concernientes a la criminalidad en la agenda de una conferencia de ministros de Defensa, por ende sugiriendo que las fuerzas castrenses tienen un papel que jugar en el resguardo de la seguridad pública”, agregan los congresistas.
“El alentar a los ejércitos de la región a participar en esfuerzos contra el crimen socava los acuerdos de paz logrados en El Salvador, Nicaragua, y Guatemala en la década de los 90, que expresamente pidieron la desmilitarización de las instituciones encargadas de la seguridad pública”, indican.
“Nuestra preocupación es enaltecida por el hecho de que la conferencia se estará llevando a cabo a la vez que los ministros de Defensa y Seguridad de Centroamérica se encuentran discutiendo la creación de una fuerza de respuesta rápida regional para combatir las pandillas juveniles, el narcotráfico, terrorismo, crimen organizado y otras amenazas contra la seguridad”, apuntan.
“Concordamos que los Estados Unidos deben apoyar a las naciones de Centroamérica a confrontar amenazas como el crimen trasnacional y la violencia pandillera, pero respondiendo al problema de pandillas y del crimen no es, y no debe ser, una labor emprendida por el Ejército”, dicen los congresistas.
La carta está firmada por los congresistas James P. McGovern, Ed Markey, Lane Evans, Maurice Hinchey, Linda Sánchez, Carolyn C. Kilpatrick, Bernie Sanders, Rosa DeLauro, Tammy Baldwin, Lynn Woolsey, Hilda Solís, Doris Matsui, Louise Slaughter, John Tierney, Marty Meehan, Luis Gutiérrez, Betty McCollum, Raúl Grijalva, Mike Capuano, Jan Schakowsky, Dennis Kucinich, Pete Stark, Bob Filner, Diane DeGette, Darlene Hooley, Diane Watson, Lois Capps, Sherrod Brown, George Miller, Lloyd Doggett.
Confusión peligrosa
En tanto, el director ejecutivo del Instituto de Estudios y Estrategias Políticas Públicas, Ieepp, expresó que la participación de las Fuerzas Armadas centroamericanas cada vez más en tareas de seguridad interna es una tendencia bastante acentuada en los ejércitos centroamericanos.
“Más aún”, dijo, “con el evidente apoyo o ‘permiso’ que el gobierno de los Estados Unidos les da a los ejércitos de esta sub región, que son cada vez más autónomos y quieren estar omnipresentes en toda la institucionalidad de los estados”.
Agregó que esa es una situación contraria a gran parte de los ejércitos de América del Sur. “Rara vez usted encontrará a las fuerzas argentinas, uruguayas, chilenas o brasileñas participando con la regularidad de los ejércitos centroamericanos en tareas que se suponía, inequívocamente, que debían ser propias de las fuerzas de seguridad civiles.
Claro, dijo, dichos ejércitos tienen una larga tradición siendo participes en tareas de apoyo al desarrollo, pero siendo países con una gobernabilidad e institucionalidad más o menos estable esas actividades de apoyo al desarrollo son completamente subsidiarias.
“Es evidente que amenazas como el narcotráfico, las pandillas y los desastres naturales preocupan a los Estados Unidos, y estoy convencido de que debemos cooperar y planificar bien para enfrentar esos desafíos de manera cada vez más colectiva, pero el dejar hacer, dejar pasar a las fuerzas militares centroamericanas para que enfrenten esos fenómenos puede ser muy delicado para la institucionalidad democrática de nuestros países”, manifestó.
“Este escenario es más complicado cuando precisamente Estados Unidos, el país que más colaboró con la reforma militar y a la seguridad en Nicaragua y Centroamérica piensa que los militares, con control o sin control civil, son los que, en definitiva, les resolverán sus expectativas de seguridad. Eso es peligroso”, concluyó el especialista.