Nacional

Una chinita que nos lleva en sus maletas


Karla Castillo

El corazón de Mónica Wu se llevará dos cosas que no caben en sus abultadas maletas. Su gusto por el queso nica, el que califica como “el mejor del mundo”, y su profunda admiración por un pueblo y un país que la acogió cálidamente en los últimos cuatro años.
Mónica es una joven taiwanesa, soltera aún, pero con novio esperando en su natal isla de Formosa. Es, hasta este jueves 12 de enero, la tercera secretaria y agregada de prensa de la misión diplomática de Taiwan o República de China, en Nicaragua.
Para entrevistar a un extranjero, siempre hay preguntas “de cajón”, como solemos decir los periodistas. Y era inevitable hacérselas a Mónica, con la diferencia que ella, para contestar, es pródiga en detalles que harían palidecer a sus adustos coterráneos.
¿Qué pensaste cuando te enviaron a Nicaragua?, le preguntamos.
Mónica se lanza una carcajada más a lo nica –si no escandalosa, contagiante— para comentarnos que su primera impresión fue “me mandan a un país en guerra”. “Es que era lo único que había escuchado de este país, sobre todo en los años 80”, justifica.
Llegó el primero de enero de 2002, eran las nueve de la mañana y al salir del Aeropuerto Internacional vio la Carretera Norte desolada ¿dónde estarán los nicas?, pensó. La curiosidad la llevó a Mónica a hurgar por todas las vías donde la conducía el vehículo de la Embajada que la llegó a traer. Y los nicas no aparecían.
Cuatro años después, comprende perfectamente por qué un primero de enero, no hay gente en las calles de Managua, sobre todo a las nueve de la mañana.
Sigue riendo y platica: “Es que cuando ustedes celebran algo, es de verdad, hasta amanecer y con unas ganas de bailar que nunca he visto en China. Aquí cualquiera baila y celebra en la calle. En Taiwan, el que baila en la calle es visto como un loco, porque las costumbres nuestras son muy serias, siempre se coloca primero el trabajo y después la familia, no hay espacio para la diversión”, dice Mónica, quien ha “pulido” el español que aprendió casi a la perfección en los cuatro años que estuvo trabajando en España.
¿Aprendiste algo en Nicaragua, seguramente?
“Sí. Aprendí a trabajar con ustedes, los periodistas, y a vivir al ritmo de los nicas, que es muy distinto al de mi país. La filosofía de los nicaragüenses es muy relajada, aprecia mucho la vida misma, a la persona en sí”, sentencia entre risas nuestra amiga.
Al partir, Mónica extrañará, además, la gastronomía pinolera, pero en una abigarrada mezcla que sólo aquí pudo encontrar. El “Indio Viejo”, ese platillo de masa de maíz guisada con carne y especias, a la par de un “Caballo Bayo” con todas sus exquisiteces, son parte de los mejores recuerdos que Wu guardará de su estancia en el país de lagos y volcanes.
Y hablando de lo que conociste ¿qué lugares visitaste, en cuáles balnearios te bañaste?
Mónica es cautelosa, quizás por su misma cultura oriental, y admite que no sabe nadar, por lo que nunca se dio un chapuzón en los centros turísticos que visitó. Y se nos ocurre que quizás ningún nica le recomendó el humilde método del “guacal” o “la panita” para bañarse a la orilla, como muchos acostumbramos en los paseos a la playa.
Pero sí anduvo en coches por las calles de Granada, visitó el Volcán Masaya y el Mombacho, aunque no probó la aventura del Canopy, la ciudad de León y muchos sitios más. En La Paz Centro quiso probar el afamado quesillo y quedó prendada de ese “delicatessen” de la tierra de Rubén Darío, tan es así que se niega a comer cualquier quesillo en las calles de Managua.
“Lo que más me gustó fue visitar los departamentos, donde la gente es más sencilla, más hospitalaria. Llegaba con algunas amigas taiwanesas, a cualquier lugar, y las personas nos recibían con sonrisas, nos ofrecían comida, aunque tuvieran poco, y rápido nos daban asiento. Eso conquista de inmediato a cualquier extranjero”, se aventura a opinar la todavía agregada de prensa de Taiwan.
De las bebidas ni le hablen. Probó en alguna ocasión el refresco de tamarindo y en otro momento el de cacao –mi debilidad--, y los encontró demasiado dulces, algo reñido con la sazón china.
¿Tus planes en el futuro inmediato?
“Voy a estar tres años en Taiwan y luego me enviarán de servicio diplomático cuatro años más, a un país de Latinoamérica, por mi especialidad del idioma español. Voy a casarme, quizás tendré hijos, todavía no he pensado cuántos, y voy a estar con mi familia”.
La alegría de Mónica por ver de nuevo a los suyos está en balance con su tristeza por dejar Nicaragua, país que la conquistó, además por todo lo ya mencionado, por su naturaleza. Y se siente animada a escribir, al llegar a Taiwan, para que la gente sepa que en este otro lado del mundo la gente es transparente, que demuestra sus emociones y tiene los sentimientos a flor de piel, y se da tiempo para el esparcimiento, para la familia.
“Voy a poner en práctica la filosofía nica. Mi trabajo es importante, pero también es importante el descanso, la distracción, la familia”, manifiesta la siempre sonriente Mónica.
Llegará a Taipei justo quince días antes de que se celebre el Año Nuevo Chino, que este año será el 28 de enero. Está segura que el recibimiento de su gente será emotivo, pero nunca tan festivo y jacarandoso como pueden hacerlo los nicas, “porque ustedes celebran todo y tienen un ritmo natural para bailar que yo no puedo imitar”, confiesa.
En Taiwán aún se permite el uso de la pólvora –que precisamente fue inventada en China--, pero con muchas restricciones, porque al igual que en el Tercer Mundo, provoca desgracias, para el festejo del año nuevo. Esos juegos artificiales le recordarán a Mónica un poco de Nicaragua y de sus inigualables navidades.
“Me voy triste, aprendí a querer a Nicaragua, su gente, su naturaleza tan singular. Ojalá que la cuidaran más. Pero en estos cuatro años he visto mejorías, sobre todo en lo económico, eso se nota en las calles”, refiere. Ya tiene hechas sus maletas y era de esperar que lleva muchas artesanías, hasta cuatro hamacas, que le servirán de presentes para sus familiares y amistades cercanas, porque sabe que los cautivará con tremendo regalo para el descanso.
Como no se le ocurrió agregar nada más a la entrevista, la asaltamos con una última pregunta, sobre su vida personal ¿Dejás a algún enamorado aquí, suspirando por vos?
Su risa es más chispeante aún y casi se sonroja. “Claro que no, todos son mis amigos”, asegura esta afable taiwanesa, quien en sus planes futuros incluye algún día volver a visitar Nicaragua, su patria por cuatro años.