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“No nos llamen damnificados”

* En El Tanque, tras el paso del Mitch, perdieron padres, hijos y hermanos, pero están decididos a salir adelante * Han aprovechado al máximo ayuda de organismos alemán, y hasta computación están aprendiendo

No les gusta que los llamen damnificados. Con su frente en alto y mostrando en las manos callosas una fruta de noni, platican del gran esfuerzo que han hecho para salir de la miseria en que los dejó el Mitch.
Recuerdan con tristeza las consecuencias de este huracán. Muchos de ellos perdieron hijos y padres; pero alegan que el trabajo fue la única arma que les ayudó a salir de las condiciones en que se encontraban.

Pequeños empresarios
De una población de 167 familias ubicadas en El Tanque, Posoltega, 87 son socios en una cooperativa de la comunidad, la cual consta de un sistema de crédito para el desarrollo con el que los y las jefes de familias pueden solicitar crédito para sembrar sus tierras o invertir en sus pequeños negocios.
Estas familias han tenido un vasto desarrollo. Con capacitación a través de Médicos Internacional de Alemania, han aplicado conocimientos de administración de tierras, siembra y actividades alternas.
“Nos dedicamos a la agricultura, pues somos campesinos y del campo vivimos”, afirmó María Luisa Laguna, quien tuvo ocho hijos que los ingresó al campo, y ahora tiene uno de los mejores cultivos de árboles frutales en el patio de su casa.
Jóvenes dedicados a la carpintería entregan pedidos quincenales en los mercados de León y Chinandega, otros se dedican a la cría de animales como gallinas, cerdos y ganado, para su posterior venta.
También hay una familia entera dedicada a la repostería, la cual prepara los bocadillos, comidas y queques de la comunidad. Otros se especializan en manualidades, entre las que se destacan las hermosas piñatas de festejo, las cuales comercializan en los diversos mercados más cercanos.
Todos hacen un poco
“El que quiere trabajar está contento en El Tanque, pero el ‘haragán’ estará inconforme, porque espera que vengan organismos a regalarnos las cosas; pero nosotros ya no somos damnificados, somos una comunidad integral, visitada y admirada por muchos”, expresó Alfonso Espinales, socio de la cooperativa.
Además siembran arroz, frijoles, sorgo, maíz, soya y plátanos, entre otros. Las familias se involucran en el cuido de la zona platanera, limpieza o cualquier trabajo con el que pagan su membresía en la cooperativa.
También los niños tienen oportunidad de trabajar, aunque no es un contrato. Niños de El Tanque crecen bajo una cultura de trabajo; durante están las cosechas de mozote y nim, después de clases dedican una o dos horas para recoger el fruto, que venden a la cooperativa.
“Malagradecidos”
A pesar del desarrollo que tiene esta comunidad, más de la mitad de la población no está involucrada y es mal vista por los otros, pues manifiestan que son unos ‘malagradecidos’ y ‘haraganes’ que prefieren vender o rentar sus tierras para que otros siembren.
El proyecto de El Tanque, auspiciado por la república de Alemania, les facilitó las viviendas, casas, alfabetización, capacitación sobre siembras, cultivos y crianza de animales; pero además, por ser agricultores, regaló aproximadamente tres manzanas de tierra para cultivo a cada familia del lugar.
Cada casa fue acondicionada con una letrina, baño, tanque de agua rotoplás, pozos de bomba de mecate, dos silos que permiten el almacenamiento de las cosechas para negociarlas en el tiempo oportuno y una tijera para dormir.
Además, “en el primer año, el organismo Médicos Internacional (MI) invirtió en sembrar todas las manzanas de la región, para que tuviésemos esa cosecha como la base o capital inicial para nuestro desarrollo”, manifestó Espinales.
Para los siguientes años, MI estableció un sistema de crédito con el fin de enseñarles a las familias a
autosostenerse. “Esa etapa es la que rechazó la mayor parte de la población, porque querían que el organismo siguiera regalándonos”, dijo Lilliam Ruiz, profesora de la escuela de primaria de El Tanque.
Esta inconformidad produjo que varias personas vendieran sus casas, sus tierras y se molestaran con las personas que se asociaron para formar la cooperativa. Todos tenían la oportunidad de asociarse, pues lo que necesitaban era tener tierras y saber lo que deseaban sembrar, pero -–según los socios de la cooperativa-- no quisieron.
Sistema de crédito
El pasar de donaciones a crédito fue una etapa poco acogida y aprovechada por algunos, pues manifiestan que los organismos nunca prestan, sólo dan. A esto, Walter Chutz, representante de Médicos Internacional, manifestó que el objetivo de este sistema es enseñarles a desarrollarse y lograr que esta comunidad se convierta en un pueblo con el que se identifique cada persona.
Como todo crédito, se da para cierto plazo con una tasa de interés, pero Evert Chavarría Urbina, contador de la cooperativa, aclaró que éste es del 1.45% mensual, lo que le facilita al agricultor el pago.
Problema con salud
Esta comunidad tiene los beneficios de tener escuela de primaria en la que atienden a los niños y adultos, pues se da alfabetización de adultos, asimismo, cuenta con una universidad popular en la que niños, jóvenes y adultos participan de clases como música, pastelería y computación, entre otras.
Pero tienen problemas serios en el área de salud, pues cuentan con atención durante tres días a la semana, y es importante que exista un centro de salud que atienda a la población todo el tiempo, y que esté equipado con los recursos necesarios para hacerlo. Este tema ha sido discutido con la Ministra de Salud, manifestaron los pobladores, y esperan respuesta este año.