Nacional

¡Cantinflas, ángeles y… Giocondas!

* Estudio de clásicos, imaginación y el lujo de una Escuela Regional que exhibe el Primer Lugar en el VII Certamen de Artes Plásticas

Edwin Sánchez

Lo han demostrado. Son artistas. Talentos en el difícil e inolvidable periodo de incubación académica, sin embargo, están en Jinotepe, una ciudad como otras que no tienen la costumbre lapidaria de Jerusalén de apedrear a sus profetas, pero tampoco se distinguen por reconocerlos.
Algunos tratan de vencer esa costumbre municipal. Sé que si hoy anuncian “contra el cacho” que habrá un desfile de caballos, una cantidad de gente --no necesariamente toda de Jinotepe-- deja lo que tenga que hacer y hasta el alcalde de turno toma su bestia y exhibe a su noble equino.
Si por ventura, anuncian una exposición de bellas artes, esa muchedumbre parece no darse por enterada. Si los artistas --jóvenes promesas más nacionales que municipales-- salen a mostrar sus cuadros hasta el parque, donde por lo general se concentra una estimable cantidad de contertulios, deberán darse cuenta que nuestras pequeñas colmenas todavía viven esa etapa hípica de admirar vanidades ensilladas.
Cuando una tarde de diciembre los artistas fueron al parque central con algunas de las obras, para aprovechar la hora de la tertulia, los parroquianos ni se movieron de las bancas y los muros. Quizás 10 personas, de las que transitaban, se acercaron por algunos segundos, y eso porque se toparon sin proponérselo con esa inspirada terquedad que anima a los pintores.
Lo dijo una vez Cristo, lo confirmó Carlos Martínez Rivas a su manera: la juventud no tiene dónde reclinar la cabeza.
En el Palacio de la Cultura, o antiguo centro de convenciones, estos muchachos se confabularon para presentar una formidable exposición desde réplicas de la Madonna hasta la brillante libertad de la cual pueda hacer gala un estudioso de las formas, esculpir un Cristo en madera o rendir su homenaje a Cantinflas.
No hay brindis ni hípicos numerados con anuncios de cervezas para repetir las mismas piruetas de cuatro patas de todos los años, pero lo que se ve es más elegante e inusual: la aventura de un muchacho de La Conquista, Edgard Chávez, por entrometerse con soberbia en los dominios de Gérald François. Me anima advertir la firmeza de sus manos para no dejar escapar los detalles anatómicos de los dos ángeles niños. Y me cuentan que este chavalo se retiró de la Escuela.

Ostentan un Primer Lugar Nacional
No dejará uno de estar agradecido de esos dedicados al arte de la imagen por su empeño de halagar no sólo la vista, sino hasta el tacto y la razón. En apenas cuatro años, desde que se abrió la escuela de pintura más importante del Sur de Nicaragua, ésta ya produjo un Primer Lugar en el VII Certamen Nacional de Artes Plásticas, realizado en León, el 23 de septiembre de 2005.
Carlos Arturo Espinoza Mojica tomó la madera, le dio vida y plasmó con la obra de sus hábiles manos una obra que se erige entre los terrenos de la filosofía y el arte, la teología y la historia. ¡Por Dios! ¡Qué tenemos aquí! Es un Cristo Indio. El Cristo Indígena de América, de 86 por 35 centímetros.
Y aún percibo la soledad: los muchachos cuidando los cuadros y esculturas, los óleos y altorrelieves, y una ciudad dormitorio que duerme y da las espaldas en vez del aplauso a estos jóvenes.

La soledad humana de la divinidad
La idea puede ser dariana: una escuela que ha unido “tantos vigores dispersos”. Una institución adscrita a la Escuela Nacional de Bellas Artes Rodrigo Peñalba, y dirigida eficazmente por el licenciado César Octavio Delgado, pintor y compositor. Hay alumnos de Rivas, La Concha y hasta de San Rafael del Sur.
Aníbal Rodríguez presenta otro Cristo en acrílico, que titula “Abba Padre”: carga el madero, tan real como sólo él podía combinar pinceles y carpintería para lograr un efecto más espiritual que religioso: el desamparo del Dios hombre, la soledad humana de la divinidad.
“Antes, no se había desarrollado tanto el arte”, me dijo. Si hubo algunos que en sus estudios particulares enseñaban su vocación, no fue sino hasta que se abrió esta institución cuando a las bellas artes en Carazo se les dio la importancia merecida. En los dos últimos años del doctor Tomás Guevara, la alcaldía acogió el proyecto que ahora cuenta con el respaldo presupuestario de la actual administración.
El pintor dice que con la Escuela de Bellas Artes se ha demostrado que en Jinotepe está presente el arte. Aunque a ellos les cueste que un jinotepino se atreva a entrar a la galería.
Como decía, no es la costumbre. Si un político llega a caballo, siempre habrá más gente arrastrada por él que lo que puedan atraer unos artistas con su galería. Es el precio del arte.
Pero muchachos como Aníbal no se arredran, al contrario: invitan a más jóvenes a matricularse para el año académico 2006, desde el dos de enero.
Quién diría: en un lugar de Jinotepe, hasta los niños son instruidos en el arte clásico. No sabrán de cabriolas y de caballos andaluces ni nada de esa tosca afición, pero sí de la toscana bendición que cambió el rumbo de la pintura renacentista: Leonardo da Vinci. Si usted gusta halagar su espíritu, de recrearse a través de la cultura, vaya a la exposición que seguirá abierta en estos días de enero. Cambie su costumbre. Año nuevo, vida nueva...