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Otra vez los ojos puestos en Venus

* Misión de la Agencia Europea del Espacio estudiará efecto invernadero del “Lucero de la mañana” * Gira en sentido contrario a casi todos los demás integrantes del Sistema Solar * Al principio era casi idéntico a la Tierra y científicos desean conocer qué hizo que se diferenciaran tanto

Madrid / EL PAÍS

A las 3:33 (hora gmt) partió hace pocos días de la Tierra con destino a Venus la nave espacial automática Venus Express, la primera misión dedicada a ese planeta que se hace desde hace más de una década.
La nave llegará a su objetivo en abril de 2006 y es para observar de cerca ese mundo abrasado por un potente efecto invernadero. Venus Express observará el planeta, según el plan previsto, durante al menos 500 días terrestres, que equivalen a un par de días venusianos. Es la primera misión que realiza la Agencia Europea del Espacio (ESA) en ese planeta vecino de la Tierra.
Venus Express tiene que recorrer 350 millones de kilómetros hasta llegar dentro de cinco meses a Venus. Allí se colocará en una órbita de trabajo muy elíptica, acercándose hasta 250 kilómetros de la superficie del planeta y alejándose 66.000 kilómetros.
“Para comprender el cambio climático en la Tierra y todos los factores implicados, no podemos dedicarnos exclusivamente a observar nuestro propio planeta”, declaró poco después del despegue, Jean Jacques Dordain, director de la ESA, desde el centro de control de la agencia (ESOC), en Darmstadt (Alemania).
“Necesitamos descifrar los mecanismos de las atmósferas planetarias en general. Al principio, Venus y la Tierra debieron ser planetas muy similares y necesitamos comprender por qué y cómo se diferenciaron hasta el punto de que uno se convirtió en cuna de la vida y otro en un ambiente tan hostil”.
Las temperaturas más altas
Venus, donde se registran las temperaturas más altas en superficie de todo el Sistema Solar, está dominado por un potente efecto invernadero, cuyos mecanismos son objetivo prioritario de la nueva misión espacial, dedicada fundamentalmente a la observación de la atmósfera de ese planeta.
Con Venus Express, la ESA tiene en el espacio cuatro naves automáticas explorando diferentes lugares del Sistema Solar o en camino a sus respectivos destinos: Mars Express, la nave prácticamente gemela de la que partió ayer está observando Marte, Smart1 está trabajando en órbita de la luna y Rosetta se dirige a un cometa. A principios de este año, recordó Dordain, otro artefacto europeo, Huygens, descendió por la atmósfera de la luna Titán de Júpiter.
Venus Express partió desde la base de Baikonur, en Kazajstán, con un cohete Soyuz. A los nueve minutos del despegue, la nave quedó debidamente situada en una órbita de aparcamiento alrededor de la Tierra, a 190 kilómetros de altura. Desde ahí, casi una hora y media después, la etapa de propulsión Fregat impulsó a la Venus Express hacia su objetivo.
Con la sonda en trayectoria correcta y los paneles solares ya desplegados, ESOC confirmó el éxito de la operación. Todo el lanzamiento fue transmitido en directo al Centro Europeo de Astronomía Espacial (ESAC), de la ESA, en Villafranca del Castillo (Madrid). Vicente Gómez, director de ESAC, informó que la nueva antena europea de seguimiento de misiones espaciales lejanas, de 35 metros de diámetro, instalada en Cebreros (Ávila), se estrena precisamente con esta misión y será la encargada de mantener contacto diario con la nave.
Pero no recibirá a la Venus Express hasta mañana, cuando ésta cambie la frecuencia de comunicaciones de la banda S, utilizada para la primera fase del vuelo, a la banda X, que utiliza la antena de Cebreros. Además, explicó Gómez, el control científico de la misión a Venus, que actualmente se realiza desde Holanda, pasará a ESAC el año que viene.
Venus Express, con siete instrumentos de investigación a bordo, tiene varios objetivos, explicó ayer en ESAC Agustín Chicarro, geólogo de la ESA: estudiar la estructura, composición y dinámica de la atmósfera de Venus, así como el balance de radiación y la interacción de la atmósfera con el viento solar. Además, se observará la superficie y la geología del planeta.
Del diseño y construcción de Venus Express se han encargado empresas de 14 países, incluidas algunas españolas. Los investigadores Agustín Sánchez Lavega (Universidad del País Vasco) y Miguel López Valverde (Instituto de Astrofísica de Andalucía), participan en la misión. La nave pesa 1,220 kilos, es un cubo de 1,5 por 1,8 por 1,4 metros y ha sido construida en Francia. El costo total asciende a 220 millones de euros.
Venus, el planeta que gira en sentido contrario
Más de una veintena de naves han ido a Venus desde que, en 1962, la NASA envió su primera misión, Mariner 2, a ese planeta vecino. En los años setenta incluso se logró descender en la superficie con varias naves automáticas Venera soviéticas, que tomaron fotografías del paisaje desolado allí y duraron en funcionamiento hasta un par de horas, en las condiciones infernales de alta temperatura y presión que se registran allí.
A principios de la década pasada la última nave dedicada a ese planeta, la Magallanes, de la NASA, levantó con radar un mapa tridimensional de casi toda la superficie. “Estas misiones han proporcionado una comprensión básica de las condiciones de Venus, pero hay muchos problemas científicos por resolver acerca de ese planeta”, recordó ayer el geólogo planetario de la ESA Agustín Chicarro.
Venus es el segundo planeta contando desde el Sol, está a una distancia de 108 millones de kilómetros de la estrella; su radio, su masa y su gravedad son sólo ligeramente inferiores a los valores terrestres. Pero hay enormes diferencias entre ambos planetas. Por ejemplo, un día venusiano (243 días terrestres) es más largo que un año venusiano (224 días terrestres); el planeta gira muy despacio, pero las capas altas de la atmósfera lo hacen muy deprisa, hasta el punto de rodear el planeta completo en sólo cuatro días terrestres.
Otra característica peculiar es que Venus gira sobre su eje en sentido contrario a casi todos los demás planetas. El motivo, explicó Chicarro, pudiera ser un colosal choque con un cuerpo de tamaño similar al del propio planeta hace muchos millones de años.
En la superficie de Venus, debido al potente efecto invernadero, se registran temperaturas de 465 grados centígrados y la presión es de 90 bars; el paisaje que se aprecia en las fotos de las naves Venera, explicó Chicarro, está dominado por bloques de lavas aplastadas y todo debe estar iluminado por una tenue luz rojiza, dado que es el color dominante que se filtra a través de las nubes.
A 50 kilómetros de altura, en la atmósfera compuesta esencialmente de dióxido de carbono, hay nubes de ácido sulfúrico. En la superficie de Venus hay grandes cráteres de impacto y numerosos volcanes.