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¿Dónde está el asesino de Cinthya Escarlata?

* Familiares de infortunada muchacha todavía esperan que perpetrador sea capturado * Es un delincuente de sangre fría que tras eliminar a su víctima con sus propias manos, se ofreció para buscarla

A las nueve de la noche, doña Rosario Blanco fue a la terminal de buses de Granada. Allí, bajo la leve ventisca de diciembre y casi muerta de angustia, esperó a su hija Cinthya Escarlata, quien vendría de una fiesta desde Managua “No se preocupe, mamá, deme permiso, va a ser un ratito nada más”, le había dicho por teléfono.
Pero el 28 de diciembre de 2001 doña Rosario amaneció en la parada. Esa madrugada, Cinthya fue asesinada.
“La luz de mis ojos se fue para siempre”, expresa adolorida doña Rosario, quien ha tenido que sobrellevar los últimos cuatro años sin la compañía de su joven y cariñosa hija.
Cinthya fue reportada como desaparecida desde el 28 de diciembre. Sus familiares informaron a la Policía Nacional, que enseguida desplegó más de siete patrullas y 40 agentes para encontrarla.
Despedirían el año
La noche anterior se había quedado en Managua para celebrar con sus compañeros de trabajo de Fogel Central, la despedida de año.
El cuerpo de la jovencita de dieciocho años estaba semienterrado y mostraba rastros de violencia, cuando lo encontró un trabajador de una quinta, cerca de un basurero en Veracruz, sobre la carretera Managua-Granada.
Carlos Andrés González González, asesino de Cinthya y prófugo de la justicia, se desempeñaba como conductor en la misma empresa. Según relata doña Rosario, la mañana del 28 el mismo Carlos Andrés llegó hasta su casa en Granada, acompañado de una mujer, y se ofreció para colaborar en la búsqueda.
Doña Rosario viajó sin saberlo con el asesino de su hija y preguntó junto con él en las delegaciones policiales de Granada, Masaya y Nandaime, si tenían información sobre el paradero de Cinthya.
“Lo más extraño --relata doña Rosario-- fue que cuando íbamos por la carretera, el asesino le decía a la mujer que iban a tal parte, porque tenían que ir a hacer un trabajo pendiente”.
La señora sospecha aún que Carlos Andrés González y su acompañante tenían planificado matarla a ella también, sin embargo, una llamada de Carlos Emilio López, hermano de Cinthya y otra del jefe de ella en la empresa, frustraron sus intenciones.
“Como Carlos Emilio y el jefe de Cinthya supieron que andaba con Carlos Andrés, parece que éste se arrepintió porque después dijo que ya no iban a hacer el trabajo, sino que vamos a pasar por su casa cambiándose la camisa y que después nos devolviéramos”, comenta doña Rosario.
Carlos Emilio López, ex Procurador Especial para la Niñez y la Adolescencia, recuerda a su hermana con nostalgia. Según él, a pesar de los cuatro años transcurridos, mantiene la esperanza de que el asesino sea encontrado y enviado a prisión a cumplir la sentencia de treinta años que pesa sobre él.
“Cinthya era una mujer ejemplar, una mujer saliendo de la adolescencia y entrando a la juventud, estaba empezando la vida”, comenta Carlos Emilio acongojado.
Para él, la muerte de Cinthya a manos de Carlos Andrés González no debe considerarse como un caso aislado, y señala que “es un caso símbolo, es un caso paradigma”, ya que evidencia la magnitud del maltrato que sufren miles de mujeres en Nicaragua y otros países de América Latina.
“Cinthya es parte de esta marejada de violencia en contra de las mujeres, ya no solamente la violencia física, sicológica y sexual, sino además la violencia que va en contra de la vida de las mujeres”, señala el ex Procurador Especial.
La imagen de la Cinthya estudiosa, trabajadora y solidaria aún persiste en la memoria de su hermano Carlos Emilio.
Fue alumna destacada en primaria y secundaria, también lo fue en la Universidad Hispanoamericana (Uhispam), donde cursaba el primer año de Ingeniería Civil.
“Era una trabajadora excelente, la mejor trabajadora, según directivos de la Fogel, la empresa donde ella trabajaba. Era eficiente y solidaria”, recuerda Carlos Emilio López. Cinthya Escarlata trabajaba en el área de protocolo y atención al público.
Según Carlos Emilio, todas las vacaciones se iba con un grupo de monjas que tienen su santuario en La Sabaneta, en Granada, y salía a alfabetizar con ellas, “o llevaba alimentos, ropa y juguetes a los niños en épocas festivas como Navidad o vacaciones de mediados de año”.
“En estos cuatro años, yo he sido persistente y sistemático en solicitar a la Policía Nacional que dé con el paradero de este señor”, señala.
Según las comunicaciones con la Policía, Carlos Andrés González está circulado como uno de los delincuentes más buscados por la INTERPOL en los países de América Latina, especialmente.
“Siempre la gente pregunta a la familia qué pasó --comenta a EL NUEVO DIARIO Carlos Emilio López--, qué sucedió, los amigos, los vecinos, la gente de Granada, los amigos que trabajan en los organismos de derechos humanos. Porque hasta que ese hombre no esté en un centro penitenciario, cumpliendo la sentencia que la juez emitió, hasta entonces no podemos decir que se ha hecho justicia”.
A las cuatro de la tarde del 27 de diciembre de 2001, doña Rosario Blanco recibió la llamada que le cambiaría la vida. Cinthya Escarlata, su hija de dieciocho años, llamó a Granada para pedirle permiso de celebrar junto con sus compañeros de trabajo el fin de año en una fiesta en Managua.
Carlos Andrés González le dijo a doña Rosario por teléfono que a eso de las once de la noche dejó a Cinthya en Camino de Oriente para que tomara un taxi hacia Granada. Sin embargo, eso no fue lo que dijeron los otros trabajadores.
De acuerdo a testigos de la empresa, el viernes 29 por la madrugada, González llegó a dejar la camioneta al parqueo de la empresa y se le observó marcas de rasguños en su cuerpo.
Las autoridades encontraron indicios de sangre en el vehículo y en la casa del sospechoso se descubrieron varios recibos de la tarjeta de crédito de Cinthya, así como mechones de cabello.
Cinthya fue muerta a golpes a manos de Carlos Andrés González, quien aparentemente pretendió abusarla sexualmente. Fue hasta un año después del crimen atroz, que el Juez de Distrito Penal en Masaya lo sentenció en ausencia a treinta años de prisión, pero Carlos Andrés continúa prófugo.
“Lo que pido a Dios es que haga justicia contra ese asesino, estoy muerta en vida”, expresa doña Rosario.
Mañana 28 de diciembre, habrá una misa a las cinco de la tarde en la iglesia San José Obrero, en La Sabaneta, Granada. Sus familiares y vecinos la recuerdan la llama de esta dulce jovencita, que perdurará en ellos para siempre.