Nacional

“Manitas” valiosas en los cafetales

* Invaden las fincas al finalizar el período de clases y entre juegos ayudan en la faena * No se sienten explotados y más bien es para ellos una forma de aprovechar las vacaciones escolares

Todas las mañanas, muy temprano, salen de sus humildes viviendas abrigados entre suéteres de algodón. Con una pana de comida en sus mochilas y una taza de café en sus estómagos, se disponen a ayudarles a sus padres en el corte de café.
Estudiantes en su mayoría --entre los cinco y los trece años-- con muchas energías y entusiasmo, trabajan hasta no dejar ningún grano en el arbusto. Jugando y saltando, escondiéndose entre las ramas compiten a ser el mejor cortador de la temporada.
Con su canasto colgado de la cintura y cortando los granos de oro, comentan lo buenos estudiantes que son. “Todo el año escolar nos levantamos temprano para ir a clases, pero cuando venimos a la finca, nos levantamos aún más temprano”, expresó Omar Elí, de 10 años de edad, quien se encuentra en los cortes de café de la finca El Porvenir, en San Marcos.
La experiencia de Omar es similar a la de María Alejandra de nueve años, quien comenta que tienen cinco años de conocerlo, pues para la temporada del corte se encuentran en la finca. “Desde que tengo cuatro años mi mamá me trae a la finca. Me gusta ayudarle. En esta época ya hemos dejado la escuela, lo que nos permite que no perdamos clase”, dice María Alejandra.

“No es sacrificio”, dicen
Para los pequeños cortadores ayudar a los padres en los cortes no es sacrificio ni una obligación. “Así ayudamos para los estrenos navideños y las mesadas del colegio”, dicen los más “hablantines”.
En los cafetales los pequeños cortadores abundan. Los padres ingresan a los menores bajo la excusa de no tener a nadie quien los cuide en casa. En estos cafetales se maneja que por cada cortador adulto hay tres niños. En la Finca San Dionisio, en Carazo, se cuentan 600 pequeños cortadores.
Manitas valiosas
Aunque a veces los adultos minimizan la labor de los menores, la realidad es que contribuyen considerablemente a la economía familiar. “Mi niña realiza de tres a cinco medios por día, y cada uno vale cinco córdobas”, expresó la mamá de María Alejandra, quien se encuentra muy orgullosa de que su hija sea una buena trabajadora.
“Las familias se benefician por los niños. Ya que entre más niños trae, más rápido termina la tarea y vuelve a iniciar la punta”, dijo Sebastiana Cenis, quien se queja de tener sólo dos niños en el corte, pues los dos mayores “son haraganes”.
Los niños son ocupados, por sus padres, para facilitar la repela. Los más pequeños tienen la facilidad de meterse entre los arbustos y garantizar que no quede ningún grano en la parte de abajo sin cortar.
Igualmente, paras las fincas cafetaleras no significa nada la mano de obra de los niños. “Los niños vienen al corte, pero es para que los padres estén pendientes de ellos y trabajen mejor, pues sabiendo que los niños están con ellos se dedican más a la producción”, expresan los capataces de las fincas.
Niños sin vigilancias
Los niños, como no se miran como los adultos, no son tan vigilados por los responsables de los cortes de las fincas. “Los padres son los responsables de ellos, así que nosotros no nos preocupamos. Ellos están conscientes de algunos peligros a los que se exponen”, dijo Omar Serrano, uno de los responsables de corte.
Los peligros a los que se refiere Serrano, es que en muchos casos -–a pesar de las limpiezas de las fincas-- no dejan de salir culebras, uno de los riesgos principales en el corte. Asimismo, las niñas -–según los propios cortadores-- encuentran a temprana edad quien les coloque un “dominguito siete”.
Por eso, los padre tienen que tener cuidado -–más con las niñas--, ya que estás están sobreexpuestas a la población masculina. Según algunas experiencias de los cafetaleros, “las niñas de 13 años vienen al corte y cuando las vemos el próximo año, ya vienen con un chimpayate”, señala una cortadora.
Sin embargo, algunos padres se muestran confiados. “Claro que estamos atentos”, agrega una madre. Don Roberto Velásquez, jefe de producción de la hacienda San Dionisio, dice que no es un trabajo para los niños, es una colaboración. “A veces juegan más que lo que trabajan”, señala. “Algo es cierto, sólo admitimos a los niños en período de vacaciones, porque también nos interesa que vayan a clases”, finalizó Guillermo Vargas, jefe recursos financiero de la misma finca.